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lunes, 8 de enero de 2018

FERNANDO VII, DESEADO Y FELÓN (7)

Pero la amnistía, al fin, no era más que otro clavo ardiendo de los que constantemente hizo uso Fernando VII para mantenerse en el trono; falto de apoyos populares, manifiestamente volcados con el pretendiente carlista, la corte y el gobierno eran perfectamente conscientes que

La amnistía representaba algo más que un generoso perdón a los emigrados, era una constatación de la debilidad de los defensores de Isabel II, y un reconocimiento de su incapacidad de hacer frente al carlismo sin el apoyo de los liberales. (Bullón 2002:4)

La verdad es que la actividad de Zea fue realmente exitosa.
…un político como él, que nunca despertó pasiones ni de uno ni de otro lado, realizo con eficacia y corrección la misión que él mismo se había propuesto: realizar la transición a la Regencia y que esta estuviera establecida sobre las mismas bases institucionales que la monarquía de Fernando VII” (Rújula 2008: 171), y en menos de un año presentó un panorama bien distinto al existente durante los sucesos de la Granja. Lo señala el embajador francés en el mes de Octubre, de este modo: “El infante y las dos princesas, que eran el alma de todas las combinaciones formadas en su favor, han abandonado España. Sus partidarios han sido alejados de todos los empleos, muchos se han exiliado o están prisioneros. El ministerio está compuesto de hombres contrarios sin duda a las innovaciones liberales, pero cuyos antecedentes y sus circunstancias recientes les colocaron en la imposibilidad de transigir con don Carlos, quien, después de diez años, tiene en ellos unos enemigos personales. El gobierno de las provincias está casi por completo confiado a militares no menos pronunciados en su oposición al infante, y cuyas tendencias son generalmente más liberales que las de los ministros. El ejército, que en ninguna época se ha mostrado partidario de las opiniones carlistas, está más alejado que nunca después de las depuraciones del año último. (Rújula 2008: 169)

Por su parte, Fernando VII, el 31 de diciembre de 1832 justificaría así su actuación en los “Sucesos de La Granja”:
Sorprendido mi Real animo, en los momentos de agonía, a que me condujo la grave enfermedad, de que me ha salvado prodigiosamente la Divina Misericordía firmé un decreto derogando la Pragmática sanción de veinte y nueve de marzo de mil ochocientos treinta, decretada por mi Augusto Padre a petición de las Cortes de mil setecientos ochenta y nueve para restablecer la sucesión regular de la corona de España. La turbación y congoja de un estado, en que por instantes se me iba acabando la vida, indicarían sobradamente la indeliberación de aquel acto si no la manifestasen su naturaleza y sus efectos.
Ni como Rey pudiera Yo destruir las leyes fundamentales del Reino, cuyo restablecimiento había publicado, ni como Padre pudiera con voluntad libre despojar de tan augustos y legítimos derechos a mi descendencia. Hombres desleales o ilusos cercaron mi lecho, y abusando de mi amor y del de mi muy cara Esposa a los Españoles, aumentaron su aflicción y la amargura de mi estado, asegurando que el Reino entero estaba contra la observancia de la Pragmática y ponderando los torrentes de sangre y de desolación universal que habría de producir si no quedase derogada. Este anuncio atroz, hecho en las circunstancias en que es más debida la verdad por las personas más obligadas a decírmela, y cuando no me era dado tiempo ni sazón de justificar su certeza, consternó mi fatigado espíritu, y absorbí lo que Me restaba de inteligencia, para no pensar en otra cosas que en la paz y conservación de mis Pueblos, haciendo en cuanto pendía de Mí este gran sacrificio como dije en el mismo decreto, a la tranquilidad de la nación española.

Pero a nadie se le ocultaba que todo era una artimaña, y esto daba pie a que Carlos María Isidro se postulase por aquello que había venido rechazando desde que el 1 de Noviembre de 1826 se hiciese público el “manifiesto de los realistas puros”.

De este modo, cuando en 1833 fueron trastocadas las leyes fundamentales de la Monarquía Hispánica y se instituyó como  Princesa de Asturias a la princesa Isabel, se produjeron movimientos tendentes a que los jefes militares con mando en plaza no se adhiriesen al nombramiento, llegando al extremo de proponer al Conde de Villemur, gobernador de Barcelona,

fusilar a Llauder, que acababa de ser nombrado capitán general, en cuanto pusiese los pies en Cataluña, y llamar a las armas a las catalanes, unirlos a las tropas de línea que tenía a su disposición y marchar sobre Madrid para libertar a Fernando VII de la camarilla que lo rodeaba y lo acaparaba. (Lichnowsky 1942: 269)
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miércoles, 8 de noviembre de 2017

FERNANDO VII, DESEADO Y FELÓN (6)

En el nuevo gabinete de Cea Bermúdez de 1832

convivían defensores de la monarquía absoluta: Zea (Estado), Monet (Guerra) y Cafranga (Gracia y Justicia); y del liberalismo moderado: Encima (Hacienda) y Ulloa (Marina). Contaban sin embargo con un rasgo común: su decidida defensa de la princesa Isabel como heredera del Trono y su oposición a don Carlos. Por ello, nada más llegar al poder, se iniciará un amplio cúmulo de medidas encaminadas a depurar la administración civil y militar de todos los sospechosos de carlismo, y a controlar al máximo los resortes del gobierno. Mientras duro la ausencia de Zea, que se encontraba fuera de España, el predominio del sector más liberal fue completo, y se adoptaron medidas que este tal vez no hubiera aprobado, y que dieron lugar a amargas quejas del ministro de Justicia. (Bullón 2002: 3)



La importancia de los acontecimientos y el conocimiento que del pensamiento general tenía el nuevo gabinete lo llevó a efectuar una rápida actuación, procediendo a marginar a todo aquel que albergase alguna simpatía por Carlos María Isidro, así,
la depuración a la que va a ser sometido el ejército desde diciembre de 1832 es sin duda la más importante que se haya efectuado sobre unos cuerpos que no habían sido vencidos en el campo de batalla, que no se habían alzado contra el gobierno, y que hasta la fecha habían servido fielmente a su Rey. (Bullón 2002: 22)

Pero si diciembre fue esencial en el desarrollo de la depuración, ésta comenzó dos meses antes. El día 28 de octubre de 1832, Espartero recibió mando en tropa: coronel del regimiento de Soria, en Barcelona, donde dedicó el tiempo a perseguir enemigos del rey. A este nombramiento seguiría un rosario de destituciones en todos los ámbitos de la vida nacional, cuyos puestos serían ocupados por personas de la confianza del liberalismo. La guerra quedaba servida.

Como contrapartida, en un extenso manifiesto fechado el 3 de diciembre de 1835, entre otros asuntos señalaba Cea Bermúdez las motivaciones de estos actos y procuraba calmar los ánimos de los disconformes señalando que:
S. M. la Reina, conservando las bases que la sabiduría del Rey nuestro señor ha sentado como reglas fijas de su gobierno , y persuadido de que los españoles fundan un doble orgullo en ser a todo trance fieles a sus soberanos y sumisos a las leyes , se declara enemiga irreconciliable de toda innovación religiosa o política que se intente suscitar en el reino, o introducir de fuera para trastornar el orden establecido, cualquiera que sea la divisa o pretexto con que el espíritu de partido pretenda cubrir sus criminales intentos. Mas no por eso debe entenderse que S. M. se negará a adoptar en los diferentes ramos de la administración pública aquellas mejoras que la sana política, la ilustración y los consejos de los hombres sabios y verdaderamente amantes a su patria indiquen como provechosas; así como, reconociendo que la perfección sólo es dada al supremo Criador , y que todo lo que sale de las manos de los hombres es incompleto; S. M., que solo se propone el acierto, no repugnará tampoco el revocar o modificar sus providencias cuando la experiencia le demuestre su insuficiencia o desventajas. (Incógnito 1844: 102)

Manifiestamente utilizaba los principios liberales que permiten el uso de la mentira. Ostensiblemente influenciado por pensadores liberales como Phillip Hughes, quien asevera que en contra de nuestros malditos oponentes todos los medios están justificados, mentiras, traición, manipulación de las leyes aunque sean contradictorias, emitía semejantes juicios hablando de “sana política”, de voluntad de respetar el orden establecido, de patria… mientras sus actuaciones, rápidas, decididas e incontestables, acababan con todo lo que con la palabra decía defender.

La primera cuestión que pusieron en marcha (prácticamente cada una de ellas era la primera), fue el decreto de amnistía, respecto a la cual, el barón de los Valles señalaría que
esta fatal medida política llamó de nuevo a España a cerca de mil doscientos liberales exaltados, a quienes el destierro no había hecho más que confirmar en sus opiniones, y que diseminados por todas las provincias, propagaron en ellas sus principios destructores. Lejos de mirar la amnistía como un acto de clemencia, la atribuyeron al temor que el Gobierno tenía a su partido; y decían en alta voz que no eran ellos los que debían ser amnistiados, sino el mismo Fernando VII, por haber violado sus juramentos destruyendo la constitución que había jurado, y haber perseguido de muerte a los que habían obedecido sus órdenes, e imitado su ejemplo. (Rújula 2008: 153)
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viernes, 8 de septiembre de 2017

FERNANDO VII, DESEADO Y FELÓN (5)


El 19 de Agosto de 1825 es ahorcado en Roa (Burgos), el Empecinado.



Tras un primer momento de dura persecución contra los oficiales liberales, que pierden los empleos, la libertad o la propia vida, viéndose obligados en gran número a emigrar buscando al otro lado de las fronteras un mal menor al que se les reservaba en su Patria, las comisiones de depuración moderarán su celo inquisitorial —salvo para ocupar puestos de especial responsabilidad, como el mando de un regimiento—, pasando a convertirse desde el bienio 1826-27 en un trámite burocrático, incómodo y restrictivo, eso sí, por el que se les exigía fidelidad a la Real Persona. (Cepeda 1981)

Fernando VII, que no tiene descendencia, queda viudo de la reina Maria Josefa Amalia el 17 de mayo de 1829, y presionado por los liberales para evitar que la corona recayera en Carlos Mª Isidro, se casa con Maria Cristina de Nápoles, su sobrina, el 11 de septiembre del mismo año. Justo a los nueve meses, el 10 de Octubre de 1830, tiene una hija: Isabel, lo que ocasiona un rifi-rafe legal en torno a la ley sálica que había instaurado por Felipe V el año 1713. Las intrigas de palacio, en esta ocasión llevadas a efecto por la cuñada del rey, Carlota (cuyo marido, el infante Francisco, era el cuarto gran maestre de la masonería española), en el lecho de muerte de Fernando VII, arrancan del moribundo la derogación de la ley sálica que vetaba la corona a don Carlos en beneficio de Isabel.

Esta derogación, conocida como la Pragmática Sanción, venía a ser, al fin, la promulgación de lo que había sido aprobado por las cortes el 31 de mayo de 1789, durante el reinado de Carlos IV. Los partidarios de D. Carlos no reconocieron el documento.

El 29 de marzo de 1830 se promulga finalmente la Pragmática Sanción, que permitirá reinar a la descendencia femenina.

Mientras, los exiliados en Francia realizaban intentonas; Valdés, Espoz y Mina y Milans del Bosch lo intentan por la frontera francesa, mientas Torrijos realiza un desembarco en La Línea; en todos los casos sin resultados. Las únicas consecuencias se plasmaron en la aplicación del terror por parte de Fernando VII. Hechos que se llevaron por delante a personas inocentes como el librero madrileño Antonio Miyar o a la granadina Mariana Pineda, que por meras sospechas o por culpas menores fue fusilada el veintiséis de mayo de 1831.

El 10 de octubre de 1830 nace Isabel, la hija de Fernando VII.

Estas circunstancias se produce lo que ha pasado a la historia como “Los Sucesos de la Granja”. El 16 de septiembre de 1832, encontrándose ya cercano el fin del reinado de Fernando VII, que en estos momentos se encontraba gravemente enfermo, fue convencido para derogar la “Pragmática Sanción”, pero al recuperarse, la reina, apoyada por los liberales y reformistas, defenderá los derechos de su hija, con lo que el 1 de octubre Fernando destituyó a los ministros "carlistas" y el 31 de diciembre anuló el decreto derogatorio.
En el mismo acto era destituido Calomarde (que acabó huyendo a Francia), sustituido por Cea Bermúdez, quien, procedió a purgar todos los estamentos del estado, y en concreto el ejército de elementos partidarios de Carlos, procediendo a emitir un decreto de amnistía que permitía el regreso de los exiliados liberales.

En estas circunstancias, Carlos María Isidro, el hermano de Fernando VII, marchó al exilio.
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sábado, 8 de julio de 2017

FERNANDO VII, DESEADO Y FELÓN (4)

El 1 de Octubre de 1823 Fernando VII tenía nuevamente el poder absoluto, con el que ordenó un decreto por el que anulaba todos los actos del gobierno generados desde el 7 de marzo de 1820.
En esa marcha “curiosa” del conocido como “deseado” y como “felón”, da comienzo la conocida como “década ominosa”.



El ejército de los cien mil hijos de San Luis permaneció en España, y por su mantenimiento, según denuncia el Manifiesto de los Realistas Puros, recibía
el gobierno francés ocho millones de reales todos los meses para que nos haga el favor humillante de la continuación de sus tropas. A este efecto se han creado contribuciones extraordinarias sobre diferentes ramos de la industria pública, las cuales, después de cubrir el expresado tributo, producen muchos sobrantes que, a costa de nuestra pobreza general, el rey y sus favoritos han debido destinar, con la mayor imprudencia, hacia otros propósitos.

Las represiones sobre los responsables del trienio liberal se verían mitigadas el 24 de mayo de 1824 con el decreto de indulto del que quedaban excluidos los autores de las rebeliones de Cabezas, de la isla de León, de la Coruña, Zaragoza, Oviedo, Barcelona y Ocaña, así como otros que quedaban relacionados especialmente.
Pero las maquinaciones siguieron en la península; se pergeñó una conspiración que pretendía, mediando una convocatoria real, un cambio total de régimen tras secuestrar a los principales jefes militares con el objetivo de deportarlos a Filipinas, extremo que no llegó a cumplirse, supuestamente, porque la información trascendió. (Suárez 1948: 90)
En ese sentido, en Tarifa se produjo un levantamiento el mes de agosto a favor de la constitución que fue cortado con el fusilamiento de su promotor, Pedro González Valdés y treinta seguidores, y en Aragón se produjo un levantamiento a favor del infante don Carlos, que fue sofocado. En la represión de estos levantamientos tuvo especial significación el conde d’Astorg, militar francés.
Carlos Marx asevera que el 24 de septiembre de 1824 fueron fusiladas, ahorcadas o descuartizadas mil doscientas personas. (Marx)

Ante estos acontecimientos, señala Carlos Marx que Federico el Grande, conversando con su ministro de guerra, le preguntó que país europeo le parecía más difícil de arruinar. Al ver que el ministro titubeaba, respondió por él: “Ese país es España, puesto que el gobierno español hace ya muchos años que se empeña en arruinarlo y no lo puede conseguir.

Sigue señalando Carlos Marx que
Era un rasgo peculiar de España el que todo campesino que tenía un escudo de piedra sobre la puerta de su mísera cabaña se consideraba hidalgo y que, en consecuencia, la población rural, aunque pobre y expoliada, no solía sentir la honda humillación que exasperaba a los campesinos del resto de la Europa feudal. (Marx 1854: 163)

A pesar de la amnistía, la conflictividad, así como la marginación o asesinato de los elementos desadeptos a Fernando VII estaban a la orden del día. Así, y como consecuencia de un levantamiento ultra realista fracasado, fueron fusilados en 1825 el mariscal de campo Jorge Bessieres (de extraña historia personal, ex masón y en estos momentos ultra realista), el coronel Francisco Baños, los comandantes Valerio Gómez y Antonio Peranton y otros. Los documentos que poseían fueron quemados por el conde de España.
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lunes, 8 de mayo de 2017

FERNANDO VII, DESEADO Y FELÓN (3)

El 4 de mayo de 1814, Fernando VII declaró nula la Constitución de Cádiz, así como toda la legislación elaborada por las Cortes "como si no hubieran pasado jamás tales actos y se quitasen de en medio del tiempo”.



Con estos precedentes, no es de extrañar la postura adoptada tras los hechos de Cabezas de San Juan de 1820. Este levantamiento daría pie al periodo conocido como trienio liberal, que finalizó en 1823 con la irrupción de un cuerpo expedicionario francés conocido como los Cien mil hijos de San Luis, dirigidos por el masón duque de Angulema, que venía acompañado por el general Guillerminot, Venerable de la Logia de los Filadelfos y el mariscal conde de Beurnonville, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia.

Entre 1820 y 1823, periodo en el que Fernando VII no ejercía el control sobre la vida nacional, la actividad política posibilitaba la descomposición nacional, mientras, ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, Fernando VII, como Carlos IV hizo en su momento, intentó retirarse a México para librarse de los liberales, mientras las conspiraciones palaciegas venían a representar la contrapartida de las sublevaciones liberales. Así, llegaron a contabilizarse hasta 9 conspiraciones, entre las que la más seria fue la de Urgel en 1822.

En este periodo, el masón O’Donoju fue nombrado gobernador de México, tras lo cual se puso a merced de los insurgentes, firmando con Agustín de Iturbide un convenio por el que acabó disolviendo las milicias leales a España. Así, Iturbide consigue organizar el movimiento separatista, que contó con el apoyo de los realistas, contrarios a la política liberal del gobierno y declaró la independencia el 28 de Septiembre de 1821, que fue seguida por Panamá, Guatemala, Santo Domingo, Venezuela, Perú, Ecuador…

En julio de 1822, las fuerzas fieles a Fernando VII se levantan en armas, y en un enfrentamiento con la milicia son vencidas el 7 de Julio. Grandes fueron las fiestas y la prensa liberal dedicó amplios capítulos para la explicación autocomplaciente en el que queda manifiesto el espíritu de revancha liberal. Mientras, Fernando VII huía a Sevilla.

En este maremagno, la vida política no era de otro tenor, dando lugar a que entrase en el gobierno otro masón como secretario de Guerra, Antonio Olaguer Felíu, abierto partidario de la independencia de América.

La falta de autoridad del Gobierno se tradujo en un endurecimiento de la vida política, que adquirió las connotaciones propias de un ambiente de guerra civil con posturas irreconciliables y acciones extremistas como matanzas, deportaciones y destrucciones. Finalmente, el 7 de Julio de 1822 se subleva la guardia real en Madrid en defensa de Fernando VII.

El 15 de Agosto de 1822 se produce el Manifiesto de la regencia de Urgel en apoyo de Fernando VII, y en el que se señalaba el estado de postración en que se hallaba España y el engaño al que había sido sometido el pueblo español.

En respuesta al mismo, el pueblo se organizó en guerrillas que se enfrentaron al ejército, y de ello era conocedor Fernando VII, que pidió ayuda a la Santa Alianza, que acabaría formando un ejército conocido como Los Cien Mil Hijos de San Luis que el 6 de abril de 1823 acabaría invadiendo España con apoyo de las milicias realistas y poniendo a Fernando VII como rey absoluto.
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miércoles, 8 de marzo de 2017

FERNANDO VII, DESEADO Y FELÓN (2)


Lo curioso es la trayectoria de este personaje; repasémosla:

El 4 de Marzo de 1808 entró en Madrid de la mano de Murat, lugarteniente de Napoleón, mezclándose las expresiones de júbilo con la protesta por la presencia de las tropas francesas, mientras el general Castaños, por orden de Godoy, organizaba un ejército para enfrentarse a los invasores franceses, al tiempo que el propio Godoy trataba de llevarse la familia real a América.



Los días 17 a 19 de Marzo de 1808 se produce el motín de Aranjuez. Carlos IV abdica en su hijo Fernando VII, aunque el día 21 se retractó en un manifiesto sin valor, mientras en medio de un caluroso recibimiento, entraba Fernando VII en Madrid.

El 5 de Mayo de 1808, en un acto grotesco celebrado en Bayona, abdicó Carlos IV y abdicó Fernando VII. Carlos IV escribió un comunicado al pueblo español: “He tenido a bien dar a mis vasallos la última prueba de mi paternal amor (...) Así pues por un tratado firmado y ratificado he cedido a mi aliado y caro amigo el Emperador de los franceses todos mis derechos sobre España e Indias.; habiendo pactado que la corona de las Españas e Indias ha de ser siempre independiente e íntegra y que nuestra sagrada religión ha de ser la única que ha de observarse.”

La actitud de toda la casa real borbónica ante tales hechos, por sí sola, es merecedora del desprecio de los españoles, ya que sin pérdida de tiempo, y tras la humillante nota de Carlos IV, el 12 de Mayo, Fernando VII y los infantes Don Carlos y Don Antonio expidieron una proclama al pueblo español en la que comunicaban la felonía perpetrada una semana antes, y ordenaban que se defendieran y acataran las órdenes de Napoleón.

El 11 de Diciembre de 1813 se firma el Tratado de Valençay, mediante el cual Napoleón, que se encontraba acosado, devolvía la titularidad de rey a Fernando VII, a quién sabía enemigo de los liberales, y con cuyo concurso tranquilizaba la situación militar francesa por el sur. A pesar del tratado, Fernando VII siguió en poder de Napoleón hasta marzo de 1814, y por otra parte, el tratado no tenía validez, ya que se requería la anuencia de las cortes.

El 22 de Marzo de 1814, tras el tratado de Valençay, queda restaurada la monarquía de Fernando VII, cuando entra en Madrid.

El 12 de Abril de 1814, la nobleza dirigió a Fernando VII el que fue conocido como “Manifiesto de los Persas”. Se le llama manifiesto de los persas porque el texto inicia como sigue: “Era costumbre de los antiguos persas pasar cinco días de anarquía después del fallecimiento de su rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligase a ser más fieles a su sucesor…"Ante el manifiesto, Fernando VII adoptó las formas que le eran propias, asumiendo aquellos asuntos que se denunciaban y rechazando las ideas que para resolver los problemas se proponían, con lo que se dio lugar a lo que acabaría siendo el sexenio absolutista.

No era ese el objeto del manifiesto de los persas, ya que en el mismo se proponía la aplicación de reformas administrativas y políticas. Nada tenía de reaccionario ni de absolutista, salvo a la vista de los enemigos de la tradición. También se pedía el restablecimiento de la Inquisición, que había sido suprimida por decreto de las cortes de 28 de febrero de 1813. Prácticamente éste fue el único extremo del manifiesto que tendría cumplimiento, pero de una institución que, ni remotamente, tenía parecido con el cometido para el que había sido creada.
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Fernando VII, deseado y felón (8)

Pero el espíritu del liberalismo impregnaba profundamente a quienes ostentaban el poder, por lo que no dudaron en presentarse ante el pueblo como lo que no eran, y es que, como señala Carlos Marx,
Entre los españoles, para vencer, la propia revolución hubo de presentarse como pretendiente al trono. La lucha entre los dos regímenes sociales hubo de tomar la forma de pugna de intereses dinásticos opuestos.../… Fue precisamente Fernando VII quien proporcionó al partido revolucionario y a la revolución un lema monárquico, el nombre de Isabel, en tanto que legaba a la contrarrevolución a su hermano don Carlos. (Marx 1854)

Pero había algo más… los liberales victoriosos precisaban ver reconocida su nueva situación con algo más; así, el 22 de marzo de 1833 de produce una ampliación del decreto de amnistía por el que se conceden sueldos a los que se habían exiliado, y se les habilita para ocupar los puestos a que hubiere lugar.

El mentado decreto de amnistía señala:
Artículo 2º: Los que al tiempo de su emigración llevaban 15 años de servicio, acreditados en la forma determinada para las respectivas carreras, serán reintegrados en el uso de los respectivos uniformes militares o civiles, distintivos, y fueros que entonces les corresponderían por retiro o jubilación de los empleos legítimos que hubieren obtenido, o que Yo hubiese revalidado. (Anónimo 1839: 202)

Art. 13. Son también comprendidos en el mismo Real Decreto de Amnistía los que hubiesen tomado parte en la insurrección de América, y los que después de haber permanecido en los países insurreccionados, se hallasen restituidos á su patria al publicarse dicho Real Decreto: para quienes serán aplicables, según sus respectivos casos y particulares circunstancias, las disposiciones del presente Decreto. (Anónimo 1839: 204)

Fernando VII sellaba con estos decretos, no ya su dependencia, que caso de haber sobrevivido, probablemente hubiese acabado alterándolos cuando le hubiese resultado conveniente, sino la dependencia de su sucesora.

El 20 de junio de 1833, se produce la jura de Isabel II en el Real Monasterio de San Jerónimo de Madrid. Contaba tres años de edad.

El 29 de septiembre de 1833 fallecía Fernando VII y, en nombre de Isabel II, la reina María Cristina ocupaba la regencia, en la que permanecería hasta 1840 en que es mandada al exilio por Espartero.

A partir de este momento vuelven del exilio los responsables del trienio liberal: Cea Bermúdez, Martínez de la Rosa (conocido como Rosita la pastelera)… y de inmediato, en 1834, los frailes fueron acusados de haber envenenado las aguas, lo que provocó una epidemia de cólera, y este fue el argumento para llevar a cabo una feroz persecución religiosa que se llevó por delante a toda una comunidad, excepción hecha del padre Muñoz, cuñado de la reina, a quién le es respetada la vida. Otros conventos no conocieron supervivientes; sus miembros eran asesinados a la vista de las fuerzas del orden. Los desórdenes, según escribe Martínez de la Rosa se cobraron la vida de 300 víctimas. Los desórdenes se extendieron a Zaragoza, donde un fraile renegado, Crisóstomo de Caspe, destacó por su sadismo en medio de la inmunidad y sería fusilado posteriormente por los carlistas; a Murcia; a Reus, donde quemaron todos los templos; a Barcelona, donde hacen lo mismo; a Valencia… Se crean juntas independientes en Cataluña, Valencia, Zaragoza, Andalucía… cuya primera misión es exterminar a los religiosos y crear constantes desmanes. La descomposición de lo que quedaba de España.

Desde este momento, casi sesenta gobiernos se sucederán velozmente en el poder. Pueden distinguirse distintos períodos según la tendencia política que presidiera el gobierno: período liberal (1833-36), regencia de Espartero (1840-43), transición (1843-1844) a la década moderada (1844-54), bienio progresista (1854-56), reacción moderada (1856-58), gobierno de la Unión Liberal (1858-64) y el cuatrienio final de tendencia ecléctica. El último gobierno del reinado, presidido por el ultra conservador González Bravo, representó la reacción autoritaria que desencadenó la Revolución de 1868 y la crisis final de la monarquía.
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domingo, 8 de enero de 2017

FERNANDO VII, DESEADO Y FELÓN (1)


FERNANDO VII: DESEADO Y FELÓN



Podríamos decir que la figura de Fernando VII es controvertida y no haríamos sino romper una lanza a favor de este personaje, cuyo calificativo, forzosamente, debe ser muy otro.



Los pormenores de su reinado ya los hemos  tratados en “Los Procesos Secesionistas de América”, por lo que aquí nos limitaremos a señalar aquellos aspectos que resultan más llamativos y contradictorios.

En 1812, las cortes de Cádiz promulgaron una Constitución, la conocida como “la Pepa” por haber sido sancionada el 19 de marzo.

Habiendo fallecido su primera esposa, Maria Antonia de Nápoles, el año 1806 sin haber dejado descendencia, en 1816, casó en segundas nupcias con su sobrina Isabel de Braganza, que falleció en 1818 habiéndole dado una hija que también falleció con pocos meses. En 1819 volvería a contraer matrimonio con Maria Josefa Amalia de Sajonia, que fallecería en 1818 sin haber dejado descendencia. En su cuarto matrimonio, con su sobrina Maria Cristina de las Dos Sicilias, tendría dos hijas: la que acabaría siendo Isabel II en 1833, nacida en 1830, y Luisa Fernanda, nacida en 1832.

Si las vicisitudes familiares resultaron complicadas, justamente esas vicisitudes acabarían aportando una terrible inestabilidad nacional. Por sí mismas y por las circunstancias y talante del personaje, quien a la vista de su actuación tenía una sola preocupación: él mismo.

La situación se complicaría ostensiblemente el año 1820 cuando, un fatídico uno de enero, en Cabezas de San Juan (Sevilla) Rafael de Riego, al mando de las tropas destinadas a combatir a los separatistas americanos, y siendo partícipe como aquellos de organizaciones masónicas servidoras de los intereses británicos, se sublevó, ocasionando una cadena de nuevas sublevaciones que, además de dejar desamparado el territorio americano, sembraron la península de inestabilidad.

La situación creada por la asonada iniciada por los militares masones ocasionó que el 10 de marzo de 1820, Fernando VII diese nuevas muestras de su talante publicando un manifiesto en el que, entre otras cosa decía:
Me habéis hecho entender vuestro anhelo de que se restableciese aquella Constitución que entre el estruendo de las armas hostiles, fue promulgada en Cádiz del 1812, al propio tiempo que con asombro del mundo combatían por la libertad de la patria. He oído vuestros votos, y cual tierno padre he descendido a lo que mis hijos reputan conducente a su felicidad. He jurado esa Constitución, por la cual suspirabais, y seré siempre su mas firme apoyo. Ya he tomado las medidas oportunas para la pronta convocación de las Cortes. En ellas, reunidos a vuestros representantes, me gozaré de concurrir a la grande obra de la prosperidad nacional. (Incógnito 1844: 37)

Acabando el mismo proclamando:
Marchemos francamente, YO EL PRIMERO, POR LA SENDA CONSTITUCIONAL; y mostrando a la Europa un modelo de sabiduría, orden y perfecta moderación en una crisis que en otras naciones ha sido acompañada de lágrimas y desgracias, hagamos admirar y reverenciar el nombre español, al mismo tiempo que labramos para siglos nuestra felicidad y nuestra gloria. (Incógnito 1844: 37)
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Diciembre

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