jueves, 21 de enero de 2016

La caída del Imperio Romano (2)


LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO. SÍ, HAY QUE TENER MEMORIA (2)

Los pueblos bárbaros estaban llegando a España. Fue el año 409 cuando los vándalos irrumpieron en un territorio que ya un año antes había sido tomado por el usurpador Constantino III, que se había enfrentado a las fuerzas imperiales y había implantado en España una gran inseguridad, enfrentándose a las fuerzas el emperador Honorio. Fue Constantino quién facilitó la invasión de los Suevos, como fuerzas aliadas que, tras acabar con las fuerzas de Honorio acabaron también con las de Constantino III y ejercieron un dominio feroz.


Por su parte, tras el saco de Roma, los godos pretendían continuar su conquista del Imperio por el norte de África, pero su inexperiencia marinera les forzó a continuar por tierra sus conquistas. Comandados por Ataulfo continuaron hasta conquistar España. El reino visigodo, así, duró tres siglos.

Pero los visigodos (godos del Oeste), como los ostrogodos (godos del este), ya venían relativamente cristianizados; eran arrianos. El arrianismo, desviación propagada por Arrio que negaba la Santísima Trinidad, fue condenado en el primer concilio de Nicea, celebrado el año 325, y mantendría una lucha más intensa que menos, con el catolicismo. De especial importancia es este concilio en la Iglesia; en el mismo se proclamó el “Credo” que hoy mismo rezamos. Los visigodos permanecieron en el arrianismo hasta la celebración del tercer Concilio de Toledo, celebrado el año 589.
Si es cierto que los godos invadieron el Imperio Romano, no es menos cierto que a su vez se vieron conquistados por una cultura, la romana, que era muy superior a la por ellos aportada. Respetaron las instituciones hasta el extremo que el mismo Braulio, obispo de Zaragoza, autor del siglo VI, en la vida de San Millán de la Cogolla, hace mención de senadores y curiales de España en aquel tiempo.[1]
En este tiempo se empezaron a propagar las epidemias que caracterizaron al Bajo Imperio. Estas, de forma esporádica y brutal, elevaban las tasas de mortalidad de una población que, en épocas normales, ya las tenía muy altas (hasta del orden del 20-30 por mil, y aun más); así se conseguían eliminar los excesos de habitantes, que una natalidad sin control situaba por encima del nivel de los medios de supervivencia existentes. La población de España hacia el siglo V sería igual o ligeramente inferior a la que se había alcanzado en el siglo III… y  en el siglo V, la distinción entre población rural y urbana había perdido casi todo su contenido.[2]
Los visigodos llegaron a la Península, en un número aproximado de 200.000, aunque autores del siglo XX rebajan su número hasta los 30.000[3], procedentes de su zona de asentamiento, Galia, donde más o menos cumplían con las necesidades del Imperio, y lo hicieron con la única misión de expulsar a los intrusos vándalos que devastaban el Imperio. Realizada esta tarea, y cuando volvían a la Galia, se vieron encerrados por los francos, que les habían "cerrado el paso", por lo que el Imperio les permitió el nuevo asentamiento. Para los siete millones de hispano romanos, la situación variaba poco, ya que los derechos anteriormente detentados por las tropas romanas lo eran ahora por los visigodos. Sólo había una diferencia; los nuevos amos eran arrianos. Físicamente ocuparían Septimania, la parte sur occidental de la Galia Narbonense, si bien tendrían diversa presencia militar en la península ibérica.
Esto sucedía el año 413 (451 de la era Hispánica) con Ataulfo (Atta, padre; Hulfe, socorro), que en el saqueo de Roma, de donde parte el tesoro de los visigodos[4], y que en principio es la base de la corona, había secuestrado a Gala Placidia, hermana del emperador Honorio, con quién casó. Parece que Gala Placidia influyó decididamente en Ataulfo, quién combatió y venció a los vándalos y restableció el orden romano en sus dominios, pero su postura pro-romana, que le llevó a mantener todo el aparato del estado romano, ocasionó su asesinato y el de sus tres hijos, el año 415, por parte de Sigerico, con sentimientos anti-romanos, Pero Sigerico duró 7 días como rey, ya que fue asesinado. Había tomado forma el modo visigodo de cambiar de rey. Por su parte, Gala Placidia casaría con Constancio, general de  Honorio, de quién engendraría a Valentiniano III y sería emperatriz regente durante su minoridad


[1] Historia General de España desde los tiempos primitivos hasta la muerte de Fernando VII. Modesto Lafuente-Juan Valera
[2] El colapso económico del mundo romano. Gabriel García Voltá  http://germanicus.com.ar/Visigodos/cuarta_parte.htm
[3] La España Visigoda. Roger Collins
[4] http://redul.wikispaces.com/Visigodos+%28tema%29
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martes, 19 de enero de 2016

España bajo el Islam (6)

La verdad es que hay bastantes semejanzas entre este hecho y el destino que siglos adelante encontraría Hernán Cortés. No obstante, no tiene parangón el trato poco digno que recibió Hernán Cortés con el trato humillante que recibió Muza.

Era Sulayman un taimado que, tras haber cobrado la sanción de Muza, se planteó asesinar al hijo de éste, Abdelaziz, que Muza había dejado como gobernador de España, y que había casado con Egilona, viuda del rey Rodrigo, que llevaba una actitud alejada de la voluntad del califa.

Encargado Abdelaziz del gobierno de España, y habiendo fijado su asiento en Sevilla, dedicóse á regularizar la administración de las ciudades sometidas; nombró perceptores ó recaudadores de los impuestos, que por regla general consistían en el quinto de las rentas, si bien le rebajó hasta el diezmo á algunas poblaciones y distritos; creó un consejo ó diván, con el cual compartía la dirección de los negocios de España; estableció magistrados con el nombre de alcaides; dejó á los españoles sus jueces, sus obispos, sus sacerdotes, sus templos y sus ritos, de tal manera que los vencidos no eran tanto esclavos como tributarios de los vencedores. Indulgencia admirable, ni usada en las anteriores conquistas, ni esperada de tales conquistadores. Los que así quedaban y vivían denomináronse Moatarabea ó Mozárabes, nombre ya de antes usado en otros países por el pueblo vencedor.  

Abdelaziz ben Muza buscaba apoyo en los españoles; incluso estaba tratando con Pelayo, que a la sazón se encontraba en Sevilla en estas fechas, tal vez, para firmar un tratado similar al de Teodomiro. También se cuenta que, por inspiración de Egilona, aspiraba a la reconstrucción del reino hispánico, abrazando el cristianismo y constituyendo una nueva monarquía hispánica. Es el caso que el pueblo mozárabe, con Abdelaziz gozaba de un respeto y libertad que luego no tuvo.

Pero todo quedó en nada, porque Abdelaziz murió asesinado en Septiembre del año 717 por mandato del califa Suleiman, que acabó conociendo la deriva de aquel y las expectativas que le presentaban como nuevo rey de España, y de Egilona no se sabe más. La cabeza alcanforada la enviaron al califa de Damasco, conducida por uno de sus asesinos y “buen amigo” de Abdelaziz.

Es el caso que nuevamente se frustró la esperanza de España, y es el caso que España fue conquistada mayormente mediante pactos y no por fuerza, lo que dejó a los conquistadores sin la posibilidad de adueñarse de todas ellas, y a los españoles en posesión de las mismas. Pactos que, si en ocasiones eran motivados por una resistencia efectiva, pero no lo suficientemente fuerte, no debemos desdeñar el hecho de que los conocidos como “Hijos de Witiza”, la facción contraria a Don Rodrigo, contaba con una doble peculiaridad: la enemistad política y su adscripción religiosa al arrianismo, lo cual les hacía proclives a la asunción de los principios religiosos de los invasores.

Pactos que garantizaban el respeto de los templos y el pago de unos impuestos que, en principio, eran inferiores a los que debían pagar a la monarquía visigótica. Pactos que si tenían ese trato benevolente era, sin duda, por la primera intención musulmana de no permanecer en España. Estas medidas, indudablemente, facilitaron la permanencia de la mayoría de los españoles en sus lugares de residencia; sobre todo la opulenta y corrupta nobleza visigoda. Los impuestos, en breve, pasarían a ser del 20% de los productos (el jarach), a los que se añadía otro de carácter variable (la chizia),  que comportaba, además del pago, una humillación: El “dimmi”, o cotizante, puesto en pie, presentaba su dinero al recaudador, que permanecía sentado; Tras coger el tributo, cogía por el cuello al “dimmi” y le decía: “Od dimmi, enemigo de Alá, paga la chizia”. Los demás musulmanes presentes debían zarandear al dimmi.
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lunes, 18 de enero de 2016

Los Cátaros (3)

El desarrollo de la monarquía francesa y del reino de Aragón


La Francia meridional se encontraba dividida, en estos momentos, en diversas entidades políticas cuya vinculación vasallática resulta fluctuante: Por ejemplo, en 1135, Guillermo IV de Montpellier juraba fidelidad, nada menos, que a Alfonso VII de Castilla, mientras que Beziérs, Narbona y Carcasonne eran feudatarios de Pedro II de Aragón (1196-1213) durante el período que estamos analizando.



En 1137 Ramón Berenguer IV es nombrado Príncipe de Aragón por su boda con Petronila, hija del rey de Aragón Ramiro II. Ese mismo año accede al trono de Francia Luís VII (1137-1180).

1148 Ramón V, conde de Tolosa.

1149 Reconquista de Lérida y Fraga por el conde Ramón Berenguer IV.

En 1150, Arnau de Brescia levanta la ciudad Roma contra el papado.

1159-1181, Pontificado de Alejandro III.

1162 Alfonso el Casto II de Aragón, hijo de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, y Petronila, reina de Aragón, accede al trono.

En 1180 asciende al trono Felipe Augusto, rey de Francia (1180-1223). El rey Felipe Augusto, tampoco veía con buenos ojos, el resurgimiento cátaro, por las ansias de libertad e independencia del Languedoc, frente al centralismo de su reinado.

En 1196 Pedro II el Católico de Aragón (1196-1213) accede al trono. Los titulares del condado de Barcelona irán aglutinando diversos territorios al norte de los Pirineos, de modo que, por ejemplo, hacia 1070, Ramón Berenguer II adquiere los derechos hereditarios del condado de Carcasonne-Rases, por vía materna - Almodis de la Marche -, mientras que Ramón Berenguer III, recibirá Besalú en herencia en 1111 y al año siguiente, al casarse con Dulce de Provenza, obtendrá este condado y las tierras de Millau, Gavaldan y Carlat.

Esta política occitánica, será recogida por los reyes aragoneses cuando, a raíz del matrimonio entre Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV de Barcelona, se constituya la Corona de Aragón y ambas entidades queden vinculadas.

La posición de Pedro II era complicada; por una parte había subordinado su reinado al Papa; en 1212 acabaría ganándose el calificativo de “el católico” y siendo un héroe de las Navas de Tolosa… y por otra estaba emparentado con los nobles de Languedoc sobre los que ejercía su señorío. Por otra parte, las legaciones papales fracasaban estrepitosamente en sus campañas por reconducir la situación.

El rey de Aragón no quiere volverse contra sus vasallos. En 1206 la legación está pensando en abandonar y volver a casa. De vuelta de Roma, Diego, obispo de Osma, y Domingo de Guzmán, viceprior del anterior, se encuentran con los enviados papales en Montpelier. En su entrevista informan a los recién llegados de las dificultades que encuentran para llevar a buen término su misión. Diego y Domingo proponen una
posible solución: Consagrarse exclusivamente a la predicación con una condición inexcusable, la pobreza… Domingo se instala en Fanjeaux, donde convierte a las integrantes de una casa de "Perfectas" creando con ellas el primer convento de Dominicas.

Pero ni las actuaciones de Pedro II, ni las actuaciones tanto de los legados papales como de San Bernardo de Claraval (primer denunciante de la herejía), ni los buenos modos de Domingo de Guzmán y sus mendicantes consiguieron apagar el fuego de los pacíficos “bons homens” ni de los no tan pacíficos “crecientes”.

Sería en 1205-1206 cuando Raimundo VI, frente a las amenazadoras operaciones militares emprendidas contra él por Inocencio III, prometió bajo juramento desterrar de sus dominios a los disidentes. El monje Fulco de Marsella, anteriormente un trovador, se convirtió ahora en arzobispo de Toulouse (1205-31). Dos españoles, Diego, obispo de Osma y su compañero, Domingo de Guzmán (Santo Domingo), volviendo de Roma, visitaron a los legados papales en Montpellier.

En 1208 Nace en Montpellier, Jaime I de Aragón; (1208-1276). El mismo año se produce la excomunión de Raimundo VI, conde de Tolosa (1194-1222) y es asesinado de Pedro de Castelnau, delegado papal.

1238 Jaime I toma Valencia y lleva una política contraria a los cátaros.

1271. Muere Jaime I.

1285 Felipe IV el Hermoso, rey de Francia y de Navarra (1285-1314) (fin de los templarios)
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domingo, 17 de enero de 2016

Siguiendo con la Guerra de Sucesión


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Las políticas de ambos pretendientes, Borbón y austracista, no diferían en gran medida. Al respecto, señala Virginia León Sanz que “la dinámica institucional y la confluencia de los planteamientos doctrinales conducen a una aproximación de los presupuestos de los españoles austracistas y borbónicos. Más allá del encasillamiento en la defensa sin esperanza de un sueño ya caído, y sin pretender caer en la simplificación historiográfica de individuar una línea recta de causalidad en la explicación del fenómeno austracista, la apertura a las propuestas de reforma y modernización no se puede sustraer de la actuación de este grupo de españoles que participaron en el conflicto sucesorio.”[1]


La oposición a Felipe V no se circunscribió a Cataluña, sino que tuvo importantes representantes en la Corona de Castilla; así, el Almirante de Castilla, Juan Tomás Enríquez de Cabrera, tendría una significación esencial en el bando austracista, y con él, el duque de Sesa, el conde de Lemos, el conde de Cifuentes… y un largo etcétera que se extendía a la baja nobleza, al clero y a otros ámbitos sociales; entre ellos destaca Gaspar de Viedma, veinticuatro de Jaén, que en 1706  instigó una conjura que fue abortada.

Al mismo tiempo, y según señala Antonio Ramón Peña, la “defensa y reivindicación de España austracista como la España de las libertades se sostuvo incluso después de Almansa y era contrapuesto a la imagen de Francia como esclavizadora de España. Tenemos muchos panfletos en esta línea, como A la injusta introducción del duch de Anjou en Espanya o Doctrina vigatana. En esta última se hace un llamamiento a la libertad de toda la patria para obrar todos por el bien común de España.”[2]

Parece así que, políticamente, los bandos en disputa se diferenciaban en matices. En ese mar de banalidades se desarrollaban las intrigas. Así, las críticas y resquemores se repartían por igual entre los miembros de la corte. En estos momentos, señala Antonio Ramón Peña que las críticas a Portocarrero le llovían en todas direcciones; desde el seno de los felipistas por el trato que brindaba a los austracistas, y que animaban a la sumisión a Francia, pero también desde el seno de los austracistas. Las críticas y el descontento se manifestaban de muchas formas; entre ellas afirmando que: “nuestro gobierno es un gobierno extraño: un rey mudo, un Cardenal sordo, un presidente de Castilla que no tiene ningún poder y un embajador francés que carece de voluntad. Entonces, ¿quién gobernaba?: Luis XIV.”[3]El fin político de Portocarrero no tardó en llegar; Con la llegada de la campaña de Italia, Felipe V acabó prescindiendo de sus servicios, sustituido por los embajadores franceses, y él acabaría engrosando las filas del austracismo.

La situación política estaba empeorando por la actuación de la nueva corte; no obstante, y  según nos refiere Manuel Mas Soldevila, cronista contemporáneo, “cuando el 20 de diciembre de 1702 Felipe V regresó de Italia y entró en Barcelona fue recibido mejor que cuando llegó a la ciudad para celebrar cortes. Las autoridades, los Comunes, los grupos privilegiados y el pueblo llano salieron a recibirle, y nadie expresó contestación y todo fueron aclamaciones.”[4]

Paralelamente al apoyo recibido por parte del pueblo, Antonio Ramón Peña Izquierdo señala que en esta fechas “fue alimentando la hostilidad de las potencias –Inglaterra, Holanda, Austria- hacia Felipe V. Como respuesta mayores esfuerzos se hicieron desde la publicística catalana –y española- por invalidar los supuestos en los que las potencias pretendían dar fundamento a la guerra en 1702: principalmente la acusación de ilegitimidad del rey a la que muy pronto se añadiría el cuestionamiento del Testamento. La defensa de Felipe V fue contundente no solo entre la generalidad de los escritores catalanes sino también en los del resto de España.”[5]Parece que, por un momento, el pueblo español había puesto los intereses de la Patria por delante de los intereses políticos bastardos, y había optado por aceptar un rey, por nefasto que fuese, en la confianza de poder reconducir aquellos aspectos inaceptables.

Al respecto, Ricardo García Cárcel señala que “no faltaron testimonios de relativismo dinástico. Como decía un folleto de la época: Costó mucho en quererla (la dinastía de los Austrias). Después todos la veneraron. Luego ha entrado la de Borbón ¿pues por qué ha de ser más desgraciada que las otras?”.[6]


[1]León Sanz, Virginia. El reinado del archiduque Carlos en España: la continuidad de un programa dinástico de gobierno. Pag. 59
[2]Peña Izquierdo, Antonio Ramón. La crisis sucesoria de la monarquía española. Pag. 316
[3]Peña Izquierdo, Antonio Ramón. La crisis sucesoria de la monarquía española. Pag. 301
[4]Peña Izquierdo, Antonio Ramón. La crisis sucesoria de la monarquía española. Pag. 261
[5]Peña Izquierdo, Antonio Ramón. La crisis sucesoria de la monarquía española. Pag. 254
[6]García Cárcel, Ricardo. Dos Españas. 1705, España partida en dos. Pag. 42
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jueves, 14 de enero de 2016

La conquista británica de España (XVI)


José de San Martín fue un agente al servicio de Inglaterra Cuando los ingleses, al mando de Wellesley entraron en la Península a combatir a Napoleón, San…
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José de San Martín fue un agente al servicio de Inglaterra

Cuando los ingleses, al mando de Wellesley entraron en la Península a combatir a Napoleón, San Martín formaba parte de un batallón que actuaría codo a codo con ellos y, en ocasiones, bajo mando británico. Trabó relación; hizo contacto con británicos que habían participado en planes para atacar Suramérica, entre ellos con oficiales que habían participado en los intentos de controlar Buenos Aires. Duff, Whittingham, Pitt, Craufurd, Baird, Popham, Stuart,  Beresford…
Tras haber combatido en la Guerra de Independencia, pidió la baja del ejército español en 1811, con la excusa que debía acudir a Lima para atender asuntos de familia, cuando la verdad es que había nacido en 1778 en el Virreinato de la Plata, hijo de militar que había sido desplazado allí en 1765 y que regresaría a la península en 1784 con  toda su familia y en América no le quedaba ningún lazo familiar.
El lunes 26 de agosto de 1811, fue retirado del ejército y sin medios conocidos de vida, regresó a América, pero lo hizo vía Londres, donde estuvo cuatro meses. ¿Quién corrió con esos gastos cuando no poseía hacienda y siempre vivió apremiado económicamente?  Juan Bautista Sejean nos lo aclara: “Por intermedio del noble escocés, lord Mac Duff, y por interposición de sir Charles Stuart, agente diplomático en España, pudo obtener un pasaporte para pasar subrepticiamente a Londres, recibiendo de sus amigos cartas de recomendación y letras de cambio a su favor.”
La verdad es que finalmente fue a Líma, haciendo verdad la excusa aducida para pedir la baja del ejército español, pero en cumplimiento del plan británico para la anexión del Imperio español. “Las evidencias históricas apuntan a Gran Bretaña como promotora del viaje de San Martín al Río de la Plata…/…su envío, o la facilitación de su traslado para que intervenga en la lucha armada contra España, significó un doble ego por parte de los ingleses. Ello es así porque mientras con ese y otros manejos afectaban los intereses de los hispanos en ultramar, en Europa luchaban junto a ellos contra Francia.”
Inglaterra contaban con los medios oportunos “ajenos” a sus compromisos internacionales…“La Compañía de las Indias Orientales (East India Company), …/… tenía su propio ejército y estaba preparada para cumplir un papel protagónico en cualquier intento británico de realizar operaciones militares en Hispanoamérica.”   Y el citado Maitland había redactado un“Plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego ‘emancipar’ Perú y México”  , que en realidad era para “emancipar” Perú y Quito, según queda reflejado en el cuerpo del mismo. Ése era el último objetivo del Plan Maitland, y ése sería también el último objetivo que procuraría alcanzar San Martín.
Según Rodolfo Terragno, “a juicio de Maitland, la clave del poder español en América era la costa occidental. Como ya se vio, él sostenía que, una vez tomados los asentamientos del Río de la Plata, bastaría asegurarse el control de Perú para despojar a España, sin dificultad, de todas sus otras colonias americanas.”  Para conseguir esos objetivos precisaban de un general, y ese no era otro que José de San Martín.
El hombre que ayudó a San Martín a salir de España para ir a Londres, James Duff “había sido admitido a la masonería en la Logia St Andrew N° 52, en Banff, el 28 de enero de 1802…/… el 30 de noviembre de 1814, lo eligirían Gran Maestre Encargado de la Gran Logia de Escocia, Edimburgo, cuyo Gran Maestre era nada menos que el Príncipe Regente”.
En Londres, gracias a la influencia del hermano de aquel, Alexander Duff, que había mandado el regimiento británico que ocupó Buenos Aires en 1806, recalaría en casa de Francisco de Miranda. Miranda no vivía ya en Londres, pero mantenía la casa para otros menesteres. Para esos menesteres acudió San Martín, que ya era un hombre de confianza; al respecto, el gran maestre de la masonería, Ángel Jorge Clavero, señala que “se había iniciado masón en la Logia Integridad de Cádiz, trabajó en la Logia Caballeros Racionales Nº 3 donde alcanzó el grado de Maestro Masón el 8 de mayo de 1808, participó de la fundación de la Logia Caballeros Racionales Nº 7 de Londres y de la Logia Lautaro.”
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miércoles, 13 de enero de 2016

La revuelta comunera (II)




                

LA REVUELTA COMUNERA (II)

 
¿Qué había sucedido para que notemos esa diferencia? “A principios del Siglo XVI encontramos en Castilla un inestable equilibrio  político-social entre los tres grandes poderes: realeza, nobleza y burguesía municipal, con un trasfondo del problema campesino. En apariencia existe paz, aunque los grupos nobiliarios han ido incrementando su poder a costa del país, sus tierras y sus campesinos, a quienes explotan.”[1]Los nobles, tras el acoso sufrido por parte de los Reyes Católicos, estaban nuevamente ganando terreno.


“La situación que llevó en 1520 a la Guerra de las Comunidades, se había ido gestando en los años previos a su estallido. El siglo XV, en su segunda mitad, había supuesto una etapa de profundos cambios políticos, sociales y económicos. El equilibrio alcanzado con el reinado de los Reyes Católicos se rompe al llegar el siglo XVI. Éste comenzó con una serie de malas cosechas y epidemias, que junto a la presión tributaria y fiscal provocó el descontento entre la población, colocándose la situación al borde de la revuelta. La zona que más sufre en este contexto es la zona central, en contrapeso con la periférica, que apaciguaba sus males con los beneficios del comercio.”[2]

La inestabilidad social no la trajo Carlos I. Era una cuestión que venía larvada y que se estaba desarrollando al amparo de la crisis. Y la revuelta que recibió al nuevo rey, si bien nutrida de grandes y justas reclamaciones, estaba guiada por quienes no tenían sanas intenciones, sino que venían con ganas de revancha. Quienes iniciaron la revuelta no fueron los intereses populares, y tampoco los intereses bastardos del “lumpen”, de la escoria social que acabaría deglutiendo el movimiento comunero. Los intereses que se estaban dirimiendo eran lo que hoy identificaríamos con los intereses de las grandes corporaciones internacionales y de la banca, representados en aquel momento en lo conocido como alta nobleza.

La sublevación comunera, aparentemente, se inició con fines puros y limpios. Nadie pone en duda la mala fe de los funcionarios flamencos que actuaban  en nombre del muy joven e inexperto Carlos, y nadie pone en duda la buena fe en el profundo malestar del pueblo que veía cómo literalmente era robado, pero a poco de iniciada la revuelta, “Ni los que defendieron al rey en 1520, ni los que combatian su poder sublevando las Comunidades de Castilla obraban movidos de fines rectos. Los nobles de Toledo, Salamanca y Segovia, creian poderse valer de los menestrales armados para derrocar á sus rivales y volver a las ollas de Egipto, de que les había despojado la astuta política de D. Fernando el Católico, continuada con mas acierto y energia por el Regente Cisneros.”[3]

Y nadie dudó, tras la victoria sobre la mugre en que degeneró el movimiento, que, a pesar de lo bien posicionada que quedaba la alta nobleza (recordemos que hoy serían los grandes especuladores), la victoria de Carlos fue una liberación. Sin embargo llegó el romanticismo, y con él la revisión  histórica del Movimiento Comunero de principios del siglo XIX, que “supuso una verdadera rehabilitación de los comuneros, los cuales pasan a ser considerados mártires de la libertad, luchadores contra el despotismo, patriotas que se enfrentan a una dinastía extranjera y auténticos precursores de los liberales. Se trata de una interpretación liberal y romántica de las Comunidades motivada por el momento histórico que atraviesa España entre 1797 y 1821 con la invasión napoleónica y el absolutismo como telón de fondo, inspirada por el historiador escocés William Robertson y que se reflejaría en la oda a Juan Padilla compuesta por Quintana.[4]


[1] Cruz de Galindo, Luz María. Los comuneros: un apunte histórico.
[2] Anónimo. GUERRA DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA
[3] De la Fuente, Vicente. Historia de las Sociedades Secretas Antiguas y Modernas. Pag. 69
[4]Villanueva de Santos, Miguel Angel. Análisis de los libros de fábrica de la catedral de Segovia
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jueves, 7 de enero de 2016

La conquista británica de España (XV)

 

 Pedro Molina Mazariegos un ideólogo sin ideología propia


Uno de los ideólogos liberales que desarrolló su actividad en Centroamérica, Pedro Molina, fue designado miembro del Supremo Poder ejecutivo en 1823, donde fue presidente al comienzo y, en 1824, operaba como embajador en Colombia y en el Congreso de Panamá que convocara Simón Bolívar. Imbuido de la doctrinas roussonianas, escribió



“Yo quiero, yo soy dueño de mí dice el salvaje en sus bosques y el ciudadano en medio de la patria; mientras que el servil entre las hordas de imbéciles grita: el príncipe quiere por mí, el príncipe es dueño de la vida y de la libertad.” Y sentencia: “Ciudadano es el individuo de una nación que tiene voto en las deliberaciones públicas, o en el nombramiento de sus representantes…/… “Sociedad —dice— es la reunión de muchos hombres que han contratado servirse mutuamente, no ofenderse y defender al que sea ofendido en su persona o propiedades.”

Calcando a Rousseau afirma: “El hombre nace libre, independiente, arbitro absoluto para el ejercicio de su voluntad y para hacer todo lo que pueda según la capacidad de sus fuerzas y la de su razón o instinto; pero la primera necesidad que reconoce es la de atender a su conservación: en breve le rodean obstáculos, peligros y calamidades que le hacen advertir la triste condición de vivir aislado”.

Sigue afirmando, de acuerdo con la Ilustración francesa que “En el estado natural la libertad del hombre consiste en el ejercicio absoluto de su albedrío, y la que goza en el estado social, se halla reducida al uso de sus acciones bajo el imperio de la voluntad general que es la ley.” Parece manifiesto, conforme señala Leslie Bethel que “todo lo referente a los nuevos gobiernos llevaba el sello de la influencia del racionalismo ilustrado, y la mayoría de los gobiernos se construyeron sobre los modelos republicanos de los Estados Unidos y de la Revolución francesa.

Casi todos los líderes revolucionarios, con la excepción de los del Río de la Plata, se apresuraron a escribir constituciones, expresando así la creencia de que el Estado debía estar sujeto a una constitución escrita. Implícita o explícitamente estas constituciones se basaron en la idea del contrato social.” Con estas premisas, el porvenir de la Hispanidad, de toda la Hispanidad, incluida por supuesto España, estaba determinado por intereses ajenos que sometieron a los hombres de la Hispanidad a la servidumbre. “Resultaría bastante anacrónico suponer que algún líder de la independencia de América Latina [sic] luchó por imponer un sistema igualitario en el campo; al prometer a la tropa que se les daría algo de tierra no se pensaba en darles mucho y, además, de hecho no se les dio.”
Pero el pago que recibió el “éxito de los libertadores” quedaría expresado de forma manifiesta por John Adams, segundo presidente de los EE UU: “Las gentes de Sudamérica son las más ignorantes, las más intolerantes, las más supersticiosas de todos los católicos romanos de la Cristiandad […] Ningún católico en la Tierra mostró devoción tan abyecta para con sus sacerdotes, superstición tan ciega como ellos […] ¿Era acaso probable, era acaso posible que […] un gobierno libre […] fuese introducido y establecido entre tales gentes, sobre tan vasto continente, o en cualquier parte de él? Me parecía […] tan absurdo como […] [lo] sería establecer democracias entre las aves, las bestias y los peces.”
Pero Bolívar no pudo ver culminada su carrera. Al haberse declarado católico por motivos políticos, “no se le pudo nombrar Oficial del Ejército Británico; así lo declaró una vez William Pitt, y el mismo Miranda lo recuerda en carta del 8 de septiembre de 1791.”
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martes, 5 de enero de 2016

Algunos apuntes sobre la Inquisición (1)

                                         

A este respecto invito al curioso a que estudie la herejía albigense y la cruzada que contra ellos se llevó a cabo en el siglo XIII, sobre la que con el títulos “Los Cátaros”, y como también en este caso, he realizado un pequeño estudio para mi particular formación.


“Inquirir es lo mismo que averiguar; pero contrayendo más el concepto a nuestra materia, inquirir es el acto judicial que tiene por objeto el averiguar si alguna persona ha cometido un delito.”[1]

Con ese principio, estrictamente cultural, quiero significar que la inquisición puede ser efectuada por cualquiera, y siempre será inquisición; de hecho, todo sistema policial efectúa inquisición. Hecha esta salvedad, el presente estudio no es más que un repaso a las distintas inquisiciones habidas en el mundo, y de cuyo victimario he dado ya un pequeño apunte.

Por supuesto, haremos mención a la Inquisición papal, y a la Inquisición española, por la que haremos una profunda incursión en su filosofía y en sus métodos, procurando en primer lugar mantenerme impermeable a la literatura preexistente al objeto de poder alcanzar algo de verdad, y comparando luego esa misma literatura con lo tratado a través de normativas inquisitoriales y legislación del momento, no sólo de España, sino de toda Europa, así como de la actividad desarrollada en un mundo de conquistas por parte de España, y de colonias por parte de Europa, y por supuesto teniendo en cuenta la posición ideológica, militar y geoestratégica de cada una de las potencias en liza.

“Es necesario recordar que durante siglos existió toda una literatura anti-inquisitorial que respondía a diferentes estrategias de hostigamiento, y que esas estrategias tenían una finalidad claramente política: la erosión de la monarquía de los Habsburgo o de los Borbones.Todo aquel bagaje propagandístico se resume y condensa en la famosa Leyenda Negra que atravesó por distintas fases, desde los primeros estadios con Antonio Pérez (el secretario de Felipe II), hasta el norteamericano Henry Ch. Lea (el polemista que se enfrentó a Menéndez Pelayo), pasando por otros intermedios, como el célebre Llorente, entre otros. Pero a pesar de los pesares, la investigación callada y paciente de los especialistas ha ido separando el argumento demostrable de la soflama, el dato contrastado de la tergiversación interesada, hasta alumbrar hoy día una visión mucho más cabal y realista de lo que pasó hace quinientos años. No hace falta insistir en que no se trata a estas alturas de montar la apología de lo que otros censuraron en los tiempos pretéritos, ni de justificar actitudes difícilmente  justificables, sino de hacer un esfuerzo de entender los porqués.”[2]

“Inocencio III dicta en 1199 el documento con razón llamado «carta fundacional de la
Inquisición episcopal», la bula Vergentis in senium. En él se da el paso esencial. La herejía se tipifica como traición, como crimen laesae majestatis, un crimen de lesa majestad tanto divina como real, cuya represión, consiguientemente, obliga por igual a clérigos y a laicos.”[3]

En 1209, el papa Inocencio III recalcaba el deber del poder civil para perseguir la herejía, tras lo cual se organizó un ejército cruzado que no actuaría en Tierra Santa, sino en los propios dominios cristianos. Los cruzados tomaron Beziers, masacrando a toda la población, sin distinguir albigenses de no heréticos, y comenzaba la persecución y quema de cátaros a través de la Inquisición, creada expresamente en Verona el año 1184 precisamente con el objetivo de erradicar la herejía cátara o albigense. Por otra parte, en 1199, y basándose En una constitución de 22 de febrero de 407, recogida en el Código Teodosiano, (donde) consta la asimilación procesal del delito de herejía con el de lesa majestad”[4], la bula Vergentis in Senium equiparaba el delito de herejía al de lesa majestad, al entender que Dios es la majestad suprema. El emperador del Sacro Imperio, Federico II, desarrollaría la ley.

Si, la Inquisición fue creada en el siglo XIII  por el Papa Inocencio III para combatir la herejía de los albigenses. Su núcleo de actuación inicial fue el Languedoc, habiéndose extendido, en un principio, al reino de Aragón, donde habían emigrado importantes contingentes de cátaros.

“Su apogeo tuvo lugar durante la segunda mitad del s. XIII, pero la herejía seguía extendiéndose como mancha de aceite por Europa y, ya en el s. XV, se podían encontrar tribunales inquisitoriales en Bohemia, Polonia, Portugal, Bosnia y Alemania... Sólo los Reinos latinos de Oriente, Gran Bretaña, Castilla y Escandinavia carecían de Tribunales Inquisitoriales.”[5]

“El procedimiento inquisitorial se transforma a partir 1231 en una nueva institución que se crea en Francia para reprimir el catarismo o herejía albigense, siendo controlada inicialmente por el papa Gregorio IX, mediante la Constitución Excomunicamus et anathematizamus. Un antiguo cátaro, el dominico Roberto de Brougre está considerado como el primer inquisidor. El apogeo de esta Inquisición, que se puede denominar "medieval", tuvo lugar durante la segunda mitad del siglo XIII, aunque las últimas ejecuciones se llevaron a cabo en torno a 1321.”[6]

“A lo largo del siglo XIV existen tribunales inquisitoriales también en Polonia, Alemania, Bosnia, Bohemia y Portugal. Del mismo modo, poco a poco se multiplica la burocracia inquisitorial y se editan tratados procesales del Santo Oficio, como los de Raimundo de Peñafort (s. XIII), Bernardo Gui (s. XIV) y Nicolás Eymerich (s. XIV), en los que la Inquisición aparece como escudo y defensa de la fe cristiana. También se fueron ampliando las categorías delictivas y, además de juzgar en casos de herejías, se hizo en blasfemia, bigamia y brujería.”[7]


[1]La Inquisición Española. Ricardo Cappa.Pag 9. https://ia600301.us.archive.org/4/items/lainquisicinesp01cappgoog/
[2] La Inquisición de los Reyes Católicos. César OLIVERA SERRANO. http://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/0_447_1.pdf
[3] Notas sobre la motivación política de la Inquisición: Sus variantes en la francesa, castella y aragonesa. Ángel Alcalá Galve. http://www.dpz.es/turismo/monograficos/aragon-sefarad/VolumenI/VolI-11.pdf
[4]El secreto en la Inquisición Española. Eduardo Galván Rodriguez
[5] La Inquisición española (1478-1813). Gabriel Bernat. http://www.gabrielbernat.es/espana/inquisicion/index.html
[6] HISTORIA Y DOCUMENTACIÓN DEL SANTO OFICIO ESPAÑOL: EL PERIODO FUNDACIONAL. Dr. Juan Carlos Galende Díaz y Dra. Susana Cabezas Fontanillahttp://genocidiomorisco.blogspot.com.es/2010/02/historia-y-documentacion-del-santo.html
[7] Id. Id.

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domingo, 3 de enero de 2016

Don Quijote, algo más que una novela

Don Quijote, Cervantes, La Mancha

Cuatrocientos años disfrutando del título de mejor novela en lengua española no es, ni puede ser, suficiente para convencer al interesado por el tema, que la historia del ingenioso hidalgo es solamente una novela.

Novelado es el relato, pero no cabe duda, a cualquiera que se introduzca en su lectura, que el trasfondo de la misma guarda secretos que quieren ser revelados a quienes se sientan interesados por ellos.
Secretos que entran de lleno en la historia de España; secretos que entran de lleno en la Filosofía, con mayúscula.

Don Quijote de la Mancha es una obra literaria, eso sí, que sobrepasa ampliamente el concepto de novela, y que sobrepasa ampliamente la capacidad literaria de su autor.

No seré yo quién ponga en entredicho esta cualidad en D. Miguel de Cervantes Saavedra. Sería una osadía por mi parte; una osadía que supera, también ampliamente mis conocimientos literarios, filosóficos e históricos.

Pero, así como me considero fiel seguidor de la persona, obra y pensamiento de mi señor Don Quijote, no puedo decir, ni de lejos lo mismo sobre ninguna otra obra de Cervantes, que no solamente no ha conseguido, no ya encandilarme; no ya convertirme en seguidor fiel de ningún otro personaje del escritor, sino que no ha conseguido, tan siquiera, interesarme la trama.

Y es que el resto de la obra de Cervantes es novela; género que, personalmente, no llego a comprender. La ficción  de la novela, sea de Cervantes o de cualquier otro autor, no llega a cubrir mis expectativas sobre lo que leo.

No seré yo, como digo, quién discuta la categoría literaria, ni de Cervantes ni de ningún otro novelista, pero me permito remitir a los interesados a la lectura de don Miguel de Unamuno, en particular a su obra: Vida de Don Quijote y Sancho.

Dice don Miguel de Unamuno que si Cervantes fue capaz de escribir semejante obra fue debido a una GENIAL INSPIRACIÓN QUE JAMÁS VOLVIÓ A CONOCER Y, SI COMO PADRE ENGENDRÓ A DON QUIJOTE, ÉSTE TIENE MÁS DE SU MADRE, EL PUEBLO ESPAÑOL.

Dice más cosas Don Miguel de Unamuno respecto a Cervantes; cosas que, lamentablemente, no pudieron ser rebatidas por el autor de Don Quijote; y sin embargo, se dejó en el tintero, a mi modesto modo de ver, algo de una espectacular envergadura.

Entiende don Miguel de Unamuno, y yo con él, que la obra es de una magnitud más que digna de encomio, pero yerra, a mi modesto modo de entender, al afirmar que la misma fue obra de casualidad.

Por el contrario, yo entiendo que la obra en cuestión fue escrita con ánimo poco generoso; con ánimo de atacar la esencia de un pensamiento y de una forma de ser que, efectivamente, está reflejado en la idiosincrasia del de la Triste Figura, de don Quijote de la Mancha.

Quién es el protagonista de las inquinas de Cervantes es algo que pretendo interpretar y que iré exponiendo más adelante.

 Continuará...

Cesáreo Jarabo


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lunes, 28 de diciembre de 2015

2ª EDICIÓN DE MI NOVELA HISTÓRICA


 
"El Primero de los Insurgentes: El caudillo hispano que se alzó contra el Islam".-
¿Qué sucedía en el Al-Andalus contra el que se rebeló Omar Ben Hafsun?
 
Es muy conocido el proceso de la crisis martirial. El 18 de junio del año 850 fue decapitado en Córdoba Perfecto. En junio del 851 fue crucificado el monje Isaac. Semanas después sufrieron el martirio un soldado franco de la guardi palatina, seis monjes del monasterio de Tábanos y otros religiosos. El 24 de noviembre fueron ejecutadas las vírgenes Flora y María. Y los martirios en número creciente se sucedieron en el curso del año 852. La alarma producida por tales martirios provocó la reunión de un concilio presidido por el metropolitano de Sevilla. Pero el 16 de septiembre se produjeron nuevas ejecuciones; días más tarde, el 22 del mismo mes, moría repentinamente 'Abd A-Rahman' y los mozárabes atribuyeron a castigo divino su deceso (Claudio Sánchez Albornoz, El Reino de Asturias. Orígenes de la Nación Española )

En "El Primero de los Insurgentes: El caudillo hispano que se alzó contra el Islam" se describe el ambiente de irritación social y opresión que la dinastía oriental ejercía tanto sobre bereberes como, particularmente, sobre cristianos en todo el territorio bajo su dominio.
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domingo, 20 de diciembre de 2015

Comentarios a la Constitución Europea


COMENTARIOS A LA CONSTITUCIÓN EUROPEA
En el preámbulo al proyecto de Constitución europea afirmaban cosas tan peregrinas como que “Inspirándose en las herencias culturales, religiosas y humanistas de Europa, que alimentadas inicialmente por las civilizaciones griega y romana, marcadas por el impulso espiritual que la ha venido alentando y sigue presente en su patrimonio, y más tarde por las corrientes filosóficas de la Ilustración, han implantado en la vida de la sociedad su visión del valor primordial de la persona y de sus derechos inviolables e inalienables, así como del respeto del derecho


Lo único real de semejante afirmación es lo relativo a las corrientes filosóficas de la Ilustración, cuya realidad es tan radicalmente opuesta a la Historia de España y a la historia de la Cristiandad.

Corrientes filosóficas que, caso de no haber existido España, con su poder militar, durante los siglos XVI, XVII y XVIII, hubiese significado, sin lugar a dudas, la desaparición de razas enteras en América, así como la destrucción de los pocos valores que perviven en nuestro mundo.

El espíritu de la Ilustración, y nunca el espíritu greco-romano, y por supuesto siempre en contra del espíritu cristiano ha sido la constante en la actuación europea, como mínimo desde Trento.

Ese mismo espíritu fue el que propició el exterminio del cristiano Imperio Austro Húngaro; el mismo que produjo la Revolución Francesa y el que propició el bolchevismo, con una colaboración más que decidida por parte de la Masonería, en sus versiones francesa e inglesa, contra la cristiana Rusia en 1917.

La instauración de la monarquía borbónica en España fue otro hito en el avance de la Ilustración, del europeísmo, y el declive de lo hispánico y lo cristiano.

Finalmente, el siglo XX y lo que va del siglo XXI no es sino el siglo del fortalecimiento e instauración, a nivel mundial, del liberalismo, de la Ilustración, del europeísmo, y un permanente debilitamiento de lo Hispánico, Romano, Cristiano y Humanista.

También afirman “que la Europa ahora reunida va a seguir por esta senda de civilización, progreso y prosperidad en bien de todos sus habitantes, incluidos los más frágiles y desfavorecidos”. Pero habría que determinar lo que entienden por civilización (no precisamente la civilización cristiana), sino una “civilización” donde los más bajos vicios se manifiestan como derechos inalienables, y donde los valores humanos, desde el mismo derecho a la vida, que ya en el derecho romano se le reconocía al nasciturus, son entendidos arbitrariamente y transmitidos, no a los sujetos de derecho, sino a quienes debieran tener la obligación de preservarlos.
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miércoles, 16 de diciembre de 2015

La conquista británica de España (XIV)

Tras el Congreso de Viena, un buen número de revolucionarios europeos decide impulsar la revolución liberal en América



Lo que a doscientos años de distancia y a la vista de los resultados parece evidente es que, “en 1817 en el congreso de Viena para la Reconstrucción de Europa tras las Guerras Napoleónicas, EEUU e Inglaterra…/… deciden repartirse América entre ellos: de Panamá al norte para EEUU, para el Sur, Inglaterra. Amenazaron a todos los gobiernos de Europa, (Francia, Austria-Hungría, Prusia, Saboya, Nápoles, Rusia), recién salidos y exhaustos tras 20 años de guerra, con financiar revoluciones republicanas y liberales” Miguel J. de Puigdorfila, lo marca en su obra “¿Por qué es mentira que las Américas eran una colonia?

Gran Bretaña, sí tenía y tiene muy claros sus objetivos, y se esmera con que, sutilmente, quede reflejada su impronta; así, el liberalismo y la dependencia europea, muy especialmente inglesa, quedó plasmado desde los símbolos nacionales hasta las proclamas de los políticos.
“Los símbolos nacionales, de la autoridad del estado y de la ilustración republicana, remedaron al neoclasicismo occidental, con gorros frigios, triángulos y pirámides masones, el uso sistemático de la diosa griega Themis con su balanza, espada y ojos vendados como alegoría de la justicia, el fascio de los lictores romanos (en la mayoría de los escudos nacionales y militares), y un abanico de unicornios, cuernos de la abundancia, querceas coronas romanas hechas de hojas de roble bien europeo.”
Pero la cuestión no se limitaba a lo simbólico, pues como deja señalado Rosendo Bolívar Meza, “a cambio del apoyo de Inglaterra en favor de la causa de los independentistas, Bolívar ofreció entregar al gobierno británico las provincias de Panamá y Nicaragua, para que formara de estos países el centro del comercio del universo por medio de la apertura de canales que, “rompiendo los diques de uno y otro mar, acerque las distancias más remotas y haga permanente el imperio de la Inglaterra sobre el comercio.”

Y para no crear agravios comparativos que alterasen los ánimos de la oligarquía criolla, se procedió a la redacción de la “Ley sobre la repartición de bienes nacionales entre los militares de todas clases de la República de Venezuela. Simón Bolívar, Jefe Supremo de la República de Venezuela, … Considerando que el primer deber del gobierno es recompensar los servicios de los virtuosos defensores de la República, que sacrificando generosamente sus vidas y propiedades por la libertad y felicidad de la patria …

Dada … en el Cuartel General de Santo Tomás de la Nueva Guayana, a 10 de octubre de 1817. (Firmada) Bolívar, J. G. Pérez, Secretario.”

La riqueza quedaba repartida, como buen botín entre británicos y criollos… pero la mejor parte se la llevaron los británicos, que siempre buscaron más… Así, en 1826 se celebró en Panamá un congreso convocado por Bolívar. En el mismo, Bolívar rendía América en bandeja a la Gran Bretaña.

Planteó varios extremos que culminaban con que “la Gran Bretaña alcanzaría, sin duda, ventajas considerables por este arreglo cuyos aspectos esenciales quedan resumidos en los siguientes puntos:
  1. Su influencia en Europa aumentaría progresivamente.
  2. La América le serviría como de un opulento dominio de comercio.
  3. Sería para la América el centro de sus relaciones entre el Asia y la Europa.
    4. Los ingleses se considerarían iguales a los ciudadanos de América.
    5. Las relaciones mútuas entre los dos países lograrían con el tiempo ser unas mismas.
    6. El carácter británico y sus costumbres las tomarían los americanos por los objetos normales de su existencia futura.
    7. En la marcha de los siglos, podrá encontrarse, quizá una sola nación cubriendo al universo: la federal.”
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Enero perpetuo

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