jueves, 16 de julio de 2015

Anotaciones para un estudio del priscilianismo


ANOTACIONES PARA UN ESTUDIO DEL PRISCILIANISMO
Cesáreo Jarabo Jordán

ÍNDICE:
El Código Teodosiano. Un apunte para entender la historia…….Pag. 1
Sobre el origen del priscilianismo………………………………..Pag. 5
La doctrina priscilianista………………………………………….Pag. 6
El conflicto priscilianista…………………………………………Pag. 19

1 EL CÓDIGO TEODOSIANO. UN APUNTE PARA ENTENDER LA HISTORIA


A principios del siglo IV, Constantino I había terminado con la clandestinidad de los
cristianos, otorgándoles ciertos privilegios y permitiéndoles la construcción de grandes
templos. En 313, a través del Edicto de Milán, el emperador había decretado la libertad
de culto para los cristianos, así como para cualquier otra confesión, suponiendo ello el
fin del paganismo como religión oficial del Imperio.
El día 27 de febrero del año 380, el emperador Teodosio I promulgaba desde
Tesalónica un edicto de fe dirigido a la población de Constantinopla, pero que, en el
fondo, apuntaba a todos los súbditos del imperio. Comenzaba con las palabras
siguientes:
«Todos los pueblos (Cunctos populos) a los que rige la medida de nuestra
mansedumbre deben perseverar, según nuestra voluntad, en la religión que el divino
apóstol Pedro transmitió a los romanos, como sostiene hasta hoy la religión
anunciada por él. Como todos saben, siguen esa religión el pontífice Dámaso y Pedro,
obispo de Alejandría, un hombre de apostólica santidad. Significa esto que, de
acuerdo con el orden apostólico y con la doctrina evangélica, creemos en la única
divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en igual majestad e interna Trinidad.
Ordenamos que cuantos siguen esta ley conserven el nombre de cristianos católicos,
pero los demás, a los que juzgamos como locos e insensatos, cargan sobre sí la
infamia de la doctrina herética, y sus conventículos no conservarán el nombre de
Iglesias. Deben ser demandados primero por el juicio divino, pero, posteriormente,
también mediante el castigo de la manifestación de nuestra voluntad, que recibimos
mediante el poder del cielo». Este edicto de Teodosio prescribía la fe nicena como ley.
Toda actuación contra su santidad sería castigada como sacrilegio.1
El edicto de religión del año 380 elevaba el cristianismo al rango de religión del Estado.
Lo que había comenzado en tiempos del emperador Constantino con el
reconocimiento como religio licita y fue experimentando una creciente simbiosis
de Iglesia y Estado era sancionado, con validez universal, por el acto jurídico de

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Teodosio. Igual que los cultos paganos, el cristianismo pasaba a desempeñar, aunque
con ciertas reservas, el papel de religión sustentadora del Estado.2
Como consecuencia, el delito maniqueo y de magia no sólo era entendido como una
cuestión de la conciencia religiosa («reservada al juicio divino»), sino perseguible por
los tribunales de la autoridad civil.
Este hecho sería de importancia capital en el conflicto priscilianista, contrariamente a lo acontecido con
el arrianismo, que fue condenado en el Concilio de Nicea de 325 pero no contó con una
pragmática imperial. A partir de este momento, la herejía es entendida como un
elemento de distorsión social que entraba en el ámbito de los intereses del estado.
Esta nueva situación haría que el estado participase en la cuestión priscilianista, ya que
toda la tradición antipriscilianista es unánime en acusar a Prisciliano de mezclar
prácticas paganas con elementos cristianos. A Prisciliano se le acusó de todas las
herejías habidas y por haber, pero son dos, sobre todo, las que convirtieron su ejecución
en Tréveris, el 385, en el primer caso de la caza a los brujos o de la futura Inquisición si
se quiere: mago-brujo o maniqueo.3
Tras el concilio de Toledo, Prisciliano y sus seguidores viajaron con la esperanza de
conseguir que el Papa y el Emperador refutaran las graves acusaciones de que habían
sido objeto. En Burdeos quisieron entrevistarse con el obispo Delphinus, pero éste,
alineado con Hidacio y con Itacio, no les recibió. Durante el trayecto hicieron prosélitos,
como, por ejemplo, Eucrocia y Prócula, mujer e hija respectivamente del retórico
Delfidio, considerado por los amigos del esoterismo un druida.4
Itacio acusó nuevamente ante el emperador Máximo a Prisciliano y sus seguidores.
Máximo ordenó que fuesen llevados a Burdeos, donde en el año 384 se celebró un
concilio compuesto principalmente por obispos de Aquitania para juzgarlos. Hidacio e
Itacio eran los acusadores ante el Concilio y Prisciliano e Instancio los acusados. Entre
los presentes se encontraba san Martín de Tours. La condena fue que a Itacio se le
despojara del obispado, y también contra Prisciliano y el resto de los líderes del
movimiento. Pero Prisciliano no consintió en ser jugado por los obispos y apeló al
emperador, y los acusados fueron conducidos a Tréveris. 5
De este concilio, que como se puede ver es nuestra principal fuente para el
conocimiento de la vida de Prisciliano, dice Sulpicio Severo: "En mi opinión, me
desagradan tanto los reos como los acusadores y al menos a Itacio lo defino como quien
no tuvo peso alguno ni nada de santo; pues era osado, parlanchín, desvergonzado,
suntuoso, demasiado proclive al vientre y a la gula. Hasta tal punto había llegado su
estulticia que llegó a acusar como compinches o discípulos de Prisciliano a todo santo

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varón cuyo afán consistiera en la lectura o cuyo propósito fuera ayunar. El desgraciado
se atrevió incluso por aquel tiempo a echar públicamente en cara la difamación de
herejía al obispo Martín, un hombre plenamente comparable a los apóstoles. Pues
Martín, establecido por aquel tiempo en Tréveris, no dejaba de increpar a Itacio para
que retirase la acusación y de rogar a Máximo que se abstuviera de la sangre de unos
infelices".
El proceso se mantuvo en suspenso mientras Martín de Tours, contrario a la
intervención civil en asuntos eclesiásticos, estuvo en Tréveris, incluso parece que
obtuvo buenas promesas de Máximo. Pero los obispos Magno y Rufo, cuyas sedes se
ignora, convencieron al emperador para llevar adelante el proceso. La causa la puso
Maximo en manos del prefecto Evodio, hombre "violento y severo", según Sulpicio. En
el proceso se halló a Prisciliano convicto de los siguientes cargos: magia, doctrinas
obscenas, conciliábulos nocturnos con mujeres y de orar desnudo. Vista la causa, el
emperador Máximo decretó que Prisciliano y sus amigos fueran condenados a muerte.
La lista de los ejecutados, según Sulpicio Severo, es la siguiente: Prisciliano, jefe de la
secta; Felicísimo y Armenio; clérigos; Latroniano (del que Jerónimo en su De viris
illustribus dice que era un varón erudito y comparable en la poesía con los antiguos) y
Eucrocia.6 Corría el año 385.
Sabemos que después de su ejecución, los cuerpos de Prisciliano y sus seguidores
fueron traídos por sus fieles a Hispania, tal vez a Galicia, dado el fervor priscilianista
que continuó durante dos siglos más. Las insinuaciones de Mons. Duchesne, luego
repetidas por otros estudiosos, Hauschild entre ellos, han dado cierta base para suponer
que los restos venerados desde el siglo IX del apóstol Santiago, en Compostela, no son
otros que los de Prisciliano y sus compañeros, únicos personajes de cuyo culto hay
constancia en Galicia hasta el siglo VII. 7
Es probable que Prisciliano fuese enterrado en la iglesia de Sinfosio, en Galecia8
Los primeros indicios de existencia de cristianismo en Galicia son se mediados del siglo
IV, y aparecen exclusivamente relacionados con Astorga y León.9
Sulpicio Severo nos describe esta situación: "Por lo demás, al morir Prisciliano, no sólo
no se reprimió la herejía que irrumpiera bajo sus auspicios, sino que se afirmó y
propagó más. Pues sus seguidores, que antes lo habían honrado como santo,
comenzaron a venerarlo como mártir. Ahora bien, entre nosotros se había encendido una
continua guerra de discordias que, agitada ya durante quince años con desagradables
dimensiones, no había manera de sofocar. Y ahora, cuando especialmente gracias a las
discordias entre los obispos todo se veía perturbado y confundido y depravado todo por


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su mediación, a causa del odio, el favor, el miedo, la inconstancia, la envidia, el
partidismo, las pasiones, la arrogancia, el sueño y la desidia, a la postre la mayoría
rivalizaba con planes podridos y afanes contumaces contra los pocos que tenían buenas
intenciones".10
La muerte de Prisciliano y sus seguidores tuvo un efecto inesperado. El número y el
celo de los herejes aumentaron y se veneró como santos y mártires a los que habían sido
ejecutados. El progreso y difusión de la herejía requería nuevos métodos de represión.
En el año 400 se celebró un concilio en Toledo en el que muchos, entre ellos los obispos
Sinfosio y Dictinio (hijo de Sinfosio), se reconciliaron con la Iglesia junto a otros
obispos que habían sido ordenados por ellos, al tiempo que se dictó que no se venerasen
las reliquias existentes en Galicia.11 Dictinio fue el autor de "Libra" (Las Balanzas) un
tratado moral desde el punto de vista priscilianista. A mediados del siglo V se seguían
leyendo con veneración los escritos heréticos de Dictinio, que al parecer fue obispo de
Astúrica, donde recibió culto hasta el siglo XI. 12
El Primer concilio de Toledo, celebrado en tiempo de los emperadores Arcadio y
Honorio, el día 7 de septiembre, en el consulado de Estilicón, era 435 (año 397 d.C.),
con asistencia de diecinueve obispos condena el priscilianismo y señala causas de las
desavenencias:
Reunidos en la iglesia de Toledo los obispos Patruino, Marcelo, Afrodisio, Alaciano,
Jocundo, Severo, Leonas, Hilario, Olimpio, Floro, Orticio, Asturio, Lampio, Sereno,
Leporio, Eustoquio, Aureliano, Lampadio y Exuperancio de Galicia, distrito lucense,
municipio Celenis, en total diecinueve, que son los mismos que en otras actas
promulgaron la sentencia contra los seguidores de Prisciliano y los folletos heréticos
compuestos por éste. Estando sentados los presbíteros y de pie los diáconos y reunidos
los demás que asistían al concilio, el obispo Patruino dijo: Porque cada uno de nosotros
hemos empezado a obrar de distinta manera en nuestras iglesias, y de aquí se han
originado escándalos que casi rayan en verdaderos cismas, si os agrada a todos vosotros
decretemos lo que ha de hacerse por todos los obispos al ordenar a los clérigos. Mi
parecer es que debe guardarse todo lo establecido antiguamente en el concilio Niceno, y
que no debemos apartarnos de estas normas. Los obispos dijeron: Esto mismo nos
agrada a todos de tal modo que si alguno, conociendo las actas del concilio Niceno, se
atreviere a obrar de otro modo distinto del que está prescrito y creyere que no debe
atenerse a ello, sea tenido como excomulgado, a no ser que por la reprensión de sus
hermanos corrigiere su yerro.13
Dictinio había nombrado muchos obispos, especialmente asentados en pequeñas
ciudades, y fue sin duda el verdadero promotor del priscilianismo, que a su vez fue la

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primera expresión cristiana en Galicia. La coexistencia del arrianismo dentro de la
Iglesia, en Galecia, se prolongó a través de los siglos.14
Fue muy amplio el eco que obtuvo este episodio: el emperador Teodosio declaró nulas
las actas de Máximo y fueron rehabilitados los seguidores de Prisciliano.15 El Papa
censuró no sólo las acciones de Itacio sino también las del emperador. San Ambrosio
fue igualmente severo en la denuncia del caso, y algunos de los obispos galicanos, que
estaban en Tréveris bajo el liderazgo de Teognisto, rompieron la comunión con Itacio,
que luego fue depuesto de su sede por un sínodo de obispos españoles, mientras que su
amigo y cómplice, Idacio, fue obligado a dimitir.16




SOBRE EL ORIGEN DEL PRISCILIANISMO
Los agnósticos aspiraban a la ciencia perfecta, a la gnosis, y tenían por rudos e
ignorantes a los demás cristianos. Llámanse gnósticos, dice San Juan Crisóstomo,
porque pretenden saber más que los otros. Esta portentosa sabiduría no se fundaba en el
racionalismo ni en ninguna metódica labor intelectual. Los gnósticos no discuten,
afirman siempre, y su ciencia esotérica, o vedada a los profanos, la han recibido o de la
tradición apostólica o de influjos y comunicaciones, sobrenaturales. La gnosis, pues, era
un retroceso y contradecía de todo punto a la índole popular del cristianismo.17
Admitían en todo o en parte las Escrituras, pero aplicándoles con entera libertad la
exégesis, que para ellos consistía en rechazar todo libro, párrafo o capítulo que
contradijese sus imaginaciones, o en interpretar con violencia lo que no rechazaban. 18
Los gnósticos son emanatistas, y sustituyen la creación con el desarrollo eterno o
temporal de la esencia divina…Por lo que hace a la causa del mal, todos los gnósticos
son dualistas, con la diferencia de suponer unos eternos el principio del mal y el del bien
y dar otros una existencia inferior y subordinada, como dependiente de causas
temporales, a la raíz del desorden y del pecado… Varias sectas proclaman el ascetismo
y la maceración de la carne como medios de vencer la parte hylica o material y
emanciparse de ella, al paso que otras enseñaron y practicaron el principio de que,
siendo todo puro para los puros, después de llegar a la perfecta gnosis, poco importaban
los descarríos de la carne. En este sentido fueron precursores del molinosismo y de las
sectas alumbradas.19
Fundaron Marco y Agape la secta llamada de los agapetas, quienes (si hemos de
atenernos a los brevísimos y oscuros datos de los escritores eclesiásticos) se entregaban
en sus nocturnas zambras a abominables excesos, de que había dado ejemplo la misma
fundadora. Esto induciría a sospechar que los agapetas eran carpocracianos o nicolaítas,
si por otra parte no constara su afinidad con los priscilianistas. Fuera de estar

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averiguado que todas las sectas gnósticas degeneraron en sus últimos tiempos hasta
convertirse en sociedades secretas, con todos los inconvenientes y peligros anejos a
semejantes reuniones, entre ellos el de la murmuración (a veces harto justificada) de los
profanos.20
En el consulado de Ausonio y de Olybrio (año 379) comenzó a predicar doctrinas
heréticas un discípulo de Elpidio y de Agape llamado Prisciliano, natural de Galicia, de
raza hispanorromana, si hemos de juzgar por su nombre, que es latino de igual suerte
que los de Priscus y Priscilla.21
Sulpicio Severo describe a Prisciliano como «de familia noble, abundante en riquezas,
agudo, inquieto y elocuente, con amplios y variados estudios, dispuestísimo a discutir y
a dialogar, destinado a mejor suerte si no hubiese corrompido su excelente inteligencia
con depravado encono. Muchas cosas buenas había en él, tanto espirituales como
corporales, pues era capaz de permanecer en vela mucho rato, de soportar el hambre y la
sed, no ambicionaba en absoluto poseer cosas y apenas usarlas. Pero era al tiempo
vanidosísimo y en exceso orgulloso de sus conocimientos de las cosas profanas, hasta el
punto que se cree que se dedicó a la magia desde la adolescencia. Tan pronto como él se
sumó a la execrable doctrina, por su autoridad para convencer y su habilidad para el
halago, arrastró tras de sí a muchos nobles y a muchos del pueblo».22




APUNTES SOBRE LA DOCTRINA PRISCILIANISTA
Cuando Dictinio, obispo de Astorga, seguía la doctrina de Prisciliano, compuso un
tratado, que tituló Libra, por ir repartido en doce cuestiones, a la manera que la libra
romana se dividía en doce onzas. Sosteníase en aquel libro, entre otros absurdos, la
licitud de la mentira por causa de religión, según nos refiere San Agustín en el libro
Contra mendacium, que escribió para refutar esta parte del de Dictinio.23 Dice San
Agustín: esta astucia del embaucador termina por matar el alma del creyente, o, si ya la
tenía muerta, sumergirla y enterrarla en el pozo más profundo de la muerte… porque es
más pernicioso, o, por decirlo más suavemente, más peligroso que los católicos mientan
para captar a los herejes que el que mientan los herejes para ocultarse a los católicos.
Porque el que cree a los católicos, que fingen lo que no son, o se hace hereje o se
confirma en su herejía; en cambio, el que cree a los herejes, que mienten para ocultarse,
no deja de ser católico.24
Una muestra de este culto a la mentira nos ha llegado en la carta de San Agustín a
Cerecio, donde detalla las querencias priscilianistas:
I. Quiero desatar y quiero ser desatado.

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II. Quiero salvar y quiero ser salvado.
III. Quiero ser engendrado.
IV. Quiero cantar: saltad todos.
V. Quiero llorar: golpead todos vuestro pecho.
VI. Quiero adorar y quiero ser adorado.
VII. Soy lámpara para ti que me ves.
VIII. Soy puerta para ti que me golpeas.
IX. Tú que ves lo que hago, calla mis obras.
X. Con la palabra engañé a todos y no fui engañado del todo»25
Los priscilianistas se distinguían de los demás gnósticos en admitir por entero las
Sagradas Escrituras, así del Antiguo como del Nuevo Testamento. Pero introducían en
los textos osadas variantes, según advierte San León. 26
Higinio, obispo metropolitano de Córdoba fue el primer denunciante de la doctrina
priscilianista. No obstante, pronto se vio seducido por los ideales priscilianistas,
aceptando en comunión a Prisciliano y sus seguidores.27
Los teólogos Orosio, gallego y Consencio, balear, hicieron llegar a San Agustín, a
principios del siglo V los detalles de la herejía, quién escribe su alegato “Ad Orosium
contra Priscillianistas et Origenistas”, equiparándolos a los maniqueos.28
Distribuyó los doce signos del Zodíaco: el Aries para la cabeza, el Toro para la cerviz,
Géminis para los brazos, Cáncer para el pecho, etc. Ni se detuvo en esta especie de
fisiología astrológica. Esclavizó asimismo el alma a las potencias celestes, ángeles,
patriarcas, profetas..., suponiendo que a cada facultad, o (como él decía) miembro del
alma, corresponde un personaje de la ley antigua: Rubén, Judá, Leví, Benjamín, etc. 29
El hombre priscilianista era a la vez esclavo de los doce hijos de Jacob y de los doce
signos del Zodíaco, y no pedía mover pie ni mano sino dirigido y gobernado por unas y
otras potestades... ¿Y de dónde procedía esta intolerable esclavitud? Del pecado original;
pero no cometido en la tierra, sino en las regiones donde moran las inteligencias.30
De sus ritos poco o nada sabemos. Ayunaban fuera de tiempo y razón, sobre todo en los
días de júbilo para el pueblo cristiano. Juraban por el nombre de Prisciliano. Hacían
simulada y sacrílegamente las comuniones, reservando la hostia para supersticiones que
ignoramos. En punto a la jerarquía eclesiástica, llevaron hasta el extremo el principio de
igualdad revolucionaria. Ni legos ni mujeres estaban excluidos del ministerio del altar,
según Prisciliano. La consagración se hacía no con vino sino con uva y hasta con leche,


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superstición que duraba en 675, fecha del tercer concilio Bracarense, que en su canon 1
lo condena.31
En el Commonitorium de Orosio se conserva un curiosísimo fragmento de cierta
epístola de Prisciliano. Dice así: «Ésta es la primera sabiduría: reconocer en los tipos de
las almas divinas las virtudes de la naturaleza y la disposición de los cuerpos. En lo cual
parecen ligarse el cielo y la tierra, y todos los principados del siglo trabajan por vencer
las disposiciones de los santos. Ocupan los patriarcas el primer círculo, y tienen el sello
(chirographum) divino, fabricado por el consentimiento de Dios, de los ángeles y de
todos los espíritus, el cual se imprime en las almas que han de bajar a la tierra y les sirve
como de escudo en la milicia.»32
La superstición astrológica, más desarrollada en el priscilianismo que en ninguna de las
sectas hermanas, debió de ser favorecida por los restos del culto sidérico, hondamente
encarnado en los ritos célticos. El sacerdocio de la mujer no parecía novedad a los que
habían venerado a las druidesas. ¿Y esos ritos nocturnos, celebrados in latebris, en
bosques y en montañas, a que parece aludir el concilio de Zaragoza, y que eran
ignorados de los demás gnósticos?33
La religiosidad de Prisciliano, una mezcla de ascetismo rigorista, lectura de los
Apócrifos y entrega total a Cristo, arraigó primero en Galicia, donde se propuso
conseguir la dirección de las diócesis y transformar el modo de vida de los sacerdotes.
Prisciliano renunció a sus riquezas, llevó una vida pobre, de una extraordinaria
sobriedad, resistencia al hambre, a la sed y al sueño y vestía pobremente. Todo ello
debió impresionar a los habitantes en los medios rurales de Lusitania y Galicia. Se sabe
que era un hombre humilde en el trato con las gentes y con una extraordinaria habilidad
para convencer y persuadir. Debió ser un hombre de atractivo personal nada común,
como ocurrió con muchos fundadores del monacato: san Antonio, san Pacomio, san
Simeón, san Efrén, entre otros.34
Prisciliano buscaba una reforma dentro de la Iglesia y asimismo ir ocupando todas las
sedes episcopales con ascetas de plena dedicación.
Prisciliano comienza a predicar en torno al año 370 D.c. En el año 382 es elegido
obispo de Ávila y finalmente es condenado y decapitado en Treveris en el año 385,
siendo el primer hereje ajusticiado por el poder secular en nombre de la Iglesia35. Tras
estos años llenos de luchas con la Iglesia, Prisciliano consigue hacer notar fuertemente
su queja hacia la Iglesia oficial, acusándola de mantener una opulencia y riquezas
indignas del verdadero credo cristiano.36


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El movimiento llamado Priscilianismo abarca desde el concilio de Zaragoza del año 380
hasta el concilio Bracarense segundo del año 572 en el cual es condenado como
herejía.37
En 379 Hidacio de Mérida excomulgó a Prisciliano38, y en el 380 se celebra un Concilio
de Zaragoza al que asisten, entre otros obispos, Itacio de Osonoba e Hidacio de Mérida,
así como Delfín, obispo de Burdeos y un tal Fitadio, puesto que la secta había penetrado
también en las Galias. No asiste ningún priscilianista, aunque habían sido convocados,
pero se negaron a acudir y el concilio pronunció sentencia de excomunión contra los
cuatro líderes Instancio, Salviano, Helpidio y Prisciliano.39
El objeto del Concilio se resume en pocas palabras: acusar a Prisciliano y a sus
seguidores. Itacio de Osonoba fue encargado de dar a conocer la sentencia del Concilio,
que no incluyó la excomunión por orden expresa del papa Dámaso, dada la ausencia de
los acusados. Tras este acontecimiento se produjeron tumultos en la sede de Mérida
contra Hidacio y muchos clérigos se separaron de él. 40
El enfrentamiento entre los partidarios de Prisciliano y los seguidores de Hidacio
revistió las características de una revolución. La violencia de los actos hace sospechar
que el objeto en disputa era precisamente la silla episcopal de la ciudad sede del
vicariato.41
Prisciliano, que era seglar, fue ordenado por Instancio y Salviano como obispo de Avila,
cuya sede había quedado vacante. A continuación Itacio hace una acusación formal
inventando una historia falsa de los hechos y reuniendo "ciertas escrituras"
comprometedoras. Sin duda se trataba de los apócrifos. Esta denuncia la dirigió al
emperador Graciano. La respuesta de éste fue el destierro de todos los herejes no sólo de
sus iglesias y ciudades, sino de todo el territorio. 42
Hidacio remitió una gesta rerum al emperador Graciano, a quien se le pide que haga
intervenir a los jueces civiles contra los “pseudo-obispos” Instancio, Salviano y
Prisciliano. La respuesta inmediata del emperador Graciano fue desterrarles de la
provincia donde estaban. Los tres acataron, naturalmente, el mandato imperial y a
continuación se dirigieron a Roma, en compañía de algunos seguidores, para solicitar
audiencia al papa Dámaso.43
Los priscilianistas consiguieron que se revocase el edicto de Graciano, por el
cual se les había expulsado de sus iglesias (Sulp. Sev. Chron. II, 47. 6). Itacio, principal
perseguidor del movimiento, fue acusado de alterar la paz de la Iglesia, y tuvo que


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refugiarse en las Galias (Sulp. Sev. Chron. II, 49. 1-2).44 Por otra parte, la actividad de
Itacio y de Hidacio no fue bien vista por ninguna de las partes; así, Sulpicio Severo dice
de Itacio que era audaz, hablador, desvergonzado y dado a los caprichos del vientre.45
En 383 el emperador Graciano es asesinado y sustituido por Magno Máximo, que
controló las Galias e Hispania y que decidió celebrar un sínodo en Burdigala, con el
objetivo de resolver definitivamente el problema priscilianista y conseguir su
eliminación. 46
Máximo procuraba el reconocimiento de su estatuto imperial por las cortes de
Constantinopla y Milán. Se vio, pues, ante la oportunidad de poner en práctica los
principios ideológicos de la legitimación por vía religiosa y de intentar obtener la
aceptación de la Iglesia, mostrando en el asunto una radicalidad que no había
manifestado su antecesor, el asesinado Graciano, en detrimento del legítimo heredero
del príncipe asesinado, inclinado hacia el credo arriano.47
El juicio de Burdeos fue de carácter eclesiástico, y el de Tréveris, consecuencia de la
apelación de Prisciliano a la auctoritas imperial, de carácter civil y público en el que
Prisciliano y sus seguidores fueron acusados de maleficio.48
Además, Itacio sostuvo que el aprendizaje del gnosticismo lo obtuvo Prisciliano de
Marco de Menfis, discípulo directo de Manes, con el que aprendió magia y
maniqueísmo. En descargo de Itacio debe señalarse que en el Liber apologeticus, uno de
los escritos atribuidos al propio Prisciliano, éste reconoce haberse instruido con
“estudios prohibidos”.49
En el tono de los movimientos gnósticos, alentaba a los fieles a la lectura de los textos y
para él no había que poner limites a la lectura, es decir, tiene que haber una búsqueda
continua de la verdad.50
Prisciliano usará activamente la función salvífica del símbolo, considerando a éste como
un puente hacia la sabiduría; Pues por medio de las formas visibles la mente conecta
con Dios, recordemos que es consonancia con el movimiento gnóstico, este mundo es
una copia del mundo real, y aunque sea mera ilusión, no deja de ser un fiel reflejo.51


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Un rechazo de los templos o ambiente cristiano oficial unido a un fuerte carácter
misionero, llevaron al Priscilianismo a considerarse una clara muestra o prototipo de lo
que después serian los movimientos anacoretas y sistemas religiosos como el
franciscanismo.52
El arrianismo tenía gran dosis de ocultismo, hasta el extremo que sus partidarios, si bien
hablaban públicamente de la herejía, callaban cuando eran refutados por alguien. Se
basaban también en los evangelios apócrifos.53
No asumían la doctrina trinitaria; daban al demonio capacidad creadora y lo señalaban
como causante de algunos fenómenos atmosféricos.54 Además, rechazaban el
matrimonio y la ingestión de ciertas carnes.55
Para Prisciliano la negación del matrimonio forma parte de la doctrina gnóstica que
rechaza la generación por ser responsable del encerramiento sucesivo de las almas en
los cuerpos,56 y el hombre no es mas que un reflejo, a escala microcósmica del gran
drama macrocósmico del enfrentamiento entre el Bien y el Mal.57
A raíz del pacto al que llegan el Príncipe de la Luz y el Príncipe de las Tinieblas
después del apresamiento del alma por los eones, se impone como única condición que
sobre cada una de las dos partes de la naturaleza humana, alma y cuerpo, persista el
influjo directo de el mundo al que pertenezcan.58
El alma es substancia o parte de Dios mientras el Diablo nunca fue bueno y su
naturaleza no es obra de Dios sino que emergió del caos y de las tinieblas. El Diablo es
principio y substancia de todo mal. Los cuerpos humanos son creados por el Diablo. De
ahí, la condena de la procreación, del matrimonio. Los concebidos del semen camal no
pertenecen a Dios. Almas y cuerpos de los hombres están sometidos a la fatalidad de las
estrellas. Las partes del alma están bajo unas potestades y los miembros del cuerpo bajo
otras. Las cualidades de las potestades interiores las ponen en los nombres de los
Patriarcas; las de los cuerpos, en cambio, en los signos del Zodíaco, bajo cuyo influjo
están sometidos.59


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Algunos islamólogos han hablado de la influencia del priscilianismo en el pensamiento
islámico español. Particularmente, podemos encontrar esto en pensadores islámicos
fundamentales como Ibn Masarra (883-931); así lo indica el islamólogo español Miguel
Asín Palacios en su libro, Iben Masarra y su escuela.60
Últimamente no falta quién reivindique la figura de Prisciliano; así se pueden encontrar
afirmaciones como la siguiente: A pesar de haber sido condenado como hereje de
conducta licenciosa y maleficio, Prisciliano fue un asceta que quiso vivir un
cristianismo más auténtico y evangélico; pero también una figura carismática capaz de
movilizar multitudes, un “mártir apócrifo” canonizado por el pueblo, un teólogo genial
mucho tiempo descalificado como hereje y luego rehabilitado y valorado como
reformador de la Iglesia, un “profeta contra el poder”, un mito y un símbolo; mito
rompedor, innovador y, por eso, controvertido. El gran patrólogo Uxío Romero Pose no
duda en afirmar: “Prisciliano es sin duda, uno de los personajes más controvertidos –si
no el que más- de la historia religiosa y social del final del mundo antiguo”.61 Más
cierto parece la afirmación que nos señala a Prisciliano como un avanzado del
protestantismo, donde se ven reflejados aquellos extremos que le llevaron a la
excomunión.
Estudiosos actuales opinan que, lejos de significar un rechazo a la Iglesia, bien puede
significar un tímido y responsable acercamiento desde concepciones mas idolátricas o
animistas de una religión puramente sideralísta, a otra forma de pensamiento netamente
monista y antropomórfica.62
El priscilianismo no es sino el conjunto de la doctrina interpretada, y no pocas veces
transformada de un personaje que vivió dentro de la orbita romana, mas concretamente
en la Hispania romana del siglo IV. Esta persona se llamaba Prisciliano.63
Para ello se basan en el único documento que perdura como escrito directamente por
Prisciliano, el “Liber Apologeticus”, redactado como defensa ante el concilio de
Burdeos, lo que pone en entredicho la veracidad de sus sentimientos respecto a lo que
en él defiende, dado que, para el priscilianismo, como para el posterior pensamiento
protestante, la mentira no es en sí un mal, sino un posible medio para conseguir los
objetivos.
Así, en la citada obra se puede leer:
Él es quien ha sido, es y será y, contemplado por los siglos, verbo hecho carne, habitó
entre nosotros y, crucificado, fue constituido heredero de la vida31 una vez derrotada la
muerte y, resucitando al tercer día, mostró, hecho figura de lo venidero, la esperanza de
nuestra resurrección, y, ascendiendo a los cielos, construyó el camino para quienes se
dirigen hacia él, todo él en el padre y el padre en él, para que se manifieste lo que está
escrito: gloria a dios en los cielos y paz a los hombres en la tierra de la buena voluntad.
Como dice Juan: tres son las cosas que dan testimonio en la tierra: el agua, la carne y


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la sangre, y estas tres están en uno solo, y tres son las que dan testimonio en el cielo: el
padre, el verbo y el espíritu, y estas tres son uno solo en Cristo Jesús.64
Para nosotros hay un solo dios, el Padre, del que todo procede y nosotros en
él, y un solo señor, Jesucristo, por quien todo fue hecho y nosotros por él.65
Según dice el apóstol: quien niega al hijo tampoco tiene al padre, pero quien confiesa
al hijo, tiene al hijo y al padre…sea anatema quien niega que el Señor Dios nuestro
estuvo sujeto con clavos o que bebió vinagre o hiel. A propósito de todo esto, los
cismáticos o los herejes, conforme a lo que acostumbran, interpolando las Escrituras e
insertando en los textos sagrados el pensamiento de su propia depravación, mezclaron lo
falso con lo verdadero y lo mendaz con lo católico…Sea anatema quien no condene a
Manes y sus obras, sus doctrinas y sus costumbres.66
Sea anatema quien al leer grifos, águilas, asnos, elefantes, serpientes y bestias
despreciables, cautivado por la vanidad de tan errónea práctica56, invente en falso una
especie de misterio de religión divina; las obras de aquéllos y la abominación de sus
formas son naturaleza de demonios, no la verdad de la gloria divina. Éstos son,
ciertamente, aquéllos cuyo dios es su vientre y cuya gloria reside en sus vergüenzas.67
Confiesen en sus maldades que la Luna es dios quienes, embrollados con todo viento de
doctrina, deciden observar los días, las estaciones y los años y los meses. 68
Sea anatema quien niega a Cristo Jesús, Dios hijo de Dios, crucificado por nosotros. 69
El Tratado I es de defensa, responde a las acusaciones hechas por Hidacio de Mérida y
por Itacio de Ossonuba, y a la vez constituye una especie de«manifiesto general» de la
posición de Prisciliano; el Tratado II es más bien ofensivo, ataca a sus enemigos y trata
de desacreditarlos ante el papa Dámaso; el tercero es una argumentación razonada en
pro de la lectura de los apócrifos y de la libertad del cristiano, es una réplica a la actitud
de Hidacio: «Damnanda damnentur, superflua non legantur» (II: 42, 12) y «ultra nihil
quaeras! sufficit te legere quod in canone scribtum est» (III: 53, 4-5). Estos tres tratados
están dirigidos a «los defuera»: el primero podría considerarse como «libro de


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descargo», el segundo algo menos, y el tercero de ninguna forma, porque expone
explícitamente la doctrina propia sobre el uso de los apócrifos y sobre la libertad
profética del cristiano sin ambages ni reticencias.
Los demás tratados (IV-XI) están dirigidos a los miembros de la comunidad: son
catequesis, interpretaciones de lugares escriturísticos: son escritos que servían a «los de
dentro», y que no tienen intención alguna de ocultar, sino de expresar el propio
pensamiento, de enseñarlo «a los que quieren aprenderlo» {Tract. I: 7, 15). Son homilías
que los seguidores de Prisciliano guardaban como un tesoro, «era la doctrina del
maestro». Que estén escritas en un lenguaje oscuro y difícil, no quiere decir que sean
exotéricas o equívocas.70
Mas entre éstas, Itacio, formulando en nuestra presencia un nuevo precepto, un
sacrilegio horroroso, no diré condenable ya por el hecho, sino incluso por su
declaración, y no proclamado hasta ahora bajo la autoridad de ningún hereje, ha incitado
a la conveniencia de que se purifique o se consagre, mediante mágicos ensalmos, la
degustación de las primicias de los frutos, y a la obligación de consagrar un ungüento
contra la maldición al Sol y a la Luna, con quienes perecerá. Quien recitó, proclamó,
creyó, practicó, sostuvo e inoculó semejante cosa, no sólo sea anatema maranata,
sino que incluso debe ser perseguido con la espada, pues está escrito: no dejaréis vivir a
los hechiceros.71
Para nosotros, en cambio, Dios es Cristo Jesús.72
Pues bien, que para ellos Dios sea considerado machohembra, como dicen los
impíos; para nosotros, en cambio, el espíritu de Dios se encuentra tanto en los machos
como en las hembras, según está escrito: creó Dios al hombre a su imagen y semejanza,
macho y hembra; los creó y los bendijo.73
Nosotros, empero, tras haber ingresado a través del símbolo en el cuerpo de la venerable
iglesia de Dios, hemos conocido, en la ordenación de cuatro evangelios, la fe
indisoluble, empapada por una sola fuente de tres caños: creemos que no existe ningún
otro dios que no sea Cristo Dios, hijo de Dios, quien, crucificado por nosotros, mostró el
bautismo de remisión en su nombre.74


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El último párrafo del “liber apologeticus”: Y por ello, bienaventurados sacerdotes, si
pensáis que, una vez condenadas las herejías y sus enseñanzas y expuesta la afirmación
de la fe, hemos dado satisfacción tanto a Dios como a vosotros, liberadnos a nosotros,
que damos testimonio de la verdad, de la malquerencia de una maliciosa murmuración,
e informando a vuestros hermanos, reparad los daños provocados por las palabras de los
calumniadores, pues el fruto de la vida consiste en ser aprobado por aquellos que andan
en pos de la fe de la verdad, no por aquellos que, bajo el título de piadosos, persiguen
domésticas enemistades.75
No cabe duda de que el contexto en que se produce el liber apologeticus es el de un
tribunal ante el que el autor debe rendir cuentas de su fe. Estamos, por tanto, ante un
escrito de defensa o de descargo.76
Contra lo defendido por Prisciliano en Burdeos, el Primer Concilio de Braga del siglo
VI señala los principales aspectos que promulgaba Prisciliano:
«Si algunos creen que el Diablo no fue primero un ángel bueno creado por Dios y que
su naturaleza no fue obra de Dios, sino que dice que ha salido de las tinieblas y que
nadie ha sido su creador, sino que es el principio mismo y la substancia del mal, como
Manes y Prisciliano, sea anatema».
«Si alguno cree que el Diablo formó parte de las criaturas que hay en el mundo, y que el
Diablo mismo con su poder produzca los truenos, los relámpagos, las tempestades y las
sequías, como dijo Prisciliano, sea anatema».
«Si alguno cree que las almas humanas están sujetas al Signo de la Fatalidad (a las
estrellas fatales), como los paganos y Prisciliano dijeron, s. a.».
«Si alguno cree que los doce signos (del Zodíaco) o los astros, que los astrólogos suelen
observar, están distribuidos por los diversos miembros del alma o del cuerpo, y dicen
que están adscritos a los nombres de los Patriarcas, como dijo Prisciliano, s. a.»". 77
Los apologistas de hoy dicen que la «magia» de Prisciliano consistía en sustituir el
contenido de los gestos, de las «formas idólicas» de la religión o tradición paterna con
otro contenido, pasando de una religión del «temor y terror» a una religión de la libertad.
Los idólatras ibéricos cantaban y danzaban a la luna y al sol'" teniéndolos por dioses o
fuerzas superiores peligrosas para el hombre: Prisciliano continúa cantando al sol y la
luna, a los montes, ríos, bosques y árboles, porque gracias a la liberación que Cristo ha
realizado en la naturaleza, los siente amigos y expresión de la «voluntad amorosa de ese
Dios que quiso hacerse naturaleza de las cosas visibles» (Tract. XI: 104, 26) 78


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El priscilianismo negaba la «principiabilidad» o «nascibilidad» del Hijo y del Espíritu
Santo, y la afirmación de la concentración de la Trinidad entera en la persona de Cristo,
único Dios, y de su Espíritu Santo. 79
El estudio de las Escrituras fue verdaderamente prolífico entre los priscilianistas: copiar
manuscritos, impulsar la lectura, traducciones de obras antiguas, introducciones a los
Evangelios, dividir en capítulos las epístolas de S. Pablo para poderlos citar fácilmente,
síntesis de la doctrina paulina en los llamados Cánones, muchos de los Tratados son
interpretaciones del Génesis, Éxodo, Psalmos. Consumían nuevos cantos e himnos.
Algunos de los cuales han pasado a la liturgia mozárabe.80
El autor concibe una comunidad cristiana «entre iguales»: donde aparecen superadas las
diferencias que ha establecido la «conversatio mundi». La unidad e igualdad está basada
en la posesión de todos los miembros del «mismo espíritu», el de Cristo, «el espíritu
profético»"'. Este espíritu, que ha venido a habitar en todo bautizado, introduce una
igualdad fundamental en el seno de la comunidad: no hay diferencia entre hombre y
mujer la profecía de Joel, 2, 28-32 (cfr. Act. 2, 17-21) se ha realizado gracias a Cristo.
Todos los miembros tienen este espíritu y a todos les ha sido donado el «sensus
scribturae», la inteligencia de las escrituras. No se trata, por lo tanto, de un «sentido»
exclusivo de los obispos; el carisma de profecía y su llamada al servicio de la
comunidad está basado en la «libertas» Todo el Tratado III está presuponiendo esta
visión de la comunidad cristiana: todos los cristianos pueden leer la Escritura y es su
(comentario de MARA, M. G. sobre la actitud de los cristianos ante las riquezas, con
todos los testimonios del primitivo cristianismo sobre el tema de la presencia de los
ricos en la comunidad cristiana). El criterio que Prisciliano da a sus comunidades sobre
los ricos no responde precisamente a un «movimiento social», sino más bien a un
«movimiento ascético de escogidos y reformadores de la Iglesia».81
El autor niega que en el seno de la comunidad algunos se puedan arrogar la autoridad
para decir: «Lee hasta aquí, de aquí no pases» La libertad de búsqueda y análisis es
inseparable del espíritu cristiano. 82
El Espíritu es único, es el de Cristo; no hay diversidad de Espíritus ni tampoco
subordinación: no se da el Espíritu del Padre como superior al de Hijo (y por esto
propio de la Jerarquía episcopal), que a su vez sería superior al Espíritu Santo y al de
Profecía (propio de los hombres espirituales, proféticos), sino un solo y único Espíritu,
el de Cristo, que es igual para todos, que hace a todos santos y sacerdotes, y que se
manifiesta en su integridad en el espíritu profético y carismàtico. 83
La libertad que proclama Prisciliano no es sólo contra el bloqueo de Canon de las
Escrituras, en pro de la libertad de lectura y contra la censura eclesiástica. Es más


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profunda: es la libertad de búsqueda y encuentro con Dios. Libertad de tiempos y
lugares, de días festivos o del calendario eclesiástico y de los templos oficiales. Porque
«la fijación de los días, semanas, meses, estaciones, es una esclavitud bajo el tiempo y
Dios nos ha librado del vínculo del tiempo para elevamos a la eternidad». De ahí la nueva
liturgia de Prisciliano, con sus cantos y danzas, y la vuelta a los gestos elementales, como el
orar con los pies desnudos y con los gestos tradicionales del pueblo, el retiro a los montes,
bosques, montañas y ríos, es decir, la celebración del triunfo del Señor en medio y con la
naturaleza tomada amiga y Rostro de Dios.84
Aquí está la razón de la costumbre priscilianista de desertar los templos oficiales, a la
que aluden los Cánones 2 y 4 del Concilio Primero de Zaragoza del 380 y de los ataques
al calendario lunar, al cálculo de la Pascua.
Pero lo que sin duda llevó a la excomunión son las tesis priscilianistas, que según
Toribio de Astorga relató al papa León I son las siguientes: El padre, el Hijo y el
Espíritu Santo son una e idéntica persona; de Dios proceden determinadas fuerzas que
habían precedido a su esencia; El Hijo de Dios se llama Unigénito sólo porque nació de
la Virgen; No veneran el nacimiento del Señor y simulan adorarlo, porque ayunan ese
día y el domingo; el alma del hombre es sustancia divina; el Diablo nunca fue bueno y
su naturaleza no es obra de Dios, sino que surgió del caos y las tinieblas; condenan las
nupcias y aborrecen la procreación de los que nacen; la plasmación o formación de los
cuerpos humanos son fragmentos del diablo y semilla de la concepción de los demonios
en el útero de las mujeres; los hijos de la promesa nacen de las mujeres, pero dicen que
son concebidos del Espíritu Santo; las almas, plantadas o injertadas en los cuerpos,
habían existido antes sin el cuerpo en el cielo, donde habían pecado y por ese pecado
habían sido arrojadas por las potestades de aquellos lugares excelsos al mundo inferior;
almas y cuerpos de los hombres están sometidos a la fatal influencia de las estrellas; las
partes del alma están sometidas a unas potestades y los miembros del cuerpo a otras;
todo el conjunto de las escrituras canónicas ha de adscribirse a los nombres de los
patriarcas; el cuerpo humano está sometido a la potestad de los astros y de los signos del
Zodiaco.85
Estas ideas las recoge San Agustín, quién dice: Priscilianistas; son los que en España
fundó Prisciliano y siguen los dogmas entremezclados de los Gnósticos y los
Maniqueos. Aunque también han confluido en ellos con horrible confusión, como en
una cloaca, las inmundicias de otras herejías. Para ocultar sus contaminaciones y
torpezas tienen entre sus dogmas la siguiente consigna: Jura, perjura, pero no
descubras el secreto. Aseguran que las almas de la misma naturaleza y sustancia de
Dios han descendido gradualmente a través de siete cielos y de algunos principados para
llevar a cabo una lucha espontánea en la tierra e irrumpir en el príncipe maligno que ha
hecho este mundo, y ser diseminados por este príncipe a través de los diversos cuerpos
de carne. Garantizan también que los hombres están atrapados por la fatalidad de las
estrellas, y que nuestro mismo cuerpo está compuesto según los doce signos del cielo,
como esos que el pueblo llama matemáticos (horóscopos): poniendo en la cabeza a
Aries, en el cuello a Tauro, Géminis en los hombros, Cáncer en el pecho, y recorriendo
los demás signos por sus nombres, llegan a las plantas de los pies, que atribuyen a Piscis,


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que es el último signo de los astrólogos. Esta herejía ha novelado estas y otras cosas
fabulosas, vanas y sacrílegas, que es largo de contar.86
Reprueban también las carnes como alimentos inmundos, desuniendo a los cónyuges a
quienes este mal ha podido convencer, tanto a los maridos contra la voluntad de sus
mujeres como a las mujeres contra la voluntad de sus maridos. La hechura de toda carne
la atribuyen no a un Dios bueno y verdadero, sino a los ángeles malignos. En esto son
aún mucho peores que los maniqueos, porque no rechazan nada de las Escrituras
canónicas, que leen todos juntamente con los apócrifos, y los citan como autoridad; pero
luego, alegorizando a su capricho, van expurgando todo cuanto en los libros santos
destruye su error. Sobre Cristo aceptan la secta de Sabelio, diciendo que Él mismo es a
la vez no sólo el Hijo, sino también el Padre y el Espíritu Santo.87
Las doctrinas priscilianistas se basaban en el dualismo gnóstico-maniqueo, una creencia
en la existencia de dos reinos, uno de la luz y otro de la oscuridad. Decían que los
ángeles y las almas de los hombres eran arrancadas de la sustancia de la deidad. Las
almas humanas estaban destinadas a conquistar el reino de las tinieblas, pero cayeron y
fueron aprisionadas en cuerpos materiales. Así ambos reinos están representados en el
hombre, y de ahí el conflicto simbolizado por parte de la luz por los doce patriarcas,
espíritus celestiales, que corresponden a ciertos poderes humanos; y por parte de la
oscuridad, por los signos del zodíaco, símbolos de la materia y del reino inferior. La
salvación del hombre consiste en la liberación del dominio de la materia. Cuando los
doce patriarcas no pudieron liberarle, vino el Salvador en un cuerpo celeste que aparecía
como el de otros hombres y con su doctrina y su muerte aparente liberó las almas de los
hombres de la influencia de lo material.
Estas doctrinas podían armonizarse con las enseñanzas de la Escritura sólo mediante un
extraño sistema de exégesis, en el cual se rechazaba por completo el sentido literal y una
teoría igualmente extraña de la inspiración personal. Aceptaban el Antiguo Testamento,
pero rechazaban el relato de la creación. Reconocían como genuinos e inspirados
algunos escritos apócrifos. La ética del dualismo priscilianista con su pobre concepto de
la naturaleza dio origen a un indecente sistema ascético así como a algunas observancias
litúrgicas peculiares, tales como el ayuno los domingos y el día de Navidad. Puesto que
sus doctrinas eran esotéricas y exotéricas y puesto que creían que los hombres en
general eran incapaces de entender los más altos caminos, a los priscilianistas, o al
menos a los iluminados, se les permitía mentir en aras de una finalidad más santa. Fue
debido precisamente a que era probable que estas enseñanzas escandalizaran incluso a
los fieles, que Agustín escribió su famosa obra “De mendacio”. (Sobre la Mentira). 88
Desde un punto de vista doctrinal parece ser que el priscilianismo confundía las tres
personas divinas, alineándose en posiciones sabelianas. Ésta fue realmente la acusación
más grave y frecuente, tanto de los cánones conciliares de los siglos y como de los
antiguos heresiólogo. Cristológicamente el priscilianismo, lo mismo que el apolinarismo,
apreciaba la realidad divina del alma de Cristo. Más aún, parece ser que consideraba el


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alma humana como de substancia divina. En línea con esta concepción, encontró un
puesto en este movimiento una tendencia encratita, expresada en un desprecio altanero
del mundo material, en las reiteradas invitaciones al ayuno y en la abstinencia absoluta
del matrimonio y de la generación.89
Los rasgos más sobresalientes de su comportamiento son un notable radicalismo
ascético con exhortaciones al abandono de las cosas mundanas, la renuncia a la carne y
al vino, la virginidad a ultranza, la consideración de igualdad entre el hombre y la mujer
y una condena tajante al lujo y al poder secularizado de los obispos.90
Todo esto lo confirma por cierto libro, titulado Memorias de los Apóstoles, en donde
parece que el Salvador, interrogado en secreto por sus discípulos sobre el sentido de la
parábola evangélica del sembrador que salió a sembrar, no fue un buen sembrador.
Afirma que, si hubiera sido bueno, no hubiera sido negligente, no hubiera sembrado a la
vera del camino, o en tierra pedregosa o no preparada , queriendo dar a entender que
este sembrador es el que distribuye las almas cautivas en diversos cuerpos, según su
voluntad. También en ese mismo libro se dicen muchas cosas del príncipe del agua y
del príncipe del fuego, queriendo dar a entender que en este mundo muchas cosas
buenas se hacen por artificio y no por el poder de Dios. Asimismo, dice que Dios,
queriendo dar la lluvia a los hombres, mostró al príncipe del agua la luz, como si fuera
una virgen, el cual, deseando adueñarse de ella, se excitó tanto que, empapado de sudor,
él mismo se convirtió en agua y quedó privado de la misma, provocando truenos con su
estrépito. Una sola palabra decía de la Trinidad: afirmaba la unión sin existencia o
propiedad, y enseñaba, suprimida la partícula et, que el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo eran un solo Cristo.91



EL CONFLICTO PRISCILIANISTA
La primera noticia documental de la existencia de priscilianistas es una carta del año
378 ó 379 en la que Higinio, obispo de Córdoba, denuncia la propagación de este
movimiento a Idacio, obispo de Mérida. De esta denuncia se desprende que el
movimiento religioso fue descubierto durante el período de su expansión por la
provincia de Lusitania. A esta provincia debían pertenecer también los obispos Instancio
y Salviano, protectores y seguidores de Prisciliano.92
El caldo de cultivo en el que se gesta el enfrentamiento entre los de Hidacio y los de
Prisciliano lo conforman, probablemente, las divisiones surgidas en el seno de la
Iglesia en Hispania como consecuencia del credo, cercano al filoarrianismo, formulado
en el concilio de Rímini-Seleucia (finales del 359).93


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El grupo rigorista reunido alrededor de los obispos Instancio y Salviano, y del
seglar Prisciliano, pertenecería, según la opinión de Escribano, a tenaces sectores
antiarrianos de la población, que no estarían dispuestos a permitir que los obispos lapsi
permanecieran en sus sedes. Por otro lado, los obispos adversarios, Hidacio de Mérida e
Itacio de Ossonuba, serían cercanos a los prelados que habían sostenido posturas
tendentes al arrianismo durante la reciente controversia.94
Fue necesario, para atajar los progresos de la nueva doctrina, reunir (año 380) un
concilio en Zaragoza. A él asistieron dos obispos de Aquitania y diez españoles, entre
ellos Idacio, que firma en último lugar. Excomulgados fueron por este sínodo los
prelados Instancio y Salviano y los laicos Helpidio y Prisciliano.95
Los ocho cánones en Zaragoza promulgados el 4 de octubre de dicho año, únicos que
hoy conocemos, más se refieren a la parte externa de la herejía que a sus fundamentos
dogmáticos. El primero veda a las mujeres la predicación y enseñanza, de igual modo
que el asistir a lecciones, prédicas y conventículos virorum alienorum. El segundo
prohíbe ayunar, por persuasión o superstición, en domingo, ni faltar de la iglesia en los
días de Cuaresma, ni celebrar oscuros ritos en las cavernas y en los montes.
Anatematizóse en el tercero al que reciba en la iglesia y no consuma el cuerpo
eucarístico. Nadie se ausentará de la iglesia (dice el cuarto) desde el 16 de las calendas
de enero (17 de diciembre) hasta el día de la Epifanía, ni estará oculto en su casa, ni irá
a la aldea, ni subirá a los montes, ni andará descalzo... so pena de excomunión. Nadie se
arrogará el título de doctor, fuera de aquellas personas a quienes está concedido. Las
vírgenes no se velarán antes de los cuarenta años.96
Firman las actas Fitadio, Delfino, Eutiquio, Ampelio, Augencio, Lucio, Itacio,
Splendonio, Valerio. Symposio, Carterio e Idacio. 97
El emperador Graciano, a la sazón reinante, dio un rescripto (en 381) que intimaba el
destierro extra omnes terras a los herejes españoles.98
Prisciliano, Instancia y Salviano viajaron a Italia al objeto de anular el rescripto. En
Burdeos reclutó a Eucrocia y a su hija Prócula, que arrastraron a un escuadrón de
mujeres que acompañó a Prisciliano (turpis pudibundusque comitatus, dice Sulpicio)
hasta Roma, donde el papa San Dámaso se negó a recibirlo, como también se negó San
Ambrosio, obispo de Milán.99


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Pero tuvieron éxito en el campo civil, ya que Macedonio, magister officiorum, obtuvo
del emperador nuevo rescripto, a tenor del cual debía ser anulado el primero y
restituidos los priscilianistas a sus iglesias, dando comienzo a una persecución
anticatólica.100
Itacio interpuso apelación ante el prefecto Gregorio de la Galia, pero Graciano revocó la
orden y apoyó a Prisciliano.101
Por esas fechas Clemente Máximo acabó con la vida de Graciano y fue coronado
emperador. El tirano español entró victorioso en Tréveris, y su compatriota Teodosio,
que estaba lejos y no podía acudir a la herencia de Graciano, tuvo que tratar con él y
cederle las Galias, España y Britania para evitar mayores males. Corría el año de 384,
consulado de Ricimero y Clearco.102
Itacio envió a Máximo un escrito contra Prisciliano y sus secuaces, lleno de mala
voluntad y de recriminaciones, según dice con su habitual dureza Sulpicio Severo.
Bastaba con la enumeración de los errores gravísimos anticatólicos y antisociales de
aquella secta gnóstica para que Máximo se determinara al castigo; pero más prudente
que Itacio, remitió la decisión al sínodo de Burdeos, ante el cual fueron conducidos
Instancio y Prisciliano. Respondió el primero en causa propia, y fue condenado y
depuesto por los Padres del concilio, a quienes no parecieron suficientes sus disculpas.
Hasta aquí se había procedido canónicamente; pero, temeroso Prisciliano de igual
sentencia, prefirió apelar al emperador, a cuyos ministros esperaba comprar como a los
de Graciano; y los obispos franceses, con la inconstancia propia de su nación (dícelo
Sulpicio, que era galo), consintieron en que pasase una causa eclesiástica al tribunal del
príncipe, a quien sólo competía en último caso la ejecución de los decretos
conciliares.103
Las acusaciones que Prisciliano recogió de los «libella» de Hidacio de Mérida e Itacio
de Ossonuba aparecen también confirmadas tanto por el Commonitorium de Orosio,
como por las cartas de Toribio de Astorga y posteriormente por los cánones del concilio
de Braga. En todos estos casos junto con las herejías propiamente cristianas aparecen las
de prácticas paganas, demonolatria que es lo mismo y magia.104
Las acusaciones de Orosio se centraban en lo siguiente: Prisciliano, más miserable que
los maniqueos, en cuanto que también confirmó su herejía con el Antiguo Testamento,
enseñando que las almas, nacidas de Dios, existen en una especie de receptáculo, donde,
instruidas por los ángeles, prometen ante Dios combatir. Descendiendo luego por ciertos
círculos, son aprisionadas por los principados malignos y, según la voluntad del
príncipe vencedor, son encerradas en diversos cuerpos y obligadas a suscribir un
contrato de vasallaje. Así, sostenía que tenía que prevalecer la astronomía, pues


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aseguraba que Cristo rompió ese autógrafo, clavándolo en la cruz por su pasión, como el
mismo Prisciliano dice en una carta: "Esta primera sabiduría consiste en entender en los
tipos de las almas las naturalezas de las virtudes divinas y la disposición del cuerpo, en
la cual parece que el cielo y la tierra están atados, y todos los principados del siglo
parecen encadenados, pero la victoria es alcanzada por las disposiciones de los santos.
Porque el primer círculo de Dios y el autógrafo divino de las almas que han de ser
enviadas a la carne lo tienen los Patriarcas; ese contrato ha sido hecho con el
consentimiento de los ángeles, y de Dios, y de todas las almas, que poseen la obra
contra la milicia formal, etc.". También sostuvo que los nombres de los Patriarcas son
los miembros del alma: Rubén en la cabeza, Judá en el pecho, Leví en el corazón,
Benjamín en los muslos, y así por el estilo. Por el contrario, en los miembros del cuerpo
están distribuidas las señales del cielo, a saber: aries en la cabeza, taurus en la cerviz,
géminis en los brazos, cáncer en el pecho, etc., queriendo dar a entender que las
tinieblas eternas y el príncipe del mundo proceden de estos elementos.105
En vano protestó San Martín de Tours contra la deriva que tomaba el asunto, y exhortó
a Itacio a que desistiese de la acusación, y rogó a Máximo que no derramase la sangre
de los priscilianistas. Mientras él estuvo en Tréveris, pudo impedirlo y aun obtener del
emperador formal promesa en contrario, pero, apenas había pasado de las puertas de la
ciudad, los obispos Magno y Rufo redoblaron sus instancias con Máximo, y éste
nombró juez de la causa al prefecto Evodio, varón implacable y severo. Prisciliano fue
convicto de crímenes comunes, cuales eran el maleficio, los conciliábulos obscenos y
nocturnas reuniones de mujeres, el orar desnudo y otros excesos de la misma laya,
semejantes a los de los carpocracianos y adamitas. Remitió Evodio las actas del proceso
a Máximo; abrió éste nuevo juicio, en que apareció como acusador, en vez de Itacio,
Patricio, oficial del fisco, y a la postre fueron condenados a muerte y decapitados
Prisciliano, los dos clérigos Felicísimo y Armenio, neófitos del priscilianismo; Asarino
y el diácono Aurelio, Latroniano y Eucrocia.106 Corría el año 385.
Trajeron a España los restos de Prisciliano y demás heresiarcas degollados en Tréveris y
comenzaron a darles culto como a mártires y santos.No se interrumpieron los nocturnos
conciliábulos, pero hízose inviolable juramento de no revelar nunca lo que en ellos
pasaba, aun a trueque de la mentira y del perjurio que muchos doctores de la secta, entre
ellos Dictinio, declaraban lícitos. Iura, periura, secretum prodere noli, era su máxima.
Los demás obispos de España excomulgaron a los prevaricadores, y siguióse un breve
período de anarquía, en que a la Iglesia sustituyeron las iglesias, dándose el caso de
haber dos y aun más prelados para una sola diócesis y hasta de crearse obispos para
sedes que no existían. El principal fautor de estas alteraciones era Sinfosio.107
El priscilianismo se extiende en Galecia tras la muerte de Prisciliano, siendo su
principal inductor Dictinio y su padre Sinfosio.108


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En el concilio I de Toledo los priscilianistas abjuraron en masa y se reintegraron a la fe
católica, haciendo expresa referencia a la normativa de Nicea.
Cuatro partes claramente distintas encierra el primer concilio Toledano, tal como ha
llegado a nosotros: los Cánones disciplinares, la Assertio fidei contra priscillianistas, las
fórmulas de abjuración pronunciadas por Sinfosio, Dictinio, etc., y la sentencia
definitiva, que los admite al gremio de la Iglesia. La autenticidad y enlace de todos estos
documentos fue invenciblemente demostrada por el doctísimo P. Flórez.109
El concilio de Toledo redactó un acto de fe que entroncaba con el credo proclamado en
Nicea, y profundizaba en los aspectos de fe, que debieron considerar no lo
suficientemente explícitos en el credo niceno, al tiempo que lanza un conjunto de
anatemas; dice así: «Creemos en un solo y verdadero Dios omnipotente, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, Hacedor de todas las cosas visibles e invisibles, del cielo y de la tierra.
Creemos que hay un solo Dios, y una Trinidad de la sustancia divina; que el Padre no es
el Hijo; que el Hijo no es el Padre, pero el Hijo de Dios es de la naturaleza del Padre;
que el Espíritu Santo, el Paráclito, no es el Hijo ni el Padre, pero procede del Padre y del
Hijo. Es, pues, no engendrado el Padre, engendrado el Hijo, no engendrado el Espíritu
Santo, pero procedente del Padre y del Hijo. El Padre es aquél cuya voz se oyó en los
cielos: Éste es mi hijo amado, en quien tengo todas mis complacencias: oídle a Él. El
Hijo es aquél que decía: Yo procedí del Padre y vine de Dios a este mundo. El Paráclito
es el Espíritu Santo, de quien habló el Hijo: Si yo no tornare al Padre, no vendrá el
Espíritu. Afirmamos esta Trinidad distinta en personas, una en sustancia, indivisible y
sin diferencia en virtud, poder y majestad.
Fuera de ésta, no admitimos otra naturaleza divina, ni de ángel ni de espíritu, ni de
ninguna virtud o fuerza que digan ser Dios. Creemos que el Hijo de Dios, Dios nacido
del Padre antes de todo principio, santificó las entrañas de la Virgen María, y de ella
tomó, sin obra de varón, verdadero cuerpo, no imaginario ni fantástico, sino sólido y
verdadero. Creemos que dos naturalezas, es a saber, la divina y la humana, concurrieron
en una sola persona. que fue Nuestro Señor Jesucristo, el cual tuvo hambre y sed, y
dolor y llanto, y sufrió todas las molestias corporales, hasta que fue crucificado por los
judíos y sepultado, y resucitó al tercero día. Y conversó después con sus discípulos, y
cuarenta días después de la resurrección subió a los cielos. A este Hijo del hombre le
llamamos también Hijo de Dios, e Hijo de Dios y del hombre juntamente. Creemos en
la futura resurrección de la carne, y decimos que el alma del hombre no es de la
sustancia divina ni emanada de Dios Padre, sino hechura de Dios creada por su libre
voluntad. Si alguno dijere o creyere que el mundo no fue creado por Dios omnipotente,
sea anatema. Si alguno dijere o creyere que el Padre es el Hijo o el Espíritu Santo, sea
anatema. Si alguno dijere o creyere que el Hijo es el Padre o el Espíritu Santo, sea
anatema. Si alguno dijere o creyere que el Espíritu Santo es el Padre o el Hijo, sea
anatema. Si alguno dijere o creyere que el Hijo de Dios tomó solamente carne y no alma
humana, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que Cristo no pudo nacer, sea anatema.
Si alguno dijere o creyere que la divinidad de Cristo fue convertible y pasible, sea
anatema. Si alguno dijere o creyere que es uno el Dios de la Ley Antigua y otro el del
Evangelio, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que este mundo fue hecho por otro

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Dios que aquél de quien está escrito: En el principio creó Dios el cielo y la tierra, sea
anatema. Si alguno dijere o creyere que los cuerpos humanos no resucitarán después de
la muerte, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que el alma humana es una parte de
Dios o de la sustancia de Dios, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que han de
recibirse y venerarse otras Escrituras fuera de las que tiene y venera la Iglesia católica,
sea anatema. Si alguno dijere que la divinidad y la humanidad forman una sola
naturaleza en Cristo, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que fuera de la Trinidad
puede extenderse la esencia divina, sea anatema. Si alguno da crédito a la astrología o a
la ciencia de los caldeos, sea anatema. Si alguno dijere o creyere que es execrable el
matrimonio celebrado conforme a la ley divina, sea anatema. Si alguno dijere o creyere
que las carnes de las aves y de los pescados que nos han sido concedidos para alimento
son execrables, sea anatema. Si alguno sigue en estos errores a Prisciliano y, después de
haber sido bautizado, cree algo contra la Sede de San Pedro, sea anatema.» 110
Por su parte, en este mismo concilio, en su retractación de los errores que habían
posibilitado el auge del priscilianismo, Dictinio proclamó: « Oídme, venerables
sacerdotes, corregid todas las cosas, pues os ha sido concedido el poder de enmendar,
pues está escrito: «A vosotros se os dieron las llaves del reino de los cielos», pero os
ruego que estas llaves nos abran las puertas de este reino y no las del infierno; si os
dignáis oírme presentaré todo delante de vuestra vista. Me acuso, pues, de haber dicho
ser una sola la naturaleza de Dios y del hombre.» Además dijo: «Yo no sólo pido
vuestra corrección, sino que arguyo y condeno todas las osadías de mis escritos.
Igualmente dijo: «Dios es testigo que así pensé; si me equivoqué, corregidme.» Además
dijo: «Poco antes os declaré y ahora os repito que cuanto escribí en mi primera época y
en los principios de mi vida clerical, lo repruebo ahora de todo corazón.» Además dijo:
«Excepto el nombre de Dios todo lo anatematizo», y por fin dijo: «Condeno todo lo que
se halla contrario a la fe, lo mismo que a su autor.» 111
Y Sinfosio incidió sobre lo mismo: « Según lo que acaba de ser leído poco ha en no sé
qué pergamino, en el cual se decía que el Hijo de Dios no podía nacer, declaro que
condeno esta doctrina lo mismo que al autor que la escribió.» También dijo: «Yo
condeno, lo mismo que a su autor, a la secta malvada que acaba de ser leída.» Además
dijo: «Dadme el escrito, lo condenaré con sus mismas palabras.» Y habiendo recibido el
pergamino leyó lo que estaba allí escrito: condeno, juntamente con su autor todos los
libros heréticos y en especial la doctrina de Prisciliano, según acaba de ser expuesta,
donde se afirma que escribió que el Hijo de Dios no puede nacer. Y el presbítero
Comasio leyó del pergamino: «Siguiendo todos nosotros la fe católica nicena, y
habiendo sido leída la escritura que el presbítero Donato presentó según se lee y en
donde Prisciliano dijo que el Hijo era inascible, consta que tal proposición es contraria a
la fe nicena y por lo tanto condeno a Prisciliano, autor de este dicho junto con la
perversidad de la misma doctrina, y con los libros que escribió, en unión del mismo
autor.112 Y todos los priscilianistas abjuraron del error. En cambio, Herenas, Donato,
Acurio, Emilio y varios presbíteros rehusaron someterse, y repitieron en alta voz que
Prisciliano había sido católico y mártir, perseguido por los obispos itacianos. El concilio
excomulgó y depuso a los rebeldes, convictos de herejía y de perjurio por el testimonio


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de tres obispos y muchos presbíteros y diáconos.113 Pero la paz no llegó, porque un
número importante de obispos no admitieron el perdón de los expriscilianistas, y se dio
una nueva herejía: la de los luciferianos.
El año 408 Honorio dictó un rescripto según el cual todo priscilianista convicto era
condenado a perdimiento de bienes (que debían pasar a sus herederos, siempre que no
hubiesen incurrido en el mismo crimen) e inhabilitado para recibir herencias y
donaciones, así como para celebrar contratos o testar. El siervo que delatase a su señor
quedaba libre; el que le siguiese en sus errores sería aplicado al fisco. El administrador
que lo consintiese era condenado a trabajos perpetuos en las minas. Los prefectos y
demás oficiales públicos que anduviesen remisos en la persecución de la herejía
pagarían multas de 20 o de 10 libras de oro.114
En el Concilio de Toledo, del 400, ya no aparece ninguna acusación de practicar los
cultos y tradiciones paganas ni de magia o demonolatria (aunque los cánones XV y
XVII condenan la astrología), como tampoco había aparecido en los concilios de
Zaragoza y de Burdeos, y el obispo Toribio de Astorga que escribe 40 años después de
la muerte de Prisciliano, en una carta al obispo Ceponio, confiesa que después de
recorrer las regiones donde dominan los priscilianistas y sus comunidades «no ha
encontrado los errores que normalmente se les atribuyen».115
A mediados del siglo V, Beato Toribio de Liébana (no confundir con Beato de Liébana,
del siglo VIII), obispo de Astorga, combatió el priscilianismo; parece que se llevó a
cabo un concilio, pero la situación política y militar de Hispania con enfrentamientos
entre Suevos y Visigodos no ha permitido que nos lleguen documentos. Sin embargo a
través del tercer concilio Bracarense del año 675 nos llega algo del concilio propiciado
por el beato: «Si alguno niega que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas,
de una sola sustancia, virtud y potestad, y sólo reconoce una persona, como dijeron
Sabelio y Prisciliano, sea anatema. Si alguno introduce otras personas divinas fuera de
las de la Santísima Trinidad, como dijeron los gnósticos y Prisciliano, sea anatema. Si
alguno dice que el Hijo de Dios y Señor nuestro no existía antes de nacer de la Virgen,
conforme aseveraron Paulo de Samosata, Fotino y Prisciliano, sea anatema. Si alguien
deja de celebrar el nacimiento de Cristo según la carne, o lo hace simuladamente
ayunando en aquel día y en domingo, por no creer que Cristo tuvo verdadera naturaleza
humana, como dijeron Cerdón, Marción, Maniqueo y Prisciliano, sea anatema. Si
alguien cree que las almas humanas o los ángeles son de la sustancia divina, como
dijeron Maniqueo y Prisciliano, sea anatema. Si alguien dice con Prisciliano que las
almas humanas pecaron en la morada celeste, y que por esto fueron encerradas en los
cuerpos, sea anatema. Si alguien dice que el diablo no fue primero ángel bueno creado
por Dios, y que su naturaleza no es obra de Dios, sino que ha salido de las tinieblas y es
eterno principio del mal, según afirman los maniqueos y Prisciliano, sea anatema. Si
alguien cree que el diablo hizo algunas criaturas inmundas, y que él produce el trueno,
el rayo, las tempestades y la sequedad, como dijo Prisciliano, sea anatema. Si alguno
cree, con los paganos y Prisciliano, que las almas humanas están sujetas fatalmente a las


26


estrellas, sea anatema. Si alguno afirma, al modo de Prisciliano, que los doce signos del
Zodíaco influyen en las diversas partes del cuerpo y están señalados con nombres de los
patriarcas, sea anatema. Si alguien condena el matrimonio y la procreación, sea anatema.
Si alguno dice que el cuerpo humano es fábrica del demonio y que la concepción en el
útero materno es símbolo de las obras diabólicas, por lo cual no cree en la resurrección
de la carne, sea anatema. Si alguien dice que la creación de toda carne no es obra de
Dios, sino de los ángeles malos, sea anatema. Si alguno, por juzgar inmundas las carnes
que Dios concedió para alimento del hombre, y no por mortificarse, se abstiene de ella,
sea anatema. Si algún clérigo o monje vive en compañía de mujeres que no sean su
madre, hermana o próxima parienta, como hacen los priscilianistas, sea anatema. Si
alguno en la feria quinta de Pascua, que se llama Cena del Señor, a la hora legítima
después de la nona, no celebra en ayunas la misa en la iglesia, sino que (según la secta
de Prisciliano) celebra esta festividad después de la hora de tercia con misa de difuntos
y quebrando el ayuno, sea anatema. Si alguno lee, sigue o defiende los libros que
Prisciliano alteró según su error, o los tratados que Dictinio compuso antes de
convertirse, bajo los nombres de patriarcas, profetas y apóstoles, sea anatema.» 116
A mediados del siglo V, el priscilianismo no es una doctrina unificada, sino un comodín
para mencionar cualquier desviación de la ortodoxia. En 447 el Papa León exhorta al
obispo Toribio a un concilio para combatir el priscilianismo, presente en algunos
obispos, que se basaban en los evangelios apócrifos…117
Pero todavía a mediados del siglo VI, el año 531, en el II Concilio de Toledo, el obispo
de Palencia es requerido para que erradique de su diócesis los últimos rescoldos de la
“perniciosa secta priscilianista”, y aún en el concilio I de Braga, del año 561 se pone de
relieve que la secta sigue aún viva en Galicia, si bien once años más tarde, en el II
Concilio de Braga, se da por extinto el movimiento priscilianista.118
Itacio (por sobrenombre Claro) procedió con encarnizamiento, pasión y animosidades
personales, indignas de un obispo, en la persecución contra los priscilianistas, por lo
cual fue excomulgado en 389 (según el Chronicon de San Próspero), depuesto de su
silla, no sabemos por qué concilio, y desterrado durante el imperio de Teodosio el
Grande y Valentiniano II, conforme testifican Sulpicio Severo y San Isidoro. Por su
parte, Idacio renunció al obispado, lo mismo que Rufo. Los tres fueron
excomulgados.119
De la redacción de los códices, escritos tras el concilio de Zaragoza, dice Menéndez
Pelayo: “La latinidad de Prisciliano tiene singulares caracteres y llega a un grado de


27


barbarie que parece inverosímil en los siglos IV y V. 120 Afirmación que choca con la de
Sulpicio Severo, quién escribe en su crónica que Prisciliano pertenecía a una familia
aristocrática, muy rica, lo que le había permitido alcanzar un alto nivel cultural.
Efectivamente, en la propia obra escrita que conservamos de Prisciliano, sus Tratados y
Cánones, se observa un estilo erudito y cultivado. También la mayoría de sus seguidores
era gente culta.121
Pero no señala de dónde era natural, siendo que desarrolló su actividad en la Bética y en
el sur de Lusitania. Quién sí era galaico era el obispo Sinfosio, simpatizante de
Prisciliano.122
En estos códices, Prisciliano se defiende de las acusaciones de forma ortodoxa, y
descalifica a las sectas más significativas. También relata aspectos mitológicos y habla
de la adoración del demonio, explayándose en citar a Saclam (Satán), Nebroel, Samael,
Belzebuth, Nasbodeo (Asmodeo), Belial, y Abaddon.123
En el segundo tratado, el Liber ad Damasum Episcopum, contradiciendo su jactancia
por el conocimiento, dice que a los arrianos, patripasianos, ofitas, novacianos y
maniqueos sólo los conocía por el rumor del vulgo, ni siquiera para impugnarlos, puesto
que aun la controversia con ellos le parecía pecado. Bien parece ligar esta afirmación
con el culto a la mentira, del que también era acusado.
El tercer tratado, Liber de fide et apocryphis, es una defensa de los evangelios apócrifos,
donde cuidadosamente recoge el obispo de Ávila las menciones de libros que hay
esparcidas por el texto de la Biblia, mostrando en esto una erudita curiosidad y ciertos
vislumbres de espíritu crítico que sorprenden en época tan remota. Todo esto prueba que
la literatura hebraica era mucho más rica de lo que superficialmente pudiera creerse, y
comprendía muchos más libros que los de la Biblia, y no es poco mérito de Prisciliano
el haber reparado en esto; pero no prueba de ningún modo lo que él pretende; es a saber,
que todos esos libros, ni siquiera los que llevaban nombres de profetas, hubiesen sido
compuestos por especial inspiración divina…lo que Prisciliano reivindica no es sólo el
libre uso y lectura de los apócrifos en la Iglesia, sino la omnímoda libertad de su
pensamiento teológico, lo que él llama la libertad cristiana, torciendo a su propósito
palabras de San Pablo.124
El priscilianismo se extendió por toda Hispania, pero el núcleo principal, con gran
cantidad de obispos, estaba en Galecia. Los obispos del resto de Hispania eran poco


28


severos con la herejía, y había sectores manifiestamente abiertos a contemporizar con
ellos.125
Por último, señalar que el desarrollo de las funciones episcopales era algo muy
codiciado en el siglo IV, entre otros motivos, por las consabidas ventajas en materia
fiscal que el Imperio concedía a aquéllos que ostentasen cargos eclesiásticos. Ello
produjo tempranamente que muchos miembros de la aristocracia romana buscasen con
ahínco obtener la dignidad episcopal.126





NOTAS:

1 HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA Versión castellana de ABELARDO MARTINEZ DE
LAPERA, de la obra Geschichteder katholischen Kirche, publicada bajo la dirección de JOSEF
LENZENWEGER. EDITORIAL HERDER, 1989. Pag. 141
2 HISTORIA DE LA IGLESIA CATÓLICA Versión castellana de ABELARDO MARTINEZ DE
LAPERA, de la obra Geschichteder katholischen Kirche, publicada bajo la dirección de JOSEF
LENZENWEGER. EDITORIAL HERDER, 1989. Pag. 141
3 Religiosidad cósmica y simbología pagana en Prisciliano. Santiago Fernández Ardanaz
http://interclassica.um.es/index.php/interclassica/investigacion/hemeroteca/a/antigueedad_y_cristianismo/
numero_7_1990/religiosidad_cosmica_y_simbologia_pagana_en_prisciliano
4 PRISCILIANO. Andrés Acosta González
http://www.grupoencuentros.es/Miembros/AndresAcosta/PRISCILIANO.html
5 ACERCAMIENTO PROSOPOGRÁFICO AL PRISCILIANISMO DIEGO PIAY AUGUSTO
http://revistas.um.es/ayc/article/viewFile/50111/48011
6 http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/5912.htm
7 http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/5912.htm
8 El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico? Carmen Cardelle de Hartmann
http://www.google.es/#hl=es&gs_nf=1&pq=%22priscilianismo%22%2C%20%22pedro%20royo%22&cp
=36&gs_id=gx&xhr=t&q=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&pf=p&sclient=psyab&
oq=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&gs_l=&pbx=1&bav=on.2,or.r_gc.r_pw.r_qf.&fp=e0
fe3ad08b66f021&biw=1440&bih=703
9 El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico? Carmen Cardelle de Hartmann
http://www.google.es/#hl=es&gs_nf=1&pq=%22priscilianismo%22%2C%20%22pedro%20royo%22&cp
=36&gs_id=gx&xhr=t&q=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&pf=p&sclient=psyab&
oq=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&gs_l=&pbx=1&bav=on.2,or.r_gc.r_pw.r_qf.&fp=e0
fe3ad08b66f021&biw=1440&bih=703
10 http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/5912.htm
11 El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico? Carmen Cardelle de Hartmann
http://www.google.es/#hl=es&gs_nf=1&pq=%22priscilianismo%22%2C%20%22pedro%20royo%22&cp
=36&gs_id=gx&xhr=t&q=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&pf=p&sclient=psyab&
oq=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&gs_l=&pbx=1&bav=on.2,or.r_gc.r_pw.r_qf.&fp=e0
fe3ad08b66f021&biw=1440&bih=703
12 http://ec.aciprensa.com/wiki/Priscilianismo
13 Primer concilio de Toledo. Actas. http://www.filosofia.org/cod/c0397t01.htm
14 http://ec.aciprensa.com/wiki/Priscilianismo
15 http://www.mercaba.org/VocTEO/P/priscilianismo.htm
16 http://ec.aciprensa.com/wiki/Priscilianismo
17 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 97
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
18 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 97
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
19 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 98
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
20 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 106
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
21 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 106
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
22 ACERCAMIENTO PROSOPOGRÁFICO AL PRISCILIANISMO DIEGO PIAY AUGUSTO
http://revistas.um.es/ayc/article/viewFile/50111/48011
23 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 117
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
24 San Agustín. CONTRA LA MENTIRA Traductor: Ramiro Flórez, OSA Revisión: Domingo Natal,
OSA. https://www.box.com/s/5e8f62312f2831e5da52
25 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 122
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
26 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 118
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
27 ACERCAMIENTO PROSOPOGRÁFICO AL PRISCILIANISMO DIEGO PIAY AUGUSTO
http://revistas.um.es/ayc/article/viewFile/50111/48011
28 Prisciliano y el priscilianismo. Historiografía y realidad. Fco. Javier Fernández Conde.
http://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/0_419_1.pdf
29 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 125
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
30 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 125
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
31 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 126
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
32 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 117
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
33 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 127
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
34 http://ec.aciprensa.com/wiki/Priscilianismo
35 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
36 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
37 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
38 PRISCILIANO. Andrés Acosta González
http://www.grupoencuentros.es/Miembros/AndresAcosta/PRISCILIANO.html
39 http://ec.aciprensa.com/wiki/Priscilianismo
40 http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/5912.htm
41 ALTERIDAD RELIGIOSA Y MANIQUEISMO EN EL SIGLO IV D.C. María Victoria Escribano.
http://biblio3.url.edu.gt/Libros/18/Alteridad.pdf
42 http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/5912.htm
43 PRISCILIANO. Andrés Acosta González
http://www.grupoencuentros.es/Miembros/AndresAcosta/PRISCILIANO.html
44 ACERCAMIENTO PROSOPOGRÁFICO AL PRISCILIANISMO DIEGO PIAY AUGUSTO
http://revistas.um.es/ayc/article/viewFile/50111/48011
45 Prisciliano y el priscilianismo. Historiografía y realidad. Fco. Javier Fernández Conde.
http://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/0_419_1.pdf
46 ACERCAMIENTO PROSOPOGRÁFICO AL PRISCILIANISMO DIEGO PIAY AUGUSTO
http://revistas.um.es/ayc/article/viewFile/50111/48011
47 ALTERIDAD RELIGIOSA Y MANIQUEISMO EN EL SIGLO IV D.C. María Victoria Escribano.
http://biblio3.url.edu.gt/Libros/18/Alteridad.pdf
48 ALTERIDAD RELIGIOSA Y MANIQUEISMO EN EL SIGLO IV D.C. María Victoria Escribano.
http://biblio3.url.edu.gt/Libros/18/Alteridad.pdf
49 PRISCILIANO. Andrés Acosta González
http://www.grupoencuentros.es/Miembros/AndresAcosta/PRISCILIANO.html
50 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
51 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
52 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
53 http://ec.aciprensa.com/wiki/Priscilianismo
54 El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico? Carmen Cardelle de Hartmann
http://www.google.es/#hl=es&gs_nf=1&pq=%22priscilianismo%22%2C%20%22pedro%20royo%22&cp
=36&gs_id=gx&xhr=t&q=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&pf=p&sclient=psyab&
oq=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&gs_l=&pbx=1&bav=on.2,or.r_gc.r_pw.r_qf.&fp=e0
fe3ad08b66f021&biw=1440&bih=703
55 Prisciliano y el priscilianismo. Historiografía y realidad. Fco. Javier Fernández Conde.
http://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/0_419_1.pdf
56 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
57 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
58 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
59 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
60 Victorino Pérez Prieto. Web Islam. Lunes 7 Mayo 2012
61 Victorino Pérez Prieto. Web Islam. Lunes 7 Mayo 2012
62 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
63 Alberto Moradillo Martín. Prisciliano y el priscilianismo.
http://es.scribd.com/doc/48376417/Prisciliano-y-El-Priscilianismo
64 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
65 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
66 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
67 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
68 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
69 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
70 Religiosidad cósmica y simbología pagana en Prisciliano. Santiago Fernández Ardanaz
http://interclassica.um.es/index.php/interclassica/investigacion/hemeroteca/a/antigueedad_y_cristianismo/
numero_7_1990/religiosidad_cosmica_y_simbologia_pagana_en_prisciliano
71 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
72 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
73 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
74 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
75 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
76 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
77 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
78 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
79 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
80 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
81 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
82 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
83 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
84 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
85 Prisciliano y el priscilianismo. Historiografía y realidad. Fco. Javier Fernández Conde.
http://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/0_419_1.pdf
86 San Agustín. LAS HEREJÍAS, DEDICADO A QUODVULTDEO.
http://www.augustinus.it/spagnolo/eresie/index2.htm
87 San Agustin, Obras completas. CONSULTA O MEMORIA DE OROSIO A AGUSTÍN SOBRE EL
ERROR DE LOS PRISCILIANISTAS Y ORIGENISTAS.Traductor: P. José María Ozaeta
http://www.aldenai.com/sanagustin.obrascompletas.pdf
88 http://ec.aciprensa.com/wiki/Priscilianismo
89 http://www.mercaba.org/VocTEO/P/priscilianismo.htm
90 http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/5912.htm
91 Prisciliano y el priscilianismo. Historiografía y realidad. Fco. Javier Fernández Conde.
http://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/0_419_1.pdf
92 http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/5912.htm
93 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
94 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
95 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 107
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
96 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 107
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
97 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 107
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
98 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 108
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
99 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 108
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
100 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 108
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
101 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 108-109
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
102 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 109
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
103 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 109
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
104 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
105 San Agustin, Obras completas. CONSULTA O MEMORIA DE OROSIO A AGUSTÍN SOBRE EL
ERROR DE LOS PRISCILIANISTAS Y ORIGENISTAS.Traductor: P. José María Ozaeta
http://www.aldenai.com/sanagustin.obrascompletas.pdf
106 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 109
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
107 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 111
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
108 El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico? Carmen Cardelle de Hartmann
http://www.google.es/#hl=es&gs_nf=1&pq=%22priscilianismo%22%2C%20%22pedro%20royo%22&cp
110 Primer concilio de Toledo. Actas. http://www.filosofia.org/cod/c0397t01.htm
111 Primer concilio de Toledo. Actas. http://www.filosofia.org/cod/c0397t01.htm
112 Primer concilio de Toledo. Actas. http://www.filosofia.org/cod/c0397t01.htm
113 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 113
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
114 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 115
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
115 RELIGIOSIDAD CÓSMICA Y SIMBOLOGIA PAGANA EN PRISCILIANO. SANTIAGO
FERNÁNDEZ ARDANAZ http://revistas.um.es/ayc/article/view/61551/59311
116 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 116-117
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
117 El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico? Carmen Cardelle de Hartmann
http://www.google.es/#hl=es&gs_nf=1&pq=%22priscilianismo%22%2C%20%22pedro%20royo%22&cp
=36&gs_id=gx&xhr=t&q=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&pf=p&sclient=psyab&
oq=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&gs_l=&pbx=1&bav=on.2,or.r_gc.r_pw.r_qf.&fp=e0
fe3ad08b66f021&biw=1440&bih=703
118 Prisciliano y el priscilianismo. Historiografía y realidad. Fco. Javier Fernández Conde.
http://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/0_419_1.pdf
119 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 131
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
120 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 134
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
121 http://www.artehistoria.jcyl.es/histesp/contextos/5912.htm
122 El priscilianismo tras Prisciliano. Carmen Cardelle de Hartmann.
http://www.google.es/#hl=es&gs_nf=1&pq=%22priscilianismo%22%2C%20%22pedro%20royo%22&cp
=36&gs_id=gx&xhr=t&q=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&pf=p&sclient=psyab&
oq=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&gs_l=&pbx=1&bav=on.2,or.r_gc.r_pw.r_qf.&fp=e0
fe3ad08b66f021&biw=1440&bih=703
123 TRACTATUS PRIMUS” DE PRISCILIANO DE ÁVILA, INTITULADO “LIBER
APOLOGETICUS. TRADUCCIÓN Y COMENTARIO FILOLÓGICO. Manuel José Crespo
Losada.http://eprints.ucm.es/9709/1/T31054.pdf
124 Historia de los heterodoxos españoles. Marcelino Menéndez Pelayo Pag. 142
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhein1.htm
125 El Priscilianismo tras Prisciliano. ¿Un Movimiento Galaico? Carmen Cardelle de Hartmann
http://www.google.es/#hl=es&gs_nf=1&pq=%22priscilianismo%22%2C%20%22pedro%20royo%22&cp
=36&gs_id=gx&xhr=t&q=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&pf=p&sclient=psyab&
oq=%22el+priscilianismo+tras+prisciliano%22&gs_l=&pbx=1&bav=on.2,or.r_gc.r_pw.r_qf.&fp=e0
fe3ad08b66f021&biw=1440&bih=703
126 ACERCAMIENTO PROSOPOGRÁFICO AL PRISCILIANISMO DIEGO PIAY AUGUSTO
http://revistas.um.es/ayc/article/viewFile/50111/48011
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miércoles, 15 de julio de 2015

Don Quijote, el alma del caballero hispánico

Hace mucho tiempo que se viene hablando de Don Quijote, incluso antes de que D. Miguel de Cervantes tuviese la genial inspiración de transcribir a papel la  historia del mismo.

No es tema baladí tratar del Ingenioso Hidalgo, y el hacerlo me obliga a poner en un manifiesto segundo término al autor que más fama a tomado a su costa: D. Miguel de Cervantes.


Es necesario hablar de D. Miguel, pero sólo como introducción. Y es que Don Miguel y D. Alonso, tan sólo son conocidos; ni tan siquiera amigos.

Otro D. Miguel, D. Miguel de Unamuno, entendió el alma de Don Quijote y trató en múltiples ocasiones del caballero hispánico por excelencia. Le dedicó enjundiosos artículos, que lo llevaron desde el “muera Don Quijote” escrito en los peores momentos padecidos por España en vida de Don Miguel (el artículo fue escrito en Junio de 1898), hasta un amplio y documentado estudio que publicó bajo el título de “Vida de Don Quijote y Sancho”, coincidiendo con el tercer centenario de la publicación de la obra.

Si los grandes pensadores españoles han dedicado tiempo y esfuerzo a la comprensión de todas las facetas de nuestro generoso caballero, (ahí está Ortega y Gasset, Juan Valera, Revilla, Pereda, Menendez Pelayo, Ramiro de Maeztu…), por citar algunos, , Unamuno llega más allá; hasta el extremo de llegar a afirmar del otro D. Miguel, Don Miguel de Cervantes, que si fue capaz de escribir semejante obra fue debido a una “GENIAL INSPIRACIÓN INCONSCIENTE QUE JAMÁS VOLVIÓ A CONOCER Y, SI COMO PADRE ENGENDRÓ A DON QUIJOTE, ESTE TIENE MÁS DE SU MADRE, EL PUEBLO ESPAÑOL”


Unamuno afirma que Cervantes está incapacitado para conocer el alma del genial hidalgo; que la obra en sí supera ampliamente a quién la escribió, y que cuando comenta algo de D. Quijote lo hace para DECIR ALGUNA IMPERTINENCIA O PARA JUZGAR MALÉVOLAMENTE A SU HÉROE.

Y personalmente creo que esa afirmación es rigurosamente cierta.

Yo, como D. Miguel de Unamuno, me declaro abiertamente quijotista, y no cervantista. No por un intelectualismo del que carezco, sino por una declarada afinidad a las formas y a los pensamientos del genial hidalgo.

Desde muy joven (yo leí por primera vez la obra cervantina a los diez u once años), me ha atraído sobremanera la figura del caballero del honor.
Desde siempre me sedujo su filosofía de la vida; lo leía una y otra vez y siempre encontraba nuevos aspectos que me seducían; una admiración que, como digo, y aunque peque de injusta, no se circunscribía en Don Miguel de Cervantes, sino se centraba en el personaje que lo inmortalizó: Don Quijote de la Mancha.
Llegué incluso a tomar cierta manía a Cervantes, porque intuía en su relato cierta burla grotesca de un caballero que para mí ha sido ejemplo de vida.
D. Quijote, lejos de ser un personaje de novela, es un personaje histórico; repito; es un personaje histórico, al tiempo que vivo; un personaje que existía en tiempos de la Reconquista; en tiempos de la Conquista de América… en el siglo XX… y por supuesto hoy, si bien  enclaustrado por las artimañanas del barbero, del cura, de la sobrina, del aya y del bachiller Sansón Carrasco.

Pero Cervantes no escribió la genial obra filosófica, que no novela, por genial inspiración, como afirma Unamuno, sino por algo más.

El motivo de tal afirmación requiere un arduo estudio, que por el momento no está terminado, y que personalmente me extraña que pasase desapercibido ante una mente tan preclara como la de D. Miguel de Unamuno o de la de los otros quijotistas y cervantistas que han sido y son.

Yo afirmo que las distintas escenas señeras en la obra cervantina son interpretaciones negativas de las actuaciones reales, físicas, históricas… de un personaje también histórico: Hernán Cortés.
Lo que no acierto a descubrir es el motivo de semejante burla, totalmente gratuita, que Cervantes dice dirigir contra los libros de caballería (hoy sería contra las telenovelas), pero que realmente, siendo justificada desde todo punto, no se produce sino en muy contadas ocasiones, mientras que por el contrario saca a relucir en Don Quijote todas las virtudes, sin lugar a dudas cristianas, que lo adornan, y que me permiten identificarlo con el conquistador.

Me extraña profundamente que Unamuno pasase por alto un asunto que parece baladí y que resulta esencial.

Tesis que en principio parece peregrina, ya que ambas personalidades no coinciden en la Historia, puesto que Hernán Cortés murió en Castilleja de la Cuesta en 1547, el mismo año que nacía Miguel de Cervantes en Alcalá de Henares

Entonces, ¿Qué me induce a proferir tal afirmación?

La dedicatoria de la obra, al Duque de Béjar, marqués de Gibraleón, conde de Benalcázar y Bañeres, Vizconde de la Puebla de Alcocer, Señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos.

Inmediatamente pensé que Hernán Cortés estuvo enemistado con el Duque de Béjar. ¡Eran tantos sus enemigos!…

Pero, ¿quién el era el Duque de Béjar?


El protector de Cervantes, cierto. Pero ¿Tiene alguna influencia en el hecho de que Cervantes escribiese tan genial obra?

El Duque de Béjar, reconocido como amigo incondicional de Hernán Cortés, que llegó a defender al héroe en los momentos más difíciles de enfrentamiento con distintos y poderosos partidarios de Diego Velazquez, a la sazón gobernador de Cuba, no parece estar alejado del fondo de la cuestión.

También el que fuera gobernador de Cuba cuando Hernán Cortés marchó a la conquista de México, pasó de ser íntimo de Hernán Cortés a ser enemigo mortal del mismo.

También es cierto que en el puñado de soldados españoles que acometieron la Conquista de México, había al menos uno apellidado de Stúñiga, o Zúñiga, casualmente el apellido de la casa de Béjar.

Y también es cierto que además de la Malinche, con quién tuvo un hijo, tuvo otra querida con quién tuvo otro hijo, una esposa legal, Catalina Juarez, cuñada del citado Diego Velazquez,  y otra esposa legal a la muerte de ésta, con quién también tuvo descendencia: Juana de Zúñiga…

¡Estaba emparentado con el Duque de Béjar!, y el matrimonio estuvo tratado directamente por el mismo, tío carnal de Juana.

Sin embargo, la dedicatoria al Duque de Béjar; la humillación del autor ante su protector; la referencia al “cortesísimo Cortés” que hace en la segunda parte de la obra, y las hazañas descabelladas y geniales que llevó a efecto Hernán Cortés, así como la oscuridad de los últimos años de su vida, me hacen perseverar en la idea de que algo de venganza hay implícito en la obra que nos ocupa.
Es algo que habrá que investigar. Deudos del Duque de Béjar participaron en la conquista de México, y la gran pregunta sigue rondando por mi cabeza: ¿Acabó enemistándose Hernán Cortés con la Casa de Béjar?.  Y en tal caso ¿Por qué?.
La duda no me la han borrado los herederos de la Casa de Béjar, con quienes he intentado ponerme en contacto sin conseguir respuesta.


Por su parte, la casa de Bejar tenía el condado de Monterrey, dio nombre a esta ciudad en México, eran Grandes de España, detentaron la gobernación de los Paises Bajos y el virreinato de Cataluña (en la persona de Luis de Requesens)… A la familia pertenece el Conde-Duque de Olivares…Y emparentaron con la Casa de Alba.

Juan de Zúñiga y Avellaneda fue capitán de la guardia personal de Carlos I, y ayo de Felipe II… Y Hernán Cortés murió solo y arruinado, acogido al amparo, no de sus familiares Zúñiga, sino de sus amigos de Medina Sidonia.

Aquí acaba todo mi conocimiento cierto al respecto de la relación que existió entre el Duque de Béjar y Hernán Cortés.

Entonces, ¿qué me induce a perseverar en la existencia de enemistad entre Hernán Cortés y la Casa de Béjar?

Ninguna otra cosa que la estructura de la obra de Cervantes, tan semejante a la vida heroica de Hernán Cortés, y a la muerte del mismo, sólo, en la miseria, él que había conquistado el reino más rico del Imperio.
Sólo esa cuestión y el hecho de que, a poco de casarse con Juana, marchase nuevamente a la conquista de nuevas tierras.
Volviendo a D. Quijote. Don Quijote, personaje literario, tiene claramente definido su momento histórico: Fue escrito por D. Miguel de Cervantes y publicado en 1605.
Don Quijote, personaje histórico, tiene, para mí, claramente definido su momento: Siglo XVI; y un lugar: México.
Don Quijote, personaje filosófico, tiene también su momento histórico: ayer, hoy, siempre.
Don Quijote representa la sublimación de las virtudes morales, éticas, sociales, culturales, militares…  que el pueblo español había desarrollado secularmente, y más puntualmente tras la asonada árabe del 711, y hasta ese mismo momento.
¿Marca  la obra de Cervantes el final de una época histórica? ¿Es el principio de otra época donde comenzaban a tener vigencia unos principios distintos a los que posibilitaron la existencia de España como nación? Puede ser.
Caso de que así sea, la diferencia principal entre quijotistas y cervantistas estaría precisamente ahí. Los quijotistas, hispanistas al fin,  asumimos como propias las “locuras” de Don Quijote, mientras los cervantistas se burlan y ridiculizan esas mismas locuras.
Sea como fuere, la obra deja magistralmente plasmado todo un ideal de vida que unos quieren ridiculizar y otros queremos exaltar.


Por otra parte, el lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiere Cervantes acordarse, muy probablemente sea Madrid, donde Hernán Cortés pasó a residir al objeto de reclamar del emperador Carlos I justas recompensas a los inmensos servicios que a lo largo de su vida prestó a España y a la Humanidad.

El obispo de Burgos, Juan Rodriguez de Fonseca, Presidente del Consejo de Indias, era enemigo declarado de Hernán Cortés, quién tenía un ejército de enemigos entre la nobleza de la época. El obispo de Cuenca también se encontraba entre sus enemigos. El motivo procedía de la conquista de México.

Todo hace pensar que la actividad de la casa de Béjar deba desenvolverse amparando al héroe, pero lo que parece cuando menos extraño es que Cervantes, manifiesto lacayo de la casa de Béjar, ataque tan desmesuradamente la figura de Don Quijote, por otra parte tan similar, como digo, a Hernán Cortés.

Pero dejemos ya las suposiciones sobre las motivaciones que llevaron a Cervantes a escribir la obra que lo inmortalizaría. Dejemos de lado que la misma fuese escrita de manera burlesca para ridiculizar a un hombre excepcional. Dejemos de lado que esa burla fuese dirigida no sólo contra Hernán Cortés, sino contra todo lo que representa Hernán Cortés: Gloria, Justicia, Generosidad, Grandeza, Inteligencia, Despego por las cosas materiales, Diplomacia…

Vamos a interpretar la imagen de Don Quijote como lo que es en esencia: muestra de toda bondad y principio de todas las virtudes.

Las críticas que recibe Don Quijote, desde Cervantes hasta el último que trata su genialidad como locura no son sino muestras de la más profunda de las inculturas o de las animadversiones hacia lo que Don Quijote representa. Muestras de lo que Unamuno denomina “espíritus alcornoqueños”, “rebañiegos”, “modorros”, “hombres cuerdos” de “dura cerviz” que no suele tener “sino razón”, y que son incapaces de entender la “locura heroica” del “caballero de la fe”, que como Manuel Azaña se atreven a escribir artículos como “Cervantes y la invención del Quijote”, sin caer en la cuenta que en el mejor de los casos, es Don Quijote quién inventa a Cervantes.

Sí, cada vez que leo la obra encuentro nuevos motivos de admiración por el caballero del honor. Siempre me enseña algo nuevo
Mi aspiración final: montar a la grupa con él y lanzarme a deshacer entuertos; a deshacer todos los entuertos que hoy dominan el mundo.
Para ello es menester estar loco; totalmente loco, y esa es mi aspiración. Estar loco, no estar tonto.
Lo primero que debemos hacer es diferenciar “locura” de “tontería”.
Lo primero es decir que quién afirma que Don Quijote “hacía” locuras, está diciendo una soberana tontería, y sin embargo está apoyando mi tesis sobre Hernán Cortés.
Quién dice que Don Quijote “hacía” locuras se olvida que está hablando de una obra literaria; de una interpretación de hechos que yo considero reales, pero que son suministrados a través de lentes deformadoras de la realidad.
Por el contrario, yo proclamo que Don Quijote es eterno; que es el alma del caballero hispánico, presente en el siglo XVI, sí, y en el siglo IX, y en el siglo XII… y en el Siglo XXI….
Don Quijote es eterno, pero de una eternidad auténtica; de una eternidad cristiana; de una eternidad que no se consumirá definitivamente cuando definitivamente se consuma el mundo que conocemos; que no se difuminará en la nada cuando no sólo nuestra civilización desaparezca; ni tan siquiera cuando desaparezca nuestro mundo, nuestro sistema solar…
Es de una esencia eterna, cercana y sometida a la voluntad divina, y por tanto, en las antípodas de la concepción materialista de la vida hoy predominante.
Don Quijote no es en sí un fin; su filosofía no es, por tanto, un fin, sino un medio; creo que un extraordinario medio para explicar al hombre, y en concreto al hombre hispánico, el ser y la esencia de su propia existencia.
Su filosofía es entendida a la perfección en todo el mundo hispánico, no sólo en España, sino también, por ejemplo, en Venezuela o en Filipinas; en Guinea o en Texas, y de ello tengo personales muestras, además de las evidentes muestras que existen a lo largo de la Historia.

Y es que, como afirma Unamuno, “no puede contar tu vida ni puede explicarla ni comentarla, señor mío Don Quijote, sino quién esté tocado de tu misma locura de no morir”, porque “el ansia de gloria y renombre es el espíritu del quijotismo, su esencia y su razón de ser”.

Ese espíritu, esa voluntad de perdurar en el tiempo es lo que hizo un día que España fuese algo en el Mundo, y su falta es la que hace hoy que la Hispanidad en pleno esté sometida al imperio de fementidos follones, como calificaría Don Quijote.

Ya vamos a entrar en los principales aspectos de la obra literaria a la que no juzgo literariamente… pero sí lo hago filosóficamente, porque filosóficamente me identifico con el personaje, incluidos aquellos capítulos más estrafalarios.
Es justamente en esos capítulos donde incido de manera muy especial , porque no es sino mi propio pensamiento filosófico.
Pensamiento filosófico que si no tiene magisterio, porque el magisterio ya está proclamado a través de los siglos por filósofos que justamente tienen tal calificación, sí pretende tener su gracia al trasladar las hazañas de mi héroe, de manera literal, y sin respeto al tiempo ni al espacio, desde el siglo XVII hasta el siglo XXI.

Cuenta la historia de Don Quijote que al hidalgo se le secó el cerebro de tanto leer, y esa afirmación marca como una losa la totalidad de la historia. Pero una lectura pausada de la misma nos puede llevar a conclusiones bien distintas a las apuntadas por el autor.

¿Qué posibilita, sin embargo tal calificación?. Ninguna otra cosa que la carencia de valores sociales y humanos. Una sociedad vacía de contenido moral no puede ver en Don Quijote sino a un demente. Y es lógico, ya que se parte de principios antagónicos.

Quién desconoce el principio de plenitud no puede entender de medidas. Quién no sabe leer, cualquier escrito le parecerá una estupidez. Del mismo modo, quién se encuentra vacío espiritualmente no puede tener para Don Quijote sino supuestos sentimientos de piedad o de ira, sin caer en la cuenta que se encuentra incapacitado para esos mismos sentimientos que pretende manifestar, y de los que no puede ser origen, sino fin.

Don Quijote, cuando escucha que “se le secó el cerebro de tanto leer” siente una gran tristeza por el erial intelectual que le rodea, y es que es conocedor de que todo lo bueno, lo justo, lo armonioso, lo bello… es, para el común, cosa de locos, y Don  Quijote es el eterno buscador de esos principios; el eterno buscador de su máxima expresión… Dulcinea.

Y es que la locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos tiene a cada uno ahogado en el propio.

Cuando Don Quijote sale al mundo, como en su primera salida, va con una armadura que, contra lo generalmente opinado, no es de metal sino de espíritu, y va montado en un caballo que no es semobiente, sino cultural, intelectual, espiritual; caballo que a los ojos de la sociedad aparece como flaco y sin fuerzas, pero ciertamente bien nutrido con alimentos que cada día están más alejados del general alcance.

Cuando Don Quijote sale al mundo obtiene la misma respuesta que recibiera en el castillo que la incompetencia generalizada ha convertido en posada.

Ciertamente el castellano, el rector de Universidad o el director de periódico ya no son tales, sino que se han transmutado en mercachifles, vendedores de miseria, alquimios que han convertido la verdad en mentira; el honor en antigualla; la justicia en discusión…

Don Quijote, sin embargo, quedando como loco en lugares donde debería ser reconocido su ingenio, parte por los caminos a repartir justicia sin importarle ninguna anuencia.

Cree en la bondad de las personas, y como en el caso del niño apaleado, sin posibilidad de dejar quién controle que tales atropellos se sigan produciendo, confía en la efectividad de su recriminación, porque aunque el infractor “no tenga título de caballero yo le tengo por tal, porque la nobleza no se basa en los títulos, sino en la cualidad de la persona”.

Pero el caballero se encuentra rodeado de supersticiones y de vicios, hasta en lo más profundo de su intimidad. Le son ajenos, pero lo atan, le impiden desarrollar la función para la que está llamado.

Así, cuando recibe la paliza por parte de los mercaderes y es llevado a su casa cargado en un burro propiedad de un labriego vecino suyo, va relatando un discurso que al labriego le parecen delirios, lo cual, llenándolo de piedad, le hace recordar al caballero que no es sino Alonso Quijano.

Pero el caballero no duda en cortar el atrevimiento diciéndole “yo sé quién soy”.

Circunstancia que no es común al general de los mortales, disipados en mil y una ilusiones etéreas, falsas, y que a la postre, constituyen la realidad cotidiana de la que San Quijote de la Mancha se siente tan distante.

Circunstancias que le deparan una sobrina y un aya que desde lo más profundo de su inconsciencia pretenden atar en la rutina improductiva la mente de un alma libre y generosa como la del buen caballero.

¡Y creen que quemando los libros van a reconducir al redil al caballero del honor!.

La sociedad sin norte y sin ideales ve a Don Quijote acometiendo molinos. Ciegos de su soberbia; ciegos de su incultura, no se dan cuenta que los molinos acometidos por el genial caballero no son otros que los tiranos que esclavizan a la sociedad. Pobre sociedad, ¿qué será de ella si pueden domeñar el espíritu genial del caballero?

Y luego, cuando enfrascado en la lucha contra todos los vicios que tienen esclavizado a su pueblo, el genial caballero recibe un golpe, los beneficiarios de sus esfuerzos se ríen a mandíbula batiente del apaleado caballero. ¡Pobre sociedad!

Sólo las gentes sencillas, como los cabreros que acogieron al caballero tras el enfrentamiento con el vizcaíno, libres de la opresión de los dominantes, alejados de sus núcleos de poder, son capaces de comprender la grandeza de Don Quijote, y como el mismo Sancho, son capaces de seguirle en sus acometidas. Las gentes sencillas, que no las gentes menguadas.

Y las gentes sencillas de espíritu, que sin apearse de esa condición son capaces de alcanzar una formación intelectual, son las únicas que pueden dar pie a personajes como Santa Teresa, como San Juan de la Cruz, como San Ignacio, como el multinombrado Hernán Cortés. Todos, expresión auténtica de la idiosincrasia del caballero Don Quijote.

Gentes con gran corazón, pletóricas de generosidad y de santa ambición son imprescincibles para acometer hazañas similares a las acometidas por los personajes citados. Todos son Don Quijote… Y todos tienen su Dulcinea… y su Sancho… y por desgracia su barbero, su cura, su bachiller Sansón Carrasco y su Duque.

Gentes que no abandonan su lucha por encontrar contradicciones e incomprensiones para otros insalvables; gentes que no sucumben ante el ostracismo a que son condenadas por el sistema; gentes que ante las dificultades piensan que otros lo han  pasado peor que ellos y sin embargo han salido a flote.

En los momentos difíciles, Sancho se queja; Don Quijote no. Y es que Don Quijote sabe que esos momentos difíciles están ahí para ser superados y para salir con mejor disposición de espíritu de la inicial… Sabe que de no ser así jamás saldrá victorioso.

Don Quijote, visionario, es clarividente. Donde los demás, Sancho, la Humanidad, obnubilados por las luces de neón, la comodidad y la modorra sólo ven rebaños de ovejas, Don Quijote distingue con claridad un combate frenético entre dos poderosos ejércitos. Son el Bien y el Mal, ambos con mayúscula, y no duda en qué bando alistarse.

Las gentes, por el contrario, supuestos pastores de esos supuestos rebaños, acometen a pedradas contra el héroe, sin caer en la cuenta que con la derrota de aquel no llega su propia victoria, sino su propia derrota, su anulación como hombres libres.

Si los demás son incapaces de determinar el Bien y el Mal, lógicamente son incapaces de admirarse con la perfección de la sin par Dulcinea.

Dulcinea, rebautizada Gloria por D. Miguel de Unanumo, no es otra cosa que eso: la gloria, el honor, la Libertad, la Justicia, la perfección…. Dulcinea es, por debajo de Dios, la máxima expresión del bien. Es el ideal de perfección humana al que Don Quijote aspira. Y ciertamente, los espíritus ciegos ven en ella algo grotesco, zafio…, porque son incapaces de desentrañar  la esencia que sólo un espíritu generoso como el de Don Quijote es capaz de vislumbrar.

Por eso, cuando la incompetencia de Sancho alumbrada por un rayo de ruindad le hace presentar a unas zafias aldeanas como Dulcinea y sus damas, al objeto de engañar a su cándido señor, éste queda confundido. No identifica a su amor entre tanta ordinariez y fealdad. Tampoco en otras ocasiones de la historia se muestra capaz de reconocer la Justicia donde un simulacro de la misma pretende darse a conocer como aquella.

Don Quijote duda, porque no puede suponer que nadie intente engañarlo, a él, ejemplo de toda honradez y limpieza.

Pero Sancho, engañador reincidente, no lo hace con la maldad utilizada por duques, curas (mi discurso no pretende ser anticlerical, aviso. El nefasto es el cura del pueblo de Don Quijote…y los que sean como él. Para el resto del clero, mi máximo respeto y cariño). Duques, curas, barberos y bachilleres, sino como arma de buena gente para eludir responsabilidades que le son impuestas por sus señores naturales.

Sancho es bueno y sigue a su señor a las más descabelladas aventuras, y sufre y vibra con él, aunque sin entender lo que sucede. Sancho y Don Quijote son inseparables y su coexistencia es imprescindible.

Pero Sancho debe cuidarse de duques, curas, barberos y bachilleres… y no sabe… y cae en las trampas que le tienden… y provoca graves daños a Don Quijote…y a sí mismo.

Pero cuando se da cuenta de su error, corre a confesarse con su señor, y a sufrir con él la esclavitud provocada, al tiempo que a rogar que nuevamente se levante por sus fueros y azote debidamente a los delincuentes que permanente le atacan. Lo malo es que, en muchas ocasiones, el mal propinado es de tal envergadura que el espíritu esforzado de mi señor Don Quijote es incapaz de sobreponerse, y se ve obligado a permanecer atado, encarcelado, esclavizado junto a su fiel Sancho Panza.

Sancho Panza no se plantea su actuación; y cuando ocasiona algún mal no lo hace por maldad, sino por inocencia. Sancho mira el mundo con ojos de siervo y no con ojos de hombre libre; por eso se limita a contemplar la pura materialidad de las cosas, sin profundizar en las cuestiones que de verdad importan. Lo importante no es que Dulcinea sea labradora, pastora, abogado o reina. Lo importante es que Dulcinea es la expresión del amor humano. Es la expresión de las máximas aspiraciones de bien, de verdad, de Justicia y de Libertad.

Ella pelea en mí y vence en mí y yo vivo y respiro en ella y tengo vida y ser – dice D. Quijote-

Dulcinea es pura espiritualidad, y en esos términos, ¿qué más da bardas o ventanas?; ¿qué más da trigo que perlas?

Don Quijote lo tiene claro. Pero… ¿y Sancho? Si Don Quijote es el sol, Sancho es la luna… Tiene la virtud de reflejar la luz que le da el astro rey. Llega a intuir, pero es incapaz de entender. Su virtud, que cree; su vicio, que también cree a quién no es Don Quijote.

Sancho no entiende la belleza de la Gloria, la belleza de Dulcinea, y se queda en la materialidad de Aldonza Lorenzo, y cuando marcha con el mensaje para su señora, alterna sus recuerdos sarcásticos sobre la amada de su señor con la alegría de portar la cédula que le hacía dueño de tres pollinos. Roza la gloria y se contenta con los pollinos…

Y sin embargo, cree, y cuando cree, se eleva con su señor y acomete grandes hazañas, como demuestra siendo gobernador de la ínsula Barataria. Ahí demuestra que siguiendo a su señor, Sancho puede ser otro Quijote. Se supera a sí mismo y hace prevalecer el bien y la justicia.

Y es que lo que debemos conseguir, como dijo Jaime Balmes, es que el bien ahogue al mal; que la envidia, principio de toda maldad, desaparezca de allí donde podamos influir.

Sancho hace quedar en ridículo a su señor; Sancho llega a conchabarse con los enemigos de su señor… Y sin embargo Sancho cree, y por ello Sancho no es malo; Sancho es el pueblo, que requiere ser conducido; que merece ser conducido, y que tiene derecho a ser conducido por quienes, más formados que él no basen su autoridad solo en la formación humana, sino en la formación espiritual. Hay malas personas con mucha formación, y si las buenas personas con formación permiten que las malas personas dirijan a Sancho, lo único que conseguiremos es una sociedad pérfida, vacía de valores, que explotará a Sancho, al pueblo, haciéndole creer que el error y la perfidia son sus derechos, y presentando el bien como opresión.

Y mientras, el cura y el barbero, y el bachiller y el Duque, con el pretexto de ayudar al caballero y de salvar a Sancho, situados en una supuesta superioridad se mofan de los actos de generosidad infinita que, el caballero desde su iniciativa y el escudero desde su fe, acometen en beneficio de quienes les rodean.

Dice Unamuno que compadece con toda la fuerza de su corazón y tiene por miserables esclavos del sentido común a todos los que no sienten ardor de espíritu al revivir las hazañas del señor Don Quijote. Espíritus alcornoqueños irremisiblemente perdidos por su haraganería espiritual.

Don Quijote, su expresión más significativa del siglo XVI, Hernán Cortés, hundió los barcos, con lo que no dejó escapatoria posible a los acobardados Sanchos que le acompañaban, y los obligó a continuar una de las más grandes empresas de la Historia… si no la más grande de todos los tiempos. Y esos Sanchos, siguiendo a su jefe, siguiendo a su Don Quijote, sometieron, culturizaron, cristianizaron y liberaron el magnífico imperio de los aztecas; liberaron de la opresión a todos los pueblos, que se divertían comiéndose entre sí, y les mostraron que eran personas, criaturas de Dios, hermanos de aquellos extraños seres con barbas y cubiertos de metal que habían llegado desde Oriente, y que tras vencerlos, en vez de comérselos, como estaban acostumbrados hasta el momento, les decían que eran libres y les invitaban a ser sus amigos.

Esos Sanchos fueron  grandes, se hicieron ricos, murieron como héroes, y todo, como consecuencia de haber tenido la suerte de haber caído bajo las órdenes de un gran capitán, generoso, inteligente, sagaz, diplomático, elegante, cortés y comprensivo con las necesidades de quienes le rodeaban.

Era el mismo Don Quijote, y como tal, acabaría apaleado, engañado y olvidado en un rincón sin nombre. Y ese mismo hecho, irremediablemente se sucederá hasta nuestros días con las nuevas encarnaciones del Quijote.

Por esa grandeza y por esa generosidad quiero a Don Quijote.
Sí, el sentimiento que tengo por el caballero del honor es de amor; de amor por tantas virtudes que refleja en cada una de sus actuaciones; de amor por los pensamientos profundos, propios, auténticos y liberadores que proclama cuando habla con Sancho, con los cabreros… o con quién se le pone delante; sin respetos humanos; con una fe que mueve montañas y que arrastra a quién debe arrastrar; a Sancho, al pueblo español, aunque Sancho, el pueblo español, no acabe de entender exactamente lo que le dice el maestro.
Pero Sancho es la justificación de Don Quijote. Por él, por Sancho, acomete Don Quijote sus aventuras, y Sancho le sigue, porque Sancho debe seguirle aunque en muchas ocasiones no entienda el porqué.
Y Don Quijote precisa de Sancho como del aire para respirar… Pero es que, a su vez, Sancho necesita de Don Quijote, porque sin Don Quijote, Sancho no es nadie. Don Quijote necesita a Sancho para dirigirlo, para formarlo, para moldearlo, y Sancho necesita a Don Quijote para dejar de ser un trozo de barro informe, al albur de los vientos; al albur de alfareros que no lo modelan para el bien de Sancho, sino para aprovecharse de las cualidades de Sancho, para su único beneficio.
Sancho, con el tiempo, acabará siendo otro Don Quijote. Pero necesita formación; necesita fe, necesita obedecer las instrucciones de su señor, porque de otra forma estará perdido.
Esa fe y sumisión hace de Sancho un maestro; en la ínsula Barataria demuestra lo que ha aprendido de su maestro, y es bueno, muy bueno y muy justo.
Y Sancho, en el lecho de muerte de su señor, cuando éste es presentado por Cervantes recobrando la “cordura”, recrimina a Don Quijote, le exige que no se muera y le exige una cuarta salida. Sancho se ha convertido en Don Quijote.
No es cierto que haya muerto Don Quijote; Don Miguel de Unamuno se equivoca al ir en busca del sepulcro de Don Quijote, porque lo que ha muerto no ha sido el caballero, sino el hombre viejo, Alonso Quijano, dejando en plenas facultades la gloria y las promesas del caballero.
***
Soy consciente que cuando hablo de Don Quijote, lo hago de manera apasionada. Soy consciente que al hacerlo transmito a mis palabras principios estrictamente cristianos; casi casi diría que cuando hablo de Don Quijote estoy hablando de Nuestro Señor Jesucristo.
No creo que el hacerlo sea una herejía, y no lo creo porque si como he dicho, creo que la obra fue escrita para burlarse de Hernán Cortés, en la misma obra se transmiten principios, pensamientos, hechos, que superan ampliamente toda obra humana, incluida la inconmensurable obra de mi admiradísimo Hernán Cortés.
Don Quijote es, ante todo y sobre todo, filosofía. Y tan filosofía es, tales virtudes transmite, que me atrevo a aseverar que es una explicación de las virtudes cristianas.
Sí, Cervantes se burla de los hechos de Hernán Cortés, por las coincidencias que me tomo la licencia de encontrar, y al mismo tiempo defiende todo un cuerpo de doctrina inequívocamente cristiano, y por lo mismo, también entiendo que puede ser una perfecta explicación novelada de la doctrina cristiana.
Se burla de Hernán Cortés, y si profundizamos en otros aspectos de la Historia, se burla, por ejemplo, de los caballeros templarios y de la doctrina de San Bernardo de Claraval, y se burla de todos los quijotes, anteriores y posteriores.
Se burla… Pero para ello hace constante uso de las virtudes cristianas que a manos llenas derrocharon los citados.
Don Quijote no está muerto, no… Pero sí prisionero de sus enemigos, malandrines, traidores, sobrinas, bachilleres, barberos, curas sin fe… que ahora, muerto el primero, se niegan a reconocer las virtudes en quienes le han sustituido; se burlan de ellos, los callan, los ridiculizan.
Ellos, los malandrines, tienen todo el poder; ellos, los malandrines, son los molinos que ataca Don Quijote; ellos, los malandrines, son los rebaños…
Es necesario que Don Quijote se libere de las cadenas que lo oprimen, y salga nuevamente a cabalgar, y para ello es necesario que haya quién crea en él…
Es necesario que el mundo hispánico se encandile con la figura del héroe y se animen a montar a la grupa de Rocinante… O de Clavileño.

Y eso sucederá.

Porque la virtud es tan poderosa que por sí sola saldrá vencedora de todo trance

Para finalizar, la oración que escribiese Unamuno: “¡Oh Dios mío!. Tú que diste vida y espíritu a Don Quijote en la vida y en el espíritu de su pueblo. Tú que inspiraste a Cervantes esa epopeya profundamente cristiana. Tú, Dios de mis sueños ¿dónde acoges los espíritus de los que atravesamos este sueño de la vida tocados de la locura de vivir por los siglos de los siglos venideros?

He dicho


Los hidalgos españoles, que a centenares se alistaban en los tercios… representaban un imperialismo español, no un imperialismo universal. (HG KOENINGSBERGER. Universidad de Manchester)
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viernes, 10 de julio de 2015

MADRID: Presentación de "EL PRIMERO DE LOS INSURGENTES"


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