viernes, 16 de octubre de 2015

La conquista británica de España (XI)


En mayo de 1815 Simón Bolívar se refugió en Jamaica, tras la derrota de la Segunda República venezolana



“Jamaica, principal estación británica en el Caribe, era al mismo tiempo epicentro y refugio de las fuerzas “patriotas” en el norte de América del Sur, América Central y México” , y es ahí donde redactaría la famosa carta a la que hemos hecho referencia más arriba. En esa carta, además de un discurso lleno de las falsedades señaladas, Bolívar no dejaría de señalar el camino de la sumisión a potencias extrajeras cuando en la misma señala:
“Luego que seamos fuertes, bajo los auspicios de una nación liberal que nos preste su protección, se nos verá de acuerdo cultivar las virtudes y los talentos que conducen a la gloria; entonces seguiremos la marcha majestuosa hacia las grandes prosperidades a que está destinada la América meridional.”
¿A qué nación liberal se refería? Pero es que en su carta de Jamaica ya señala Bolívar la implantación de la voluntad británica, a la que servía; lo apunta cuando apuntala la idea británica de trocear América en naciones “independientes” que favoreciesen el control británico del continente:
“Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse; más no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América.”
Su dependencia de Gran Bretaña y Francia la deja patente en el discurso de Angostura de 15 de febrero de 1819 donde señala
“encontramos la Inglaterra y la Francia, llamando la atención de todas las naciones, y dándoles lecciones eloqüentes, de todas especies en materias de Gobierno. La Revolución de estos dos grandes Pueblos como un radiante metéoro ha inundado el mundo con tal profucion de luces políticas, que ya todos los seres que piensan, han aprendido quales son los derechos del hombre, y quales sus deberes.”
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Ese discurso, señala Pedro Grases, fue publicado también en inglés: “el 18 de marzo estaba en prensa la versión inglesa debida a James Hamilton. Lo atestigua Francisco Antonio Zea en la carta que dicho día dirige a Bolívar, desde Angostura, en la que le manifiesta: “El discurso de U. en inglés se está imprimiendo ya. Mr. Hamilton, aunque resentido con U. a causa de la repartición de mulas, ha puesto su nombre en la traducción y cree que producirá en Inglaterra un grande efecto. Por esto se le ha dado la preferencia para la impresión, antes que otro haga por las gacetas una mala traducción. Va a remitirlo al Duque su amigo.”

La prensa inglesa añadió este comentario: “La lectura cuidadosa de estas páginas, por una parte demuestra con cuan liberales e ilustrados principios continúa aplicando el Jefe Supremo, Bolívar, el poder que le ha sido confiado. También prueba, al mismo tiempo, que el gobierno independiente ha alcanzado tal grado de estabilidad, que no solamente promete el rápido triunfo a los amigos de la humanidad y de la justicia en el Nuevo Mundo, sino que garantiza la perspectiva de realizar las esperanzas, tan justamente previstas por los intereses comerciales de ese país, en cuanto a las principalisimas ventajas que han de derivarse de su independencia, al ser finalmente reconocida”.

Gran servicio el que le hacía la prensa inglesa, y eso, la capacidad de tener prensa al servicio del separatismo era una cuestión que los británicos se esmeraron en alimentar en el espíritu de sus agentes americanos, llegando a crear en ellos una honda preocupación por el asunto, que pronto vino a ser resuelta por ellos mismos, como no podía ser de otro modo.

Así, en 1817, Bolívar se hizo con una que llevaba un rótulo: “The Washington Press”, que sería manejada por el inglés Andrés Roderick, ayudado por el también inglés Thomas Taverner. En 1821 Roderick cedería el puesto al también inglés Thomas Brandshaw, y éste a Guillermo Burrell Stewart. Quién sembró esta inquietud no fue otro que James Hamilton, el mismo que tradujo y divulgó el discurso de Angostura; era Hamilton, según Grases, “comerciante inglés establecido en Angostura desde abril de 1818. El gobierno le concedió en arrendamiento extensas tierras en Cuasipati y en otros territorios de Misiones y le confió además algunos encargos en las Antillas para conseguir elementos de guerra y vestuario para los ejércitos patriotas…/… Partidario de la liberación americana, desempeñaba Hamilton una suerte de agencia oficiosa en relación con Inglaterra. La Traducción del Discurso de Bolívar fue hecha por su propia iniciativa. Los asuntos comerciales y de explotación agrícola y ganadera de Hamilton suscitaron frecuentes reclamaciones, de que se habla en diversas sesiones del Congreso de Angostura.”
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La familia: Base de la sociedad

        
                              
Origen de la familia
La familia es el núcleo social primero[1], al servicio del cual se han ido creando, a lo largo de los siglos, las distintas organizaciones sociales.
El hombre, en un primer momento de la existencia y de la historia, se encuentra en un medio que, si bien por una parte le suministra todo lo que precisa para subsistir, por otra le presenta una serie de inconvenientes que debe ir superando. Para la superación de esos inconvenientes, en algunos casos le basta a la persona su propio esfuerzo, pero conforme se van complicando, precisa inexorablemente de la cooperación de otras personas.

La propia naturaleza hace que estas situaciones no se encuentren disociadas, sino profundamente entrelazadas, de forma y manera que para el nacimiento de esa persona es imprescindible la unión previa de otras dos personas, y no dos personas cualquiera, sino justamente de un varón y de una mujer. A partir de esta situación empieza a constituirse todo el entramado social, que ya es perfecto en el seno de lo que se ha creado: la familia.

La familia, así, en el más puro estilo naturalista, podría subsistir sin la existencia de otro tipo de sociedad, y ese es un paso de suma importancia, porque supera las propias aspiraciones del individuo, que por sí solo es incapaz de conseguir el objetivo de perdurar.

No obstante, esa familia, sola, llegaría a situaciones no deseadas, y por lo mismo acaba conformando entes de mayor dimensión como la tribu; sociedades menores que van conformando un ente superior, la sociedad. Y no crean ninguno de esos instrumentos sociales para poder servir a esos instrumentos, sino para que esos sirvan a la familia como la familia sirve a la persona.

La familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, posee unos derechos propios que son inalienables y  constituye una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad[2].

La doctrina de la Iglesia Católica es reincidente en señalar este aspecto: he aquí, pues, la familia o sociedad doméstica, bien pequeña, es cierto, pero verdadera sociedad y más antigua que cualquiera otra, la cual es de absoluta necesidad que tenga unos derechos y unos deberes propios, totalmente independientes de la potestad civil[3].

Tan es así que la Declaración Universal de los Derechos Humanos hace referencia a la familia en varios artículos, y en concreto en su artículo 16.3 afirma: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.

Martirio Aguado Fernández

[1] Homilía del Sr. Cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, en el Palacio de Congresos de Barcelona, 27 de enero de 2008.
[2] Nicolás Sánchez García. Políticas familiasres insuficientes y equivocadas. p. 2
[3] León XIII. Rerum Novarum. punto 9
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domingo, 11 de octubre de 2015

El derecho en el Islam (I)


EL DERECHO EN EL ISLAM

En los últimos tiempos se nos viene insistiendo de manera reiterada que el Islam es una religión de paz, mientras desde otros ángulos se afirma lo contrario o se calla por temor. Pero, ¿temor?, ¿a qué?

Vamos a analizar los sentimientos manifestados en el Corán, sin prejuicios, ateniéndonos exclusivamente a la literalidad de los textos, y siguiendo el escrito de Mahoma, teniendo en cuenta que el Corán es inmutable; no admite interpretaciones: ”no es permisible interpretar el Corán excepto con la Sunnah que vino en una forma mutawaatir (palabra que se deriva de la palabra tawaatur, lo que significa la sucesión, uno después del otro), significando que no es permitido interpretar lo mutawaatir excepto con lo mutawaatir”, nos recuerda Muhammad Naasir-ud-Deen-Al-Albaanee.
Por otra parte, es sumamente difícil abstraerse del estudio del Corán a la hora de abordar cualquier aspecto de cualquier tipo de legalidad islámica, ya que todo se inspira, inexorablemente, en el texto “revelado”, que fue dictado por Mahoma a lo largo de 20 años, recogido de memoria y posteriormente escrito por sus primeros compañeros. El califa Otmán estableció un texto único con 114 suratas o capítulos, a los que hay que añadir las palabras, gestos o silencios del profeta.

La inamovilidad del Corán queda manifiesta por el hecho de, a pesar de que el mundo árabe fue conocedor de la cultura griega mucho antes que el mundo cristiano, que había perdido su referencia en el siglo V, con el retroceso que significó la caída en la Edad Media, no encontró en ella enseñanzas que pudiesen ser compatibles con el Corán. Sí es de agradecer al mundo árabe la salvaguarda de estos textos.

No obstante, no fueron los principios de Aristóteles o de Platón los que influyeron en el mundo árabe, sino más bien algunos textos apócrifos, como el “Tratado de las cinco sustancias”, una composición neo-platónica de Plotino y Proclo, cargada de elementos maniqueos.

Ideología, la maniquea, que cuadra bastante con el ideal islámico. Defiende un retorno al estado original, la separación del Bien y del Mal. Pues el mal es indestructible, la única forma de alcanzar el Reino de la Luz, es huir del de las Tinieblas. En la práctica, el maniqueísmo niega la responsabilidad humana por los males cometidos porque cree que no son producto de la libre voluntad sino del dominio del mal sobre nuestra vida. Hasta el extremo que quién es ejecutado en el Islam por asesinato, puede ir al Paraíso sin haberse arrepentido en vida.

Y en el caso de la libre voluntad, señalar sólo que reiteradamente hace referencia al sometimiento a Alá, cosa que no es censurable desde el espíritu cristiano, si bien es destacable la reiteración de éste sometimiento (es citado sesenta veces a lo largo del Corán), lo cual nos lleva a otra realidad: el sometimiento más absoluto, no a Dios, sino a la ley: “Te hemos revelado la Escritura como aclaración de todo, como dirección y misericordia, como buena nueva para los que se someten” (sura 16 aleya 89).

Las más leves diferencias son desterradas. Así, Ben Masarra (muerto el año 931), influido por la filosofa griega, en concreto de Empédocles, hablaba de la libertad de obrar así como de la impugnación del castigo en la otra vida y se apartaba manifiestamente de las enseñanzas coránicas. Fue perseguido como herético por los malekíes de Córdoba, forzándolo a retirarse a la sierra, donde propagó la filosofía neoplatónica.

Otro ejemplo a destacar, Averroes, profundamente Aristotélico, que fue desterrado en 1194 por el emir Yusuf II, debido a su teoría filosófica que afirmaba que la razón prima sobre la religión. Sus pensamientos fueron muy influyentes, no en el mundo árabe, sino en el mundo cristiano.

Si en el terreno de la filosofía podemos destacar lo referido, y si tenemos la filosofía como base de las diversas materias de relaciones humanas, vamos a introducirnos en el aspecto que queremos tratar en esta exposición: el derecho. Los autores musulmanes afirman que el derecho ocupa una centralidad absoluta que llega a ser la de un Grupo Religioso y no el Derecho de ningún pueblo ni de ningún país. El Derecho Musulmán no es un Derecho conforme podemos entenderlo nosotros, a pesar de las evidentes concomitancias con el derecho romano en uno de sus aspectos: el derecho privado.





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viernes, 9 de octubre de 2015

Antonio Pérez: El primero entre los traidores (1)

La tragedia de Antonio Pérez fue de una magnitud y de una popularidad que hasta dio lugar a importantes obras de teatro. No es la menor la relacionada con la que constituye la historia negra de España, formulada al alimón por todos los enemigos de España, principalmente Inglaterra, a los que se unen como corifeo todos los traidores a la Patria que han sido y son.

La figura de Antonio Pérez viene precedida por la de su padre, Gonzalo Pérez, secretario que fue de Carlos I, y sus abuelos también fueron altos cargos.“Solo digo, que su abuelo de Antonio Perez, Bartolomé Perez, hijo de padres y abuelos naturales de Montreal de Ariza .. no de los de Calatayud, que son muy diferentes, fue secretario de la inquisicion , y vivió y murió casado en aquel oficio”.[1]
“En la década de los 80 muchos eran los enemigos del rey católico: cristianos como Isabel de Inglaterra, Enrique IV de Francia, Guillermo de Orange y el prior de Crato[2], incluso el Papado; y musulmanes como el Turco o el sultán de Marruecos. Todos ellos con razones políticas y económicas suficientes para acoger favorablemente un largo historial –probado o no– de inicuas acciones. Cínicas acusaciones cuando la represión religiosa y sus consecuencias amargas fueron la tónica del siglo como se había podido ver en Francia enfrentando a católicos y a hugonotes; o en la misma Inglaterra durante los reinados de Enrique VIII, Eduardo VI, María Tudor o Isabel I; escándalos reales los ofreció ampliamente Enrique VIII, como el juicio a Ana Bolena; formas de gobernar autoritarias se pueden ver en la corte francesa durante el reinado de Enrique IV; y si se le acusa de lento en la toma de decisiones, también lo fue la inglesa Isabel que mantuvo dieciocho años en prisión a su sobrina María Estuardo, alargando el momento de su ejecución.”[3]

No obstante, esos mismos enemigos fueron suficientemente hábiles para tejer una historia negra contra España que ha hecho estragos en las mentes poco cultivadas. Esa historia negra a llegado a hacer aseverar que Antonio Pérez, “odiado del pueblo mientras duró su influencia con Felipe II, fue eminentemente popular desde que comenzó a sufrir.”[4] También afirman que“todo cuanto escribió en Francia, todo cuanto trabajó en Inglaterra llevaba por norte el único, el exclusivo fin de su defensa.”[5] Sin embargo, este mismo autor, a pesar de todo, no puede menos que realizar un excelente panegírico de Felipe II, lo que ayuda a situar a tan admirable monarca, en el sitio histórico que le corresponde, al tiempo que expone una infinita cadena de errores que adornaban el espíritu de Antonio Pérez.[6]

También esa historia negra hace aseverar a quienes incluso dentro de ella guardan cierto decoro y respeto a la historia, como es el caso de Mignet, que Vazquez, el nuevo secretario de Felipe II“habia dicho á Felipe que privado el reo de sus papeles no podría justificarse y no se le ocultaba, que tanto su conducta como su declaración serian achacadas á un rasgo de bellaquería.”[7]Siendo que la fuente de este aserto no es otra que las “Relaciones” del propio Pérez, que apoya el mismo en el supuesto que los papeles inculpatorios de Felipe II habrían desaparecido. La verdad, como veremos más adelante, es que Felipe II no ocultó su culpa, sino que con su declaración de culpabilidad exigió el conocimiento del por qué Antonio Pérez había abocado mediante manifiestos engaños a la comisión de ese crimen de estado, cometido sobre un personaje que injustamente era presentado como traidor.


[1] Pérez, Antonio. Las Relaciones http://dspace.uah.es/dspace/handle/10017/9330Pag. 32
[2]Pretendiente al trono de Portugal.
[3]Bustabad Arribas y Erika Puentes Quesada. Felipe II, una imagen controvertida. Historia Abierta nº 43
[5] Bermúdez de Castro, Salvador. Antonio Pérez, Secretario de Estado del rey Felipe II
[6]Bermúdez de Castro, Salvador. Antonio Pérez, Secretario de Estado del rey Felipe II. Pag 50-58
[7]Mignet, Francois. Antonio Pérez y Felipe II  Pag. 72-73

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lunes, 5 de octubre de 2015

La conquista británica de España (X)



La guerra de "Independencia" americana fue también una guerra de exterminio La guerra de “Independencia” americana fue también una guerra de exterminio

El odio que Bolívar destilaba contra España lo manifestaba en todos sus comunicados con expresiones insultantes, llamándoles bandidos

Por lo menos 7000 mercenarios ingleses fueron reclutados por José de San Martín

Así, en la arenga lanzada a los soldados que marchaban a Maracaibo el 6 de Octubre de 1813 decía:
“nuestras armas libertadoras han vengado a Venezuela, inmolando a los tiranos que tan pérfidamente la engañaron para sacrificarla a sus miras de ambición y avaricia. La sangre de estos monstruos apacigua el clamor de los manes de nuestras víctimas: ya ellas están satisfechas y el honor nacional vindicado. Mas nuevas glorias os esperan en los campos de Coro, Maracaibo y Guayana: partid, pues, a libertar a vuestros hermanos que gimen bajo el yugo español.”
Esa misma idea era defendida por Camilo Torres, quién como presidente del congreso de la Nueva Granada, emitió un comunicado el 20 de mayo de 1813 en el que afirmaba:

“Sacrificad a cuantos se opongan a la libertad que les ha proclamado Venezuela y que ha jurado defender con los demás pueblos que habitan el universo de Colón, que sólo pertenece a sí mismo y que ni por un momento debe consentir en depender de un pueblo ultramarino que ya no existe, por haber sido envuelto en otra nación…/… Levantaos contra vuestros opresores, abandonadlos a su perfidia, huid de la seducción y del engaño, que son los medios de que se valen para empeñaros en una guerra contra vosotros mismos.”

Ese odio por España tenía un compañero de viaje: el amor por Inglaterra. “Los ratos que Bolívar podía sustraer á sus urgentes ocupaciones los dedicaba diligentemente y con asidua aplicación al estudio de la constitución británica, y fué tanta su admiración por las instituciones inglesas, que formó la resolución, si alguna vez llegaba á obtener influencia suficiente en su patria, de trasplantar á ella esas instituciones, hasta donde lo permitiesen las diferencias de clima, costumbres é inveteradas preocupaciones.”

Envenenados por el odio, y abrazados a la masonería y a Inglaterra, los “libertadores” declaraban: “Independencia o guerra de exterminio. Es un delirio pensar jamás en reconciliación de la América con la España.” Siguendo esa consigna, y según Angel Rafael Lombardi Boscán, “el año 1813 dio comienzo a la guerra de exterminio que despobló al país.
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La mayoría de los cronistas de la guerra hablan de 200.000 muertos entre un total de un millón de habitantes que tenía el país en 1800.
Según Dauxión- Lavaysse, viajero francés que visitó al país en la víspera de la Independencia, en 1807 había 975.972 personas y cuando terminó la guerra, el censo elaborado en 1825 estableció el número de habitantes en 659.633, es decir, que 316.339 venezolanos desaparecieron entre muertos y exiliados en poco más de diez años de guerra.”
En el ínterin había llegado el momento del protagonismo de otro “libertador”, San Martín, que fue el encargado de perfeccionar el Acta de París de 1797. En cumplimiento de la misma obtuvo el reclutamiento de cerca de siete mil inglesesque, generosamente, sin ánimo de lucro, y como siempre ha sido proverbial en el espíritu británico (como aclaración para los incautos me permito señalar que se trata de ironía), aportaron, además más de cincuenta barcos y gran cantidad de armas y municiones.

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Sobre la herejía (1)


Nuestra cultura fue hecha por una religión. Los cambios o los desvíos de esa religión necesariamente afectarán a nuestra civilización como un todo.



Esa premisa, que resulta imprescindible para comprender nuestra propia cultura, no debe significar nada, a favor ni en contra, a la hora de ponerse a estudiar las herejías; sólo servirá como punto de referencia para ubicarnos. Así, si uno se pusiese a catalogar a las herejías siguiendo la larga Historia de la Cristiandad, su lista podría parecer casi infinita, porque se dividen y se subdividen; varían de lo local a lo general, y su vigencia se extienden, atendiéndolas individualmente, desde menos de una generación hasta siglos enteros.
Nosotros, por el momento, nos vamos a centrar en el análisis de la herejía que marcó tan especialmente la época visigoda: el arrianismo, con el que (a pesar de no haber contagiado ni a una parte mínima de la población española) el episcopado hispano–latino, defensor de la fe y de la civilización contra el elemento bárbaro tuvo que combatir de forma decidida.

Vamos a señalar también la tremenda actualidad que tiene este asunto, ya que actualmente vivimos bajo un régimen de herejía que se distingue de los períodos herejes más antiguos tan sólo en que el espíritu herético se ha vuelto generalizado y aparece bajo varias formas cuya finalidad es atacar al cristianismo.

A lo largo de la historia podemos encontrar cinco aspectos de la herejía que destacan con luz propia. Los cinco ataques, ordenados históricamente son: 1. el Arriano; 2. el Mahometano; 3. el Albigense; 4. el Protestante; y 5.uno que aún no tiene un nombre específico asociado pero al cual llamaremos “el Moderno” por una cuestión de conveniencia.

Empezando por el principio, el arrianismo fue una revuelta contra las dificultades inherentes a los misterios de la fe, si bien tuvo especial significado, prácticamente en un único aspecto: el ataque al misterio de la Santísima Trinidad.

Veía en Dios a un principio superior; negaba que Jesucristo, el manso hijo de Dios que se dejó prender y crucificar sin oponer resistencia, fuese el mismo Dios. Negación que, apoyada en unos razonamientos lógicos carentes de complicaciones intelectuales, consiguió atraer a grandes masas a sus postulados.

Razonamientos y simplicidades que otorgaban a Nuestro Señor toda clase de honores y majestades, pero que le negaban la naturaleza plena de la Divinidad, afirmando que era criatura de Dios, eso sí, creada antes que todas las cosas, y afirmando que a través de Él fue creado el mundo. En pocas palabras, a Jesús, curiosamente, se le otorgó el poder de todos los atributos divinos, pero se le negó la divinidad.

No es asunto menor esa negación… No es una cuestión semántica, y debe ser considerado el hecho que tratar el arrianismo como una mera discusión semántica sería como negar, por ejemplo, la diferencia existente entre un mundo cristiano y un mundo mahometano, siendo que Islam y Arrianismo son, entre sí, más cercanos que cualquiera de ellos con el cristianismo.

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jueves, 1 de octubre de 2015

Charla-coloquio sobre Don Quijote


Título: "Don Quijote de la Mancha: personaje histórico"
Lugar: Librería Babel.  Guitarrista Tárrega, 20 (Frente Conservatorio) Castellón de la Plana
Día: 20 de Octubre
Hora: 19:00
Organiza: Fórum Babel y Planeta Lento.


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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Nada en común (I)

Extractos del repaso a la segunda mitad del siglo XX titulado  NADA EN COMÚN

AÑO 1953
Durante este año acontecieron hechos importantes. El 5 marzo fallecía el genocida Stalin. Dejaba en funcionamiento 80 campos de concentración a lo largo de todo el territorio soviético, y una cifra de muertos que los más optimistas sitúan en torno a los cuatro millones y los más pesimistas por encima de los doscientos millones (incluyendo en esta cifra no sólo los genocidios cometidos en sus territorios, sino los desarrollados en todo el mundo comunista, incluida España bajo su dominación entre 1936 y 1939).
La Santa Sede y España firman el primer concordato desde 1851, cuando los gobiernos masónicos promovieron leyes tan injustas como la desamortización de Mendizábal, mediante la cual, a costa de la Iglesia, inflaron sus bolsillos “hermanos masones” a lo largo de toda la geografía nacional. No era el Concordato una concesión de derechos al régimen del 18 de Julio ni a Franco, sino el retomar de unas actuaciones que procedían de la Edad Media; actuaciones que Franco, en alguna ocasión, manifestó no entender, ya que ponía en sus manos la elección de los Obispos entre una terna que le era presentada; aspecto que le resultaba tan extraño como si él sometiese a la Santa Sede la elección de sus generales o sus gobernadores civiles... Pero era algo que no dependía de él, sino de los derechos históricos; derechos que descuidó y que, pasados los años, facilitarían la ascensión indebida de individuos como Tarancón, Setién o Cirarda, por centrar en los individuos que más daño han hecho a la Iglesia y a España en el siglo XX.

A partir de éste año, el sacerdote, en las ofrendas de la Misa, pedía por España y por el Jefe del Estado.

En enero de este año, Eisenhower accedía a la presidencia de los EE.UU; hecho que no pasaría desapercibido en España, ya que este mismo  año  entraría España en la UNESCO, y ello significaría el primer paso en la descomposición nacional. Durante este año, a cambio de las bases que hipotecaban la libertad de España, llegaban a los coletazos del plan Marshall. Cesáreo recuerda que años adelante, cuando él iba a la escuela, sus compañeros recibían, recuperado de un gran cajón de madera, una ración de leche en polvo que llevaban a su casa; donativo de los “amigos gringos”. Nunca acabó de dar gracias porque a él jamás le dieron una de aquellas raciones. Su padre era alcalde del pueblo.

Los gringos, como los franceses un siglo y medio antes, tomaban posiciones para controlar España. Zaragoza, Torrejón, Morón y Rota serían los mordiscos del invasor, a través de donde inocularían el virus de la democracia.

Empezaba en España el desarrollismo. Su principal muestra, la inauguración de la fábrica de Seat en Barcelona.
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lunes, 28 de septiembre de 2015

LA CUESTIÓN JUDÍA EN LA ESPAÑA VISIGODA - I

LA CUESTIÓN JUDÍA EN LA ESPAÑA VISIGODA

Entiendo indispensable para procurar el entendimiento de un momento y de unas actuaciones históricas que intentemos aclarar la situación del llamado problema judío en la España Visigoda. Puede parecer algo extraño, como extraño le pareció al autor de este artículo encontrarse con este asunto en el estudio de una sublevación, pero resulta de vital importancia para comprender la misma.


Se ha hablado mucho de la marginación que ha sufrido el pueblo judío, y en ocasiones se ha hablado de forma equívoca. Intentaremos ser prudentes y procuraremos ajustarnos al máximo a los hechos. También procuraremos averiguar si existe el pueblo judío.

La verdad es que, en España, y hasta momentos concretos de la historia, “Los judíos no estaban confinados en un barrio reservado. Es verdad que habían conservado la costumbre de agruparse alrededor de la sinagoga. Existían por lo tanto barrios judíos, pero aparecieron tardíamente hacia el fin del siglo X.” [1]

Como vemos, es un autor judío militante quién nos señala el camino para lograr comprender la situación de lo que conocemos como “gueto”. Se agrupaban alrededor de la sinagoga. Para entendernos en términos modernos, el “gueto” sería algo así como un barrio exclusivo de un sector social con un poder adquisitivo alto, que se agrupa, relativamente apartado de los demás, en base justamente a ese poder económico. Hoy podríamos pensar en las urbanizaciones que están ubicadas alrededor de las ciudades.

Si de ahí surgen algunas otras cuestiones es algo que también habrá que dilucidar. Al respecto, algunos historiadores destacan que “al hablarnos del problema judío en el reino visigodo, y ello de una manera más o menos clara y tajante, que los judíos constituían una minoría social inasimilada; que eran diferentes y “no encajaban en la organización social del momento”… que constituían una raza aparte… ¿pudieron actuar los celos económicos de toda la sociedad hispanovisigoda hacia una minoría escandalosamente rica?”[2]

Esta es una pregunta que escapa al ámbito de este artículo… y a la voluntad de su autor. No obstante, ahí queda la cuestión.

Y en lo relativo a otros aspectos; ¿cómo queda el hecho de la libertad humana de los judíos dentro del mundo visigodo? Decididamente, los judíos “Eran más libres que los siervos y que muchos burgueses. Además, y esto era lo importante, la situación jurídica de los judíos no los rebajaba. No eran tratados a modo de parias; no estando cargados de ningún menoscabo civil o profesional, no quedaban excluidos de la sociedad. A los ojos de sus contemporáneos aparecían como uno de los múltiples engranajes de la sociedad.” [3]

Vamos, poco más hay que decir… Sencillamente eran un engranaje más de la sociedad.


[1] Garzón Serfaty, Moisés. Apuntes parauna historia de la judeofobia. http://www.caiv.org/medios/historia_antisemitismo14073.pdf
[2]García Iglesias, Luis. Motivaciones de la política antijudía del reino visigodo en el siglo VII. dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2018675.pdf
[3]Garzón Serfaty, Moisés. Apuntes para una historia de la judeofobia.


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sábado, 26 de septiembre de 2015

Guerra de secesión de Portugal. I


GUERRA DE SECESIÓN DE PORTUGAL

La unidad nacional era una voluntad manifestada a lo largo de toda la Reconquista. Todos los reinos hispánicos tenían presente la idea de la reconstrucción del reino visigodo, y por tal laboraron, y en diversas ocasiones dejaron manifiesta esa voluntad.


Con los Reyes Católicos se expulsó definitivamente al invasor musulmán y quedaron reunidos Castilla y Aragón bajo un mismo rey. No tardó mucho en incorporarse Navarra a la unidad nacional. Quedaba Portugal, que al haber quedado distante del último reducto musulmán de Granada, había dedicado sus esfuerzos a la expansión ultramarina. Este hecho, de por sí positivo, acabaría siendo una rémora para la unificación nacional, todavía hoy pendiente.
Pero la voluntad siempre ha estado y está presente; así, en el siglo XVI, “desde la década de 1540 se iban instalando, paulatinamente, en el gobierno y en la administración portuguesa los partidarios de la Unión dinástica. Manuel I (1495-1521) ya había alimentado el sueño de una unión peninsular que el monarca lusitano perseguía por medio de sus matrimonios, con eminentes tintes políticos…/… varios grupos sociales en Portugal deseaban la unión ibérica. Si se concretaba, ésta permitiría a la nobleza lusitana superar la crisis económica que la había afectado tras el desastre de la batalla de Alcazarquivir… /… El alto clero estaba también muy abierto a la idea de una unión ibérica, pues muchos miembros de este grupo tenían la costumbre de ir a estudiar en universidades españolas y consideraban, por motivos ideológicos, que Felipe II, sería el rey católico por excelencia, que salvaría la cristiandad de los “herejes[1]

La ocasión se presentó de forma inesperada cuando a los 24 años de edad desapareció D. Sebastián, en empresa militar que había iniciado contra los turcos, si bien con la ayuda material de Felipe II, contra su consejo. Sucedió lo que tenía que suceder: una triste jornada en la que junto a D. Sebastián sucumbió la flor y nata del ejército portugués un malhadado 4 de Agosto de 1578.

La muerte de D. Sebastián planteó un problema sucesorio de importancia, porque moría sin descendencia. La corona la ceñiría su tío abuelo, que también falleció sin descendencia en 1580.

“La muerte de D. Sebastião, o más bien su desaparición, plantea durante el final de este periodo una oportunidad para que su tío, Felipe II, intente optar a la corona de Portugal y consolidar de esta forma la Unión Ibérica. El lento proceso de resolución de los derechos a la corona se resuelve con la presencia del Duque de Alba y del marqués de Santa Cruz en Lisboa en 1580.


En la foto, Don Sebastián de Portugal.
[1] da Silva Guevara,   Gisela. Pérdidas de independencia e ideología:el caso de Portugal (1580-1640)
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Enero perpetuo

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Mayo

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Junio

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Julio

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Agosto

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Septiembre

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Octubre

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Noviembre

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Diciembre

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